Accesit Premio Atlas

IMG_6172Es bonito pasear temprano una mañana tan calurosa como hoy por lo alto de la sierra de Madrid…

Y luego ver que tienes una llamada perdida con un mensaje que te pide devuelvas la llamada. Cuando lo haces te comunican que:

¡Has ganado un Accésit del Premio Atlas!

Tenía que compartirlo aquí. Mi capítulo “Primer amor: el nacimiento del vínculo y el cerebro parental” saldrá publicado en el libro que recoge los ganadores del Premio Atlas antes de fin de año.

Gracias a todos los que me animais a seguir escribiendo.

Construyendo personajes

Este mes de julio me he pasado a la ficción,y me he apuntado a un curso de creación literaria. Os presento a algunos de los personajes que estoy construyendo, agradeceré comentarios y sugerencias.

 

espaldaFue el que más firmemente se opuso. Cuando desde el juzgado les comunicaron que en lo sucesivo el intercambio de la pequeña Jimena R.L., de dieciocho meses de edad, entre sus padres se llevaría a cabo todos los lunes a las diez de la mañana en la comisaría el policía municipal Sergio Ramírez expresó sin rodeos su desacuerdo:

- ¡Es una barbaridad!, ¿cómo vamos a ocuparnos en comisaría de una niña de un año? No somos una guardería ni estamos para cambiar pañales. ¿A quién se le ha ocurrido semejante disparate? ¿Alguien ha pensado el miedo que le puede dar a una niña tan pequeña que su madre le deje en brazos de un desconocido (que lleva una pistola)? Deberíamos negarnos ¡No tiene sentido que desde la policía local tengamos que cubrir la privatización y desmantelamiento de los puntos de encuentro municipales!
De nada sirvieron sus quejas, o tal vez sí, tal vez fuera su insistencia en aludir a cómo se sentiría la niña lo que motivó que, encima, le encargaran a él la tarea.
– Al fin y al cabo tu eres diplomado en Trabajo Social_ le espetó el comisario jefe. El primer lunes que Jimena llegó a la comisaria en una desvencijada silleta empujada por su madre un cuarto de hora antes de la hora prevista, fue Sergio el encargado de atenderla, muy a su pesar.
Jimena venía impecable aquel día: su pelo oscuro recogido en dos pequeñas coletas a cada lado de la cabeza, con gomas del mismo color y pasadores con fresas, la cara recién lavada con olor fresco a toallita, las pestañas larguísimas señalando aquellos preciosos y -algo tristes, pensó Sergio- ojos negros, la boca más bien pequeña y aquellos dos hoyuelos a los lados vaticinando la belleza que desplegaría al sonreír. Camiseta blanca inmaculada, shorts rojos y zapatillas rojas también. “Está empezando a hablar, “contó la madre. “No dice casi nada pero lo entiende todo. Es muy importante que el padre le cambie el pañal cada dos horas porque ha estado muy irritada, y que le ponga la pomada que le he dejado en el bolso. Lleva también un cambio de ropa, pañales, galletas y su juguete favorito, ahora le ha dado por esta torre de cubos”. Jimena venía con una retahíla de instrucciones que la madre pronto interrumpió para echarse a llorar. “Disculpe, no lo puedo evitar, me cuesta horrores separarme de ella y me angustia pensar que su padre no la vaya a cuidar bien, con todo lo que me machacó a mí no me fío un pelo. Si al menos la lleva con su abuela…”
Sergio escuchaba atento sin poder dejar de contemplar a Jimena. Esta le había sostenido fijamente la mirada desde el inicio.
– Este señor tan grande que se llama Sergio te va a cuidar hasta que llegue papá_ le había explicado su madre. _Seeer-giooo, se llama Sergio.
A diferencia de otros niños Jimena no parecía estar nada asustada, ni mucho menos intimidada por su uniforme. Por el contrario le había clavado los ojos y luego había elevado la mirada para contemplar fijamente su calva y posteriormente su cara otra vez, como si no necesitara preguntar que eran esas marcas que recorrían su rostro para que Sergio sintiera nuevamente el disgusto que tantas veces le había motivado el recuerdo de su tremendo acné juvenil. Se había quedado en sus brazos tranquila y curiosa, haciendo que por vez primera Sergio sintiera que allí el interrogado era él.
