Vía Láctea

vialacteaComparto este reportaje que me ha emocionado  sobre Vía Láctea, las madres que tantísimo me ayudaron y sostuvieron en mis puerperios y crianzas. Comienza con una mamá llamando por teléfono a Araceli: esa fui yo hace diecisiete años, cuando necesitaba llamar a Via Láctea mientras sostenía a mi bebé de tres meses en brazos. Araceli era la madre que me atendía mientras freía patatas para la cena de sus hijos. Me escuchaba y  al colgar yo me sentía mucho mejor:  era todo un bálsamo.

Breve reportaje en el que también sale Teresa, que da los mejores abrazos del mundo. O Mari Carmen, que me llevó a casa en su furgoneta, tras mi primera visita a Via Láctea, estando yo aún embarazada por vez primera. Araceli que me llamó cuando mi segundo hijo seguía ingresado en la UCI y yo apenas acababa de llegar a casa, sin bebé y con grapas aún en el vientre, para preguntarme si había comido ya. Al escuchar mi extrañeza “¿comer?¿yo?” (ni lo había pensado, tenía que volver en dos horas al hospital a amamantar) se plantó en mi casa diez minutos más tarde con Mari Carmen en su furgoneta para traerme una comida que había cocinado pensando en mi.  Nunca olvidaré las lágrimas que derramé comiendo aquellas albóndigas: la gratitud que sentí al descubrir que había una red de madres que sabían todo lo que estábamos pasando y  que nos cuidaban de aquella forma tan amorosa y discreta a la vez.

Mujeres como Julia Minguez, maravillosa enfermera que tanto bien ha hecho de manera casi invisible a tantísimas madres. Eso es la Via Láctea, las que salen en este reportaje y muchísimas más que no se ven, pero atienden, escuchan, visitan, se organizan para cuidar gratuitamente, amorosamente, muy especialmente a las madres que más lo necesitan (necesitamos) en uno de los momentos más díficiles de nuestras vidas: el puerperio.

¡Gracias lácteas!

I Jornada CONTEA

programaconteaEstoy muy contenta: ya tenemos disponible el programa de la I Jornada CONTEA sobre la atención a menores con autismo en el Hospital de Puerta de Hierro Majadahonda.

La jornada se celebrará el 14 de junio y está dirigida a los profesionales de sanidad y educación que atienden a menores con Trastornos del Espectro Autista en el área Noroeste de Madrid. Servirá para compartir el trabajo que pasito a pasito estamos realizando en los últimos años, con los menores y con sus familias.

La inscripción es gratuita hasta completar aforo y todos los profesionales colaboran en la misma de manera desinteresada. Esperanzador poder seguir construyendo así en tiempos de crisis…Seguro que servirá para seguir mejorando la atención a los niños y niñas con T.E.A.

A bordo del naufragio

titanicQué difícil es seguir trabajando en la sanidad pública madrileña  en estos tiempos. Es como estar a bordo del naufragio: ves como todo se va hundiendo, lenta e irremediablemente. Afuera sólo se ve la punta del iceberg, pero los que estamos dentro sabemos que esto se va definitivamente a pique. A ratos, cuando intento seguir trabajando como mejor sé, me viene la imagen de los violinistas del Titanic, que siguieron tocando música hermosa mientras todo se hundía a su alrededor.

Otros días sólo piensas en como salvarte. Es entonces cuando caigo en la típica distorsión cognitiva del superviviente, que viene a decir “va, si al fin y al cabo el Titanic es un disparate de barco, me da igual que se hunda”. Si, eso siento a veces, que esta sanidad pública al fin y al cabo está tan lejos de lo que yo creo que tendría que ser la medicina que me siento tentada de pensar que bueno, no es tan grave que se hunda un sistema sanitario que a menudo me parece medicalizado hasta el infinito, con muchísimos fallos eincluso corrupción, paternalista, patriarcal y dañino. Pero no, no es cierto. Claro que tiene fallos, y graves, pero es infinitamente más grave que se hunda.

Hay días en los que vienes a trabajar como si esto fuera una gymkhana: “a ver que obstáculo nuevo nos han puesto hoy”. Un día te dicen que cierran el hospital de día de psiquiatría en verano “para ahorrar”, como si los graves enfermos mentales que ahí se atienden pudieran irse de vacaciones tan ricamente. Otro te encuentras con que un tercio o la mitad de las enfermeras o médicos de un servicio muy especializado (puede ser una UCI neonatal o un servicio de cardiología)  van a ser puestos de patitas en la calle o sustituidos por otros que no tienen ni idea de esa especialidad. A la desolación por los compañeros tan maltratados se suma la preocupación máxima: ¿cómo vamos a poder seguir trabajando así?