A Sergio no le gustaban los niños. O no lo suficiente para ser padre, eso lo tenía claro. Mar inicialmente pensaba lo mismo, el problema fue que ella cambió de idea conforme pasaron los años conviviendo y finalmente le había dejado unos meses antes al constatar que Sergio no iba a cambiar de idea y que a ella se le estaban acabando los años más fértiles. No, no le gustaban los niños, pensaba Sergio. Era capaz de argumentar muchas razones para ello: el planeta ya estaba demasiado poblado de seres humanos y él no tenía ninguna gana de renunciar a sus paseos en bici, sus carreras populares y sus viajes con la cámara de fotos. Claro que la razón que nunca contaba era que los niños, todos, inevitablemente, le hacían recordar con demasiada nitidez el dolor de su infancia y la irreversible ausencia de su abuela querida. No, a él no le iban a pillar de ninguna de las maneras transitando nuevamente aquellas sensaciones desgraciadamente intensas. De algo le había servido estudiar Trabajo Social: había presenciado demasiadas veces como los intentos de reparar las heridas familiares terminaban aún peor que antes de que intervinieran los servicios sociales. Al menos en la policía municipal las cosas estaban bastante más claras: las normas, las jerarquías, las sanciones y los reglamentos que tanta tranquilidad transmitían a Sergio.
Aquella primera vez el padre de Jimena llegó enseguida, mientras la madre esperaba oculta en una sala anexa. Sergio apenas la tuvo en brazos unos brevísimos minutos y luego vio como el padre se la llevaba en la misma destartalada silleta hasta la calle, donde le esperaba una mujer rubia visiblemente más joven con camiseta de tirantes, chándal y plataformas. Les vio marchar y ya casi no pensó en la niña hasta que a las ocho de la tarde le tocó recogerla en la silleta: Jimena venía dormida. Camiseta llena de manchas, rodillas y sandalias cubiertas de polvo, y un escueto “ha estado bien” del padre: fue todo lo que Sergio pudo contar a la madre, que salió con ella pitando de la comisaria diciendo que mejor si no se despertaba allí y llegaba dormida a casa.
Poco a poco lo que inicialmente le había parecido un despropósito se convirtió en algo bastante más lógico. En la comisaria el padre de Jimena no llegó a maltratar a las profesionales que atendían a su hija, como había hecho previamente en la guardería y en el punto de encuentro municipal. Consiguió llegar a respetar la opinión de Sergio y en alguna ocasión incluso se sinceró con él hablándole de su propia familia. La madre a su vez se sentía más relajada al saber que era Sergio el que tenía que bregar con el padre de Jimena: estaba claro que allí no iba a montar ninguna escena delante de la niña ni amenazar a nadie. Mientras los adultos dejaban atrás niveles insoportables de tensión familiar y violencia Jimena pareció florecer: comenzó a decir frases de dos tres y hasta cuatro palabras y llegó el día en que se lanzó a los brazos de Sergio nada más entrar por la puerta.
Un lunes el padre no se presentó. Sergio y la madre esperaron durante casi una hora mientras Jimena correteaba por los despachos de la comisaria como si aquel lugar fuera un domicilio familiar. Por fin la secretaria trajo un fax del abogado del padre, en el que se informaba a la madre de que el padre de Jimena había sido detenido durante el fin de semana por tráfico de drogas y se encontraba incomunicado en prisión. Sergio se despidió de ellas de manera inesperada, besando el pelo de Jimena y abrazando a la madre como si fuera una prima de su propia familia.
Tardó semanas en darse cuenta de cuanto extrañaba a Jimena. Pensaba en el padre, en prisión indefinida por una ristra de delitos, y sentía rabia de pensar que ese tipo impresentable probablemente tendría asegurado toda su vida el cariño de su hija, esa niña tan preciosa.
Sólo entonces, al comprender la dimensión de sus celos tomó la decisión de llamar a Mar por teléfono y preguntarle:
– ¿Nos vemos?

 

Anunciación, de Ana Alvarez-Errecalde

1-Anunciación-2013

Hay sentimientos y emociones que una piensa que es imposible retratar, no digamos ya fotografiar, especialmente por su complejidad. Me refiero por ejemplo a algo que he experimentado en numerosas ocasiones en mi consulta pero que me resulta difícil encontrar fuera de ahí e igualmente complicado describir. Casi siempre sucede cuando escucho a madres de hijos o hijas con graves discapacidades. Viene a ser un estremecimiento profundo de mi ser acompañado de un sentimiento mezcla de compasión y emoción. Y seguramente también gratitud: puede que sea el sentirme privilegiada al saberme testigo de un amor incondicional y excepcionalmente hondo, profundo, repleto de matices y recovecos sorprendentes, grande y misterioso como La Vida.
Y no, no estoy hablando de idealizar la entrega de esas madres que cuidan sin descanso apenas a hijos que apenas pueden hacer nada por sí mismos. No hay idealización posible sino al revés, más bien me lleva a un cuestionamiento de mi misma y de lo que yo entiendo por amar y cuidar. ¿Acaso me ofrezco yo para quedarme unas cuantas horas, no ya días, al cuidado de esos hijos? No, no lo hago y al preguntármelo pienso que no lo hacemos, casi nadie lo hace. Yo apenas les escucho un rato y si puedo les enseño mi humilde espejo, para que al menos reconozcan su dignidad, la grandeza de su entrega, la belleza que desprenden sus gestos o cuán hermosas son las palabras que eligen para hablar del otro, ese hijo o hija que a veces ni siquiera llega a hablar.
Es difícil. Esta sociedad casi niega la existencia a los que vienen con un algún tipo de malformación desde el útero, y si aún y todo llegan a nacer se les condena al ostracismo negándoles la inclusión… ¡Qué heroica termina siendo entonces la crianza! Qué difíciles también esos embarazos, cuando los médicos nos atrevemos a adivinar el tipo de vida que tendrá ese bebé y la presión llega a tal punto que muchas madres optan (casi siempre con enorme dolor) por interrumpir la gestación “para no condenarle a una vida de sufrimiento”. No me atrevo a juzgarlo pero a mí me duelen todas esas pérdidas. De alguna forma les echo de menos, y me pregunto cómo sería este mundo si no faltaran tantas personas con síndrome de Down, por ejemplo, o cualquier otra discapacidad o malformación, cuanta alegría y ternura se está eliminando antes siquiera de nacer, qué oportunidades nos perdemos todos de amar, cuidar y crecer…Y a la vez entiendo e incluso acompaño, visto el abandono posterior, el largo recorrido que comienza cuando el bebé no sigue el trayecto esperado…
No juzgo ni lo pretendo, porque conozco lo difícil que es criar a un hijo o hija diferente “neuroatípico”, más lento o que parece que no vaya a hacer otra cosa que “ser y estar”.
La primera vez que vi esta imagen me estremecí. Apenas unos instantes, aparté la mirada sabiendo que no era el momento ni la manera de contemplar algo tan potente que directamente conectaba con esa vibración profunda de mi ser. No podía seguir mirando pero sabía que tendría que volver a ella, no una, sino infinidad de veces. Algunos de los momentos más preciosos en mi trabajo de los últimos años están recogidos en esa imagen.
Bendita Anunciación. Ana Álvarez Errecalde: has captado con tu cámara lo invisible, lo que parece imposible fotografiar. Has retratado la piedad, la compasión, la dignidad en el amor, con nitidez. Y gracias, porque además has escogido las palabras más precisas para sintetizarlo en una única frase:

“El momento en que damos el Si a la nueva vida, comienza el ejercicio de “la piedad”, la incondicionalidad del amor”

Ana Alvarez-Errecalde

 

Jaca en Lozoya

CARTELDurante 7 años los Curso  de Maternidad gestados por Via Láctea se celebraron en Jaca, Huesca (2004-2011). En el 2012 el curso fue Jaca en Granada y en el 2013 Jaca en Ifre. Este año presentamos Jaca en Lozoya.