Otros días te quedas esperando a ver que nueva tontería se les ocurre hoy a los que dirigen el barco. Suelen ser disparates que dan risa, como cuando te dicen que en lo sucesivo los dibujos que los psiquiatras infantiles guardamos como pruebas diagnósticas se los tendrán que llevar las familias a su casa ya que “este es un hospital sin papeles”. Parece una broma inofensiva, pero da miedo pensar hasta que punto desconocen nuestro trabajo los que dictan las ordenes y normas. Pero a menudo son cosas muchísimo más graves, como el decreto 16/2012 que ha dejado a miles de personas sin asistencia y a nosotros sin derecho a curar.

costasTe quedas pensando en que estas a bordo del naufragio, y lo peor es que te viene la imagen del Costa Concordia: el capitán acercandose a la costa para fardar ante su chica, el barco hundiéndose, gente muriendo y él poniendose a salvo el primero…No pueden ser tan idiotas, te dices, hasta que comprendes que todo forma parte de un plan deliberado para hundir el barco y así luego podernos vender sus cutre botes salvavidas a los que se lo puedan permitir. ¿Hasta cuándo podremos resistir?

Las secuelas de la violencia obstétrica

La violencia obstétrica sólo cesará cuando los profesionales de la atención al parto puedan reflexionar y sanar sus propias heridas, es decir, el dolor que acarrean fruto de la (de)formación que recibieron. Matronas, ginecólogas, residentes,enfermeras…muchas dejaron de trabajar en el paritorio porque no soportaban trabajar de forma violenta, no se sentían capaces de hacer episiotomías a mansalva, kristellers, o observar como otros lo hacían. Las que siguen ahí, en paritorios donde el respeto hacia las mujeres no es absoluto continuan sufriendo, con insomnio, con irritabilidad, con conflictos graves en ocasiones. A menudo esa sensibilidad exquisita se vive como un fallo personal, como no ser capaz de hacer lo que otros si hacen, o de cobardía por no atreverse a dejar el puesto de trabajo o a plantarse ante los que dan ordenes absurdas y dañiñas. Tenemos que seguir creando espacios de encuentro y debate para profesionales de la atención al parto, donde puedan escucharse y reconocer su propio dolor para desde ahí poder cambiar la atención a madres y bebés.

Comparto aquí la versión en castellano de un artículo que he publicado en el último número de Midwifery Today.

Artículo original: PTSD and obstetric violence. Ibone Olza Fernández.  Publicado en Midwifery Today issue 105 Spring 2013.

El parto puede ser muy traumático para algunas mujeres. En la última década diversos estudios han encontrado una alta prevalencia de síntomas de estrés postraumático tras el parto. Así, en un estudio británico un tercio de las mujeres  describían su parto como traumático y referían haber temido por su vida o la de su bebé, o que este tuviera serias secuelas (Soet, Brack, & DiIorio, 2003).  En los estudios realizados en población general en Australia y Reino Unido se observa que entre el 1 y el 6% de las mujeres desarrollan un trastorno de estrés  postraumático (TEPT) completo tras el parto (Ayers & Pickering, 2001; Creedy, Shochet, & Horsfall, 2000). En Estados Unidos, una encuesta nacional encontró que el 18% de las mujeres presentaban síntomas altos de TEPT posparto (Beck, Gable, Sakala, & Declercq, 2011) . En general se estima que   aproximadamente el 35% de las madre presenta algún grado de TEPT (Allen, 1998; Creedy et al., 2000; Soet et al., 2003).

El parto traumático se ha definido como aquel en el que “hay un peligro real o amenaza vital para la madre o para su bebé” (Beck & Watson, 2008). Son muchos los profesionales sanitarios que desconocen o ignoran los signos del trauma psicológico y emocional (Beck, 2004b) . Como dice Beck “el trauma del parto reside en la mirada de quien lo percibe”, lo que implica que trauma es lo que a cada mujer le resulta traumático durante su experiencia de parto (Beck, 2004a). La experiencia de parto traumático se acompaña de miedo, indefensión y terror, y suele ir seguida de toda una serie de pensamientos que incluyen recuerdos vívidos del suceso, flashbacks, pesadillas e irritabilidad (Ayers, 2004; Olde, van der Hart, Kleber, & van Son, 2006). Puede afectar seriamente a las mujeres y a sus familias.