Los cursos son un momento de encuentro y convivencia para muchas mujeres que ayudan a madres. Nos juntamos en familia, los niños pequeños suelen estar en el aula, los mayores jugando o explorando alrededores, madres y padres en el aula o jugando. Más allá del programa siempre hay tiempo para disfrutar del entorno natural, para compartir las victorias y los sinsabores de las luchas por los derechos de las mujeres o de los más pequeños. Los contenidos teóricos del curso suelen girar en torno a los temas que nos inquietan, y este año el tema tenía que ser la Maternidad, el activismo y la transformación social. Intentaremos profundizar en la comprensión del momento que vivimos y hacia donde se dirige nuestro activismo en el parto y la lactancia, las dificultades para una educación libre y respetuosa en este mundo patriarcal y capitalista, la relación con nuestra sexualidad, el medio ambiente o la potencia de los círculos de mujeres como encuentros de sanación y transformacion.

Os dejo el  programa (preliminar, aún faltan por confirmar algunos pequeños detalles) junto con el enlace para formalizar la inscripción. El lugar, un albergue situado en el pueblito La Garganta de los Montes, a 6 km de Lozoya y 80km de Madrid, es maravilloso.

gar346Jueves 28 de Agosto
09:00        Presentación del curso. Ibone Olza, Marta Parra, Isabel Fernandez del Castillo
09:30        La revolucion jacalostral: de Jaca a Lozoya (2003-2014). Mª Jesús Blazquez, Teresa Batlle. Asociación Vía Lactea.
10:00        Activismo y maternidad en la crisis democrática de la sociedad española. Isabel Aler Gay, socióloga, profesora titular de la Universidad de Sevilla
11:30        MESA REDONDA: Maternidad y activismo desde los grupos de madres.Modera: Adela Recio, Estadística y Presidenta de El Parto es Nuestro
  •  Acciones judiciales en defensa del derecho de las mujeres a la salud: posibilidades  y dificultades. Francisca Fernandez Guillén. Abogada, El parto es Nuestro.
  • Los grupo de apoyo a la lactancia materna (GALM) como iniciativas de promoción de salud y transformación social. Pilar Sebastián Vicente. Enfermera y Pedagoga experta universitaria en Salud Materno Infantil y del Adolescente. Univ. de Murcia.
  • Vía Láctea, el inicio de los grupos de apoyo en EspañaCarmen Tejero, trabajadora social y cofundadora de Vía Láctea.
  • Entremamás, grupos de madres desde la iniciativa privada.  Claudia Pariente Comunicadora social con especialidad en salud pública y género.
Tarde
17:30-19   Taller de dinámicas de comunicación para coordinadoras de grupo en diferentes asociaciones.  Coordinan: Marta Parra (arquitecta) y Sara Jort (psicóloga).
19-20:30   Círculo de bienvenida.  Pilar de la Cueva, ginecóloga y facilitadora de Biodanza.

Viernes 29 de agosto
09:00         Los relatos de maternidad: blogs, foros y redes sociales. Ileana Medina. Periodista. Bloguera.
10:00         Paternidad y anti-pedagogía en una sociedad patriarcal. Paco Herrero, Siul Herrero. Colectivo “Con l@s niñ@s no se juega”.
11:30         MESA REDONDA: Transformando la atención al parto. Modera: Pilar de Armas, matrona. Fuerteventura.
  • Transformación social de la atención al parto: una vivencia desde la administración.  Isabel Espiga. Enfermera. Coordinadora de la EAPN. Ministerio de Sanidad.
  • Cambiando los lugares para parir.  Angela Müller y Marta Parra, arquitectas.
  • Grupos de apoyo al duelo perinatal en Vía LácteaMª Jesús Blazquez.Lola Ruiz Barrionuevo.
  • Uso y abuso de la oxitocina sintética en los partos. Toni Brito, obstetra.
  • El cambio del paradigma del nacimiento en Chile, país de cesáreas. Gonzalo Leiva. Matrón. Profesor Universidad de Santiago. Miembro de Nacimiento&Crianza
Tarde
17:30-19    Juegos populares.  Coordina: Isabel Fernandez del Castillo.
19-20:30    La voz del corazón, la piel y el alma.  Rosa Zaragoza.

Sabado 30 de agosto
la-casona-del-valle09:00         La medicalización del sufrimiento en la infancia. Ana González Uriarte. Psiquiatra infantil, terapeuta familiar. Vía Láctea, Huesca.
09:45         Educación escolar: qué paradigmas estamos transmitiendo a nuestros hijos Mª Jesús Blazquez. Madre, bióloga, catedrática de instituto, cofundadora de la Asociación Vía Láctea. Miembro del colectivo Otra Biología.
10:30         Educación biocéntrica.  Pilar de la Cueva, ginecóloga. Facilitadora de Biodanza.
12:00         MESA REDONDA: Infancia y educación en una sociedad adultocéntricaModera: por confirmar
  • El curriculum de la vida: aprendizaje autodidacta. Ana Alvarez-Errecalde. Artista.  Madre.
  • Escuelas alternativas: una experiencia en primera persona.  Pilar Sebastián Vicente. Participante del espacio educativo “La Oropéndola”Crianza y pobreza.
  • El desamparo de la protección institucional. Paco Herrero, Cristina García Miralles. 
  • Naturaleza y tecnología: ¿para qué mundo estamos preparando a nuestros hijos?.  Isabel Fernandez del Castillo
Tarde
17:30-19    Taller de interculturalidad en el parto ¿qué modelo de atención al parto
                   estamos ayudando a construir? Modera: Marta Parra
Participan:

  • Silvia Llopart, fundadora de Fandema (organización que trabaja con mujeres en Gambia, para su empoderamiento y autosuficiencia).
  • Ana Polo.
  • Blanca Herrera. Matrona
  • Sébastien Macors y Nuria Barbera Rubini, comadronas en proyectos de cooperación en Nicaragua.

17:30-19: Foro de comunicaciones libres.

19:30         Biodanza.  Pilar de la Cueva

Domingo 31 de agosto
 09:00        ¿Somos libres para elegir? La desprogramación interior: ser capaces de abandonar paradigmas imperantes: un proceso interno. Jesusa Ricoy-Olariaga. Educadora Perinatal. Matriactivista. Londres, UK

10:00         Estrategias de comunicación para hacer lo que una ha decidido en (casi) cualquier situación (y torear la culpa, el chantaje, el pensamiento dominante). Blanca Herrera, matrona

12:00         MESA REDONDA: Recuperar la libertad interior.  Modera: Ibone Olza

  •  La fuerza del grupo, los círculos de mujeres y nuestra salud.Helena Eyimi Lopez. Enfermera, Estudiante de Matrona. Norwich, UK.
  • Nacer a una sexualidad consciente.                     Ascensión Gomez. Matrona. Centro Hebamme, Murcia.
  • Profesionales y libres (como ser ginecóloga respetuosa y no morir en el intento).Vanessa Carrero. Ginecóloga y obstetra. Equipo Cumaqua.
  • Climaterio: la escalera a la excelencia.Ana Polo Gutierrez, hija, super-viviente de violencia, enfermera internacionalista madre de familia numerosa, estudiante de especialidad salud de la mujer,materna y obstétrica.
13:30         CONFERENCIA DE CLAUSURA.  (titulo por confirmar) Ibone Olza
Inscripciones, precios, y más información: aquí

 

Haloperidol y meperidina intraparto

haloperidolEscribo esta entrada desde la preocupación, y la dirijo a todos y todas las que atienden partos en este país (o en otros). Por favor, si un día os enseñaron que era una buena idea administrar a una parturienta meperidina (dolantina) con haloperidol quitaros esa idea de la cabeza. No lo hagais más: es una barbaridad.

Cuando hace unos años me enteré de esa práctica no daba crédito. “Se usa para los pródromos de parto”, me decían las matronas. “La dolantina para el dolor y el haloperidol como antiemético”. Es decir, el haloperidol se da intraparto para quitar las nauseas que puede dar un opiáceo: la meperidina (dolantina). Como digo, no me lo podía creer, ¡dar haloperidol en pleno trabajo de parto! ¡cuando el cerebro del bebé está bajando por el canal de parto y se está preparando neurohormonalmente para el primer encuentro, es decir, para el período sensitivo! Qué barbaridad.