Los estudios cualitativos muestran que un tema central para estas mujeres traumatizadas es el haber recibido unos cuidados inadecuados (Allen, 1998). Así un meta análisis sobre las percepciones y experiencias de las mujeres con partos traumáticos mostró como a menudo el trauma de las mujeres es el resultado de las acciones (u omisiones) de las matronas, médicos y enfermeras (Elmir, Schmied, Wilkes, & Jackson, 2010). En dicho estudio las mujeres describían como habían sentido que no tenían ningún control sobre su experiencia de parto. Les habían tratado de forma autoritaria en la toma de decisiones, sus opiniones habían sido ignoradas. Los profesionales no les habían respetado como personas, ni respetado su derecho al consentimiento informado (Thomson & Downe, 2008). Se sentían traicionadas, algunas señalaban incluso como habían aceptado intervenciones como la anestesia epidural o la extracción con ventosa sólo para poder finalizar el trauma que estaban viviendo (Goldbort, 2009). Muchas contaban que habían sido tratadas de forma deshumanizada, irrespetuosa y descuidada. Para describir el trato recibido por los profesionales utilizaban palabras como “bárbaro, invasivo, terrible y degradante (Thomson & Downe, 2008). Otras decían haber sido tratadas como “un cacho de carne” o “una baldosa de la pared” para explicar el trato deshumanizado recibido durante el parto, describiendo una falta total de consideración hacia ellas como seres humanos (Beck, 2004b). Lo estaban pasando tan mal que solo deseaban que la ordalía del parto terminara, incluso con fantasías de muerte como única forma de evadirse del intenso dolor y trauma (Thomson & Downe, 2008). Muchas seguían teniendo recuerdos muy vívidos años después del parto traumático. Probablemente el maltrato tenga un impacto mucho mayor cuando sucede intraparto, un momento en que el cerebro materno está bañado en neurohormonas específicas que lo preparan para el inicio del vínculo.

Resumiendo, los estudios indican que las mujeres con frecuencia salen traumatizadas de sus partos como consecuencia de las acciones y omisiones de matronas, enfermeras y mé dicos (Elmir et al., 2010).

Las activistas del parto han definido este maltrato a las parturientas por parte de los profesionales de la salud desde una perspectiva diferente, y han visibilizado las secuelas emocionales del mismo. Curiosamente solo lo han llamado abuso las personas que se presentan como activistas del parto, como Susan Hodges (Presidenta de Citizens for Midwifery) o la matrona y defensora del parto en casa Shelia Kitzinger. Conviene recordar que el activismo del parto a menudo es una más de las secuelas que deja un parto traumático (Sawyer & Ayers, 2009). Nombrar el abuso que sufren muchas mujeres en el parto es el primer paso para erradicar el problema, según Hodges. Según ella, drogar o cortar a una embarazada sin que haya una indicación médica es un acto de violencia, incluso cuando el que lo hace es un médico en un hospital. Prácticas inadecuadas, como dar oxitocina sintética hasta que se produce sufrimiento fetal (y entonces la cesárea es urgente) son también un abuso claro, aunque muy pocas mujeres sepan que esto es una forma de maltrato (Hodges, 2009). Kitzinger  destaca como algunas mujeres sienten el parto como una forma de violación, y como muchas mujeres que han sufrido un parto traumático presentas los mismos síntomas que las víctimas de violaciones (Kitzinger, 2006). El termino “violación en el parto” (birth rape) lo han utilizado mujeres que sienten que fueron violadas en sus partos y forzadas a consentir a algunos procedimientos sin que se les hubiera informado con detalle ni se les hubiera explicado los riesgos de las mismas.

volantinas_pagina_1Para los profesionales sanitarios suele ser muy difícil aceptar la palabra “violación” referida a un parto en un hospital. Sin embargo, es frecuente que los profesionales del parto estén igualmente traumatizados por esa forma de trabajo tan deshumanizada. Las enfermeras pueden sentirse impotentes e incapaces de intervenir para evitar el trauma. En un estudio reciente de Beck, el 26% de las enfermeras obstétricas cumplían todos los criterios diagnósticos para un screening positivo como TEPT por exposición a sus pacientes durante el trauma (Beck & Gable, 2012). Presenciar lo que las enfermeras del paritorio definían como partos abusivos (abusive deliveries) amplificaba su riesgo de sufrir trauma secundario. En ese estudio cualitativo, las enfermeras utilizaban frases como “el médico le violó”, “un parto perfecto se convirtió en  violento”, “fue innecesariamente rudo con su periné”, “me sentí  cómplice de un crimen” o incluso “me sentí como si estuviera presenciando una violación”. Estas enfermeras se sentían tremendamente culpables y decían que habían fallado a sus pacientes al no defenderlas ni cuestionar las cosas que estaban haciendo los obstetras.