Una amiga enfermera muy querida hizo su tesina de fin de grado sobre el tema y no encontró ninguna evidencia que aprobara el mantener dicha práctica. De hecho el haloperidol no es muy buen antiemético, y los efectos secundarios superan con creces los riesgos en esta indicación. Incluso encontramos un caso publicado en el que se describía como una mujer nada más dar a luz tuvo una distonía aguda, (página 229, una mujer de 20 años a la que se consideró de riesgo por haber tenido escaso seguimiento obstétrico, le dieron este cocktail y tuvo una distonia con crisis oculogiras en pleno parto, todo un horror).

Yo pensaba que la práctica ya estaba erradicada…Ilusa de mi, el otro día unas amigas matronas me comentaron que se sigue utilizando y al buscar en internet he encontrado varios protocolos hospitalarios que siguen abogando por su uso. Como este del Hospital Universitario Central de Asturias, este del Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada (página 13) o este otro del Hospital Doce de Octubre de Madrid (página 65, disponible en la web de la IHAN).

Por desgracia a la mayoría de las parturientas  a las que se les ha administrado haloperidol estando de parto no se les ha informado (lo cual ya es una forma de violencia obstétrica), con lo cual es casi imposible estudiar si esto ha afectado de alguna manera a los bebés.

Las náuseas y vómitos son normales en el parto, dar meperidina y haloperidol juntos para los pródromos es una forma de “matar moscas a cañonazos” que en ningun caso ha demostrado ser inocua. Palabra de psiquiatra.

La sala de estar

studylivingr

Uno de los piropos más hermosos que me han dicho mi vida es el de que “aunque seas médica tienes corazón de enfermera”. Me encanta porque me identifico con las enfermeras y su filosofía de cuidados, porque las admiro,porque me enseñan, porque mis amigas íntimas son enfermeras, y porque cada vez que encuentro un estudio científico que me parece precioso…¡resulta que está hecho por enfermeras!

Un ejemplo es esta perla de investigación realizada por dos enfermeras de salud mental: Mona Shattell y Barbara Harris.  En los suburbios de Chicago este equipo decidió ofrecer una alternativa a las tradicionales salas de la urgencia psiquiátrica, conscientes de que “las salas de urgencias hospitalarias son un entorno demasiado caótico para las personas que sufren una grave crisis emocional. Allí con frecuencia  se sienten más solas aún, intimidadas, asustadas, solas e incómodas“.

Totalmente  de acuerdo. Después de haber pasado tantos años atendiendo urgencias psiquiátricas en hospitales generales se me encoge el estómago al recordar la frialdad y dureza de esos lugares, el trato que lamentablemente reciben muchos pacientes en el momento más doloroso de sus vidas, la decoración (o su ausencia) desoladora, los gritos, las camas con sujeciones, o el personal de seguridad con sus porras bien visibles siempre cerca para “contener” a los más agitados. Incluso en los hospitales más nuevos los boxes destinados a la urgencia psiquiátrica recuerdan más a celdas carcelarias que a lugares donde encontrar alivio o ayuda. Paradójico que sean tan deprimentes los lugares donde atendemos a muchas personas que vienen o son traídas porque ya sólo desean morirse.

livingroom2La alternativa que pensaron estas enfermeras fue una sala de estar. Un salón, como el de cualquier casa, donde los que te reciben son profesionales expertos en crisis de salud mental y los pacientes pueden pasar unas cuantas horas, siendo escuchados y tomándose el tiempo que necesiten antes de volver al exterior. Los tratamientos entre otros incluían: “la escucha empática, la búsqueda de estrategias de afrontamiento, y el hablar con voz tranquila y calmante“. Los pacientes según las autoras fueron capaces de salir de su crisis emocional de forma más saludable y barata. Lo que no quita para que algunos necesitaran ayuda médica igualmente, pero como dicen las autoras: “el sufrimiento emocional que surge en el cruce de la enfermedad mental y las situaciones vitales adversas puede ser atendido sin necesidad de intervenciones drásticas ni hospitalizaciones en la inmensa mayoría de los casos“. Los pacientes a su vez expresaron que les gustó sentirse“tratados como seres humanos y no como pacientes, y que en la sala de estar fueron ayudados en vez de juzgados”.

Las iniciativas para la humanización de la atención al parto están generando transformaciones preciosas en los paritorios, como estas que realizan desde el estudio de arquitectura de maternidades Parra Muller. Ojalá pronto veamos transformaciones similares en los espacios de atención psiquiátrica. Seguramente tendrán que ser lideradas por enfermeras y equipos multidisciplinares en salud mental, algo que en el momento actual parece estar en vías de extinción.

 

Simbiosis censurada

HipMama OriginalUn niño de cuatro años que lleva todo el día jugando disfrazado de hombre araña. Cae la tarde y ya cansado le pide a su madre que le coja en brazos y conforme lo hace se engancha al pecho (probablemente lo haya pedido al verle aparecer a ella semi desnuda). Está cansado, está feliz, tiene sueño, mama del lado izquierdo mientras acaricia el pezón derecho. Qué gusto, qué rica, qué sueño.

Mamá jugando se pone la máscara del disfraz del hijo y entonces sucede: mira a la cámara mientras con un brazo sostiene al hijo y con la otra mano acaricia su pie. La sombra es única y tal vez por eso la artista Ana Alvarez Errecalde ha decidido titular la imagen así: Simbiosis.

Seguramente no sucedió así, pero a mi me gusta la foto y me gusta imaginarme los momentos previos, el olor de ese atardecer, los pensamientos de ese niño antes de caer dormido o seguir jugando, la fuerza de ese brazo oculto en la imagen que sostiene al niño, la gota de leche que fluye con la caricia, la caída del pie que no vemos tal vez sobre una nalga.

Me gusta quedarme en el título mientras observo y compruebo que, efectivamente, todo ahí es simbiosis.

La madre artista difunde su obra. Lo que ella quiso decir tal vez tenga poco que ver con lo que yo percibo, pero eso creo que da igual, es arte y a mi me conmueve.  La obra cruza los mares y otra madre, esta vez editora de una revista independiente, Hip Mama, decide ponerla en portada.  Lo anuncian en su libro de la cara, también conocido como Facebook, y ahí la imagen es censurada. A alguien, probablemente a ¿varias?¿muchos? les resulta ofensiva. La imagen es censurada y la revista tal vez no llegue a los kioskos.
Hip Mama Red DotLa autora reflexiona y modifica la imagen. “Aquí no hay supermadres” añade. Qué bueno. Y reflexiona:

 “Para mí era una solución porque funciona como un punto de alarma sobre la situación de enfermedad de doble moral que sufre la sociedad (especialmente la norte americana que tiene un montón de prejuicios en torno a la lactancia). Preferí que la imagen estuviese “intervenida” (prefiero usar esta palabra a censurada) porque permite lugar al diálogo y a dar visibilidad a lo que me importa “

Me detengo en la imagen retocada. Ya no me parece que el niño sueñe, ahora siento en ellos todo el peso de esa mirada terrible, que censura los abrazos y las simbiosis. Esa mirada cargada de prejuicios que critica a las madres que no juzgan los deseos de sus hijos e hijas, que les colman de placeres. Me impacta. Ahora la madre enmascarada me  mira desafiante, y es todas las madres, las que se esconden y las que no lo hacen, las que abrazan a pesar de todo, las que sostienen, las criticadas y las juzgadas, las que aman.

Las palabras de Ana Alvarez Errecalde me parecen magistrales, verdaderas:

“La violencia hacia las mujeres se inicia con la represión de su sexualidad, la apropiación de sus partos, la interferencia en todos los ciclos vitales y la creación de roles manipulados. Una madre negada negará a sus hijos su cuerpo y su presencia, de modo que todos terminan conformándose a una sociedad desatendida, no amada, desnutrida”.

 

Antidepresivos y lactancia materna

Photo by Sandy Connon of Wellington, New Zealand

Photo by Sandy Connon of Wellington, New Zealand

“Los antidepresivos salvan lactancias“. Este podría ser el titular o la síntesis de un nuevo estudio que viene a confirmar lo que como psiquiatra especializada en lactancia he venido comprobando en estos últimos años.