El primer país que ha reconocido la violencia obstétrica como concepto legal ha sido Venezuela.  En la Ley Orgánica sobre el Derecho de las mujeres a una vida libre de violencia publicada el 19 de marzo de 2007 se define como violencia obstétrica:  “La apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud, que se expresa en un trato jerárquico deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres” (Perez D’Gregorio, 2010). En el artículo 51 de dicha ley se detalla que se considerarán actos constitutivos de violencia obstétrica: 1) No atender oportuna y eficazmente las emergencias obstétricas. 2) Obligar a la mujer a parir en posición supina y con las piernas levantadas, existiendo los medios necesarios para la realización del parto vertical. 3) Obstaculizar el apego precoz del niño o niña con su madre sin causa médica justificada, negándole la posibilidad de cargarlo o cargarla y amamantarlo o amamantarla inmediatamente al nacer. 4) Alterar el proceso natural del parto de bajo riesgo, mediante el uso de técnicas de aceleración, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer. 5) Practicar el parto por vía de cesárea, existiendo condiciones para el parto natural, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer (Perez D’Gregorio, 2010)”.

Para las usuarias es fácil comprender el concepto de violencia obstétrica. Nombrarlo puede facilitar que muchas mujeres revelen sus traumas de parto como primer paso para la recuperación emocional. Conseguir que los profesionales comprendan en profundidad la violencia obstétrica parece crucial ya que esta puede ser consecuencia de la medicalización extrema del parto, que también conlleva una negación de los  aspectos más espirituales del mismo (Callister, 2004). Las razones que llevan a los profesionales que atienden partos a ejercer la violencia obstétrica pueden ser variadas:

  • La falta de formación y de habilidades técnicas para afrontar los aspectos emocionales y sexuales del parto.
  • El propio trauma no resuelto. La medicalización del parto provoca complicaciones iatrogénicas severas (Belghiti et al., 2011; Johanson, Newburn, & Macfarlane, 2002). Si los profesionales no tienen un espacio de apoyo donde abordar este aspecto iatrogénico de los cuidados pueden entrar en una espiral de medicalización creciente como única estrategia defensiva. Entonces el parto se percibe como un suceso muy peligroso, “una bomba de relojería a punto de estallar”, sin que los que lo atienden lleguen a ser conscientes de como la cascada de intervenciones innecesarias desencadena la iatrogenia dando lugar a más intervencionismo, más riesgo y más dolor.
  • Los profesionales del parto que tienen un síndrome de burnout generan un trato aún más deshumanizado con lo cual las cifras de mujeres que sufren partos traumáticos pueden seguir aumentando indefinidamente.

Es preciso situar la violencia obstétrica en el centro del debate para poder comenzar a cerrar el círculo vicioso y poner fin a la violencia en el parto. La comprensión de la relación existente entre el TEPT en las mujeres, el maltrato y las causas que favorecen ese tipo de cuidado por parte de los profesionales es urgente. Además hay que visibilizar el alto y profundo sufrimiento emocional que llevan consigo muchos profesionales del parto y abordarlo terapéuticamente. Los modelos de atención al parto normal dirigidos por matronas favorecen la continuidad de los cuidados y la participación plena de las mujeres en su experiencia de parto. Es necesario un dialogo  continuo entre grupos de usuarias y profesionales para poner fin a la violencia obstétrica

Referencias

Allen, S. (1998). A qualitative analysis of the process, mediating variables and impact of traumatic childbirth
. Journal of Reproductive and Infant Psychology, 16(2-3), 107-131. doi: 10.1080/02646839808404563

Ayers, S. (2004). Delivery as a traumatic event: Prevalence, risk factors, and treatment for postnatal posttraumatic stress disorder. Clinical Obstetrics and Gynecology, 47(3), 552-567.

Ayers, S., & Pickering, A. D. (2001). Do women get posttraumatic stress disorder as a result of childbirth? A prospective study of incidence. Birth (Berkeley, Calif.), 28(2), 111-118.

Beck, C. T. (2004a). Birth trauma: In the eye of the beholder. Nursing Research, 53(1), 28-35.

Beck, C. T. (