Cuando una madre ha tenido o tiene depresión durante el embarazo o posparto que precisa tratamiento antidepresivo es mucho más probable que pueda amamantar si sigue tomando la medicación. Por el contrario, dejar la medicación es un factor de riesgo importante para tener problemas con la lactancia y terminarla mucho antes de lo previsto. En este estudio danés y australiano en 368 mujeres que tomaban antidepresivos antes de quedarse embarazadas, las que dejaban los antidepresivos durante el embarazo o en el posparto tenían muchas menos posibilidades de conseguir amamantar. Por el contrario las pocas (menos de un tercio) que siguieron con la medicación amamantaron durante mucho más tiempo.

Lo importante es destacar que los beneficios de la lactancia superan con creces los riesgos (mínimos y para el bebé remotos) de tomar el antidepresivo. “Los profesionales deberían recomendar a las mujeres que toman antidepresivos que los sigan tomando durante la lactancia” concluyen los autores. Ojalá muchos psiquiatras y médicos vayan tomando nota. En mi consulta atiendo con demasiada frecuencia a madres a las que se les ha recomendado destetar a sus bebés para tomar antidepresivos, o se les ha metido un miedo enorme en el cuerpo hablándoles de los posibles efectos para el bebé de estar expuestos a la medicación por la leche, ¡es simplemente falso! Todavía hay demasiados médicos que se niegan a actualizar sus conocimientos o a consultar herramientas tan buenas como e-lactancia, que lástima.

Para Adelir, para todas

adelirQuerida Adelir:

Lo siento, lo siento mucho. Cuando supe que diez policías entraron en tu casa estando tu de parto y te llevaron contra tu voluntad al hospital para hacerte una cesárea sin tu consentimiento sentí un dolor enorme. Cuando me enteré de que tu “delito” era haber tenido la osadía de intentar un parto vaginal después de dos cesáreas tuve que acariciar la cicatriz de mi vientre. Cuando leí que la médico del hospital había obtenido autorización del juez para hacerte la cesárea sacando la siniestra “carta del bebé muerto” (dead baby card) me hirvió la sangre. Cuando vi tu cara en las noticias y te escuché decir que te sentías frustrada por la cesárea tuve ganas de darte un abrazo enorme, y decirte que no estás sola.

Tu historia me resulta demasiado familiar. Yo también intenté un parto vaginal después de dos cesáreas. Yo también dilaté en casa, con una matrona, y pensé que llegando al hospital con el parto avanzado sería más probable ser respetada en mi deseo de parir si todo iba bien. Como tu, yo también sufrí un maltrato brutal en el hospital. Fui cesáreada en contra de mi voluntad menos de media hora después de llegar en dilatación completa. Antes me gritaron, me amenazaron , me trataron de loca. Todavía recuerdo mis lágrimas mientras les suplicaba: “¿Cómo podéis tratarme así?¿como podéis tratar a nadie así?”. Todas aquellas personas mirándome mientras el ginecólogo metía sus dos manos en mi vagina y me pedía que me tranquilizara. Su voz al dictar sentencia: “cesárea“, mi ruego,”no por favor, no por favor“, la carta del bebé muerto “la vida del bebé corre peligro“, mi derrota, mi llanto, el terror, la anestesia general, mi silencio, la morfina al despertar, las doce horas sin ver a mi hija, la extrañeza…Los meses tan difíciles que vinieron después, cada vez que lo vivido se repetía en mi cabeza sin aviso previo cual macabra pesadilla. El estrés postraumático y la impotencia cada vez que alguien me decía “de que te quejas si tienes una bebé sana”.

Afortunadamente Adelir yo tampoco estuve sola. Encontré a otras mujeres, en ICAN, en Apoyocesareas, en El parto es nuestro, que me ayudaron a ir sanando mis heridas. Comprendí que no era la única, que eramos muchas, muchísimas, demasiadas. Entendí que la violencia obstétrica es un problema mundial y tristemente ancestral.

Por eso hoy iré a la Embajada de Brasil en Madrid a entregar mi carta de protesta. Por ti, por todas nosotras, por nuestras hijas. Por todas las mujeres que cada día en el mundo se ven sometidas a cesáreas innecesarias, a violencia obstétrica, que son amenazadas de formas sutiles e invisibles, forzadas de muchas formas, mutiladas.

Porque entre todas tenemos que detener esta barbaridad.

Un abrazo grande Adelir. Estamos contigo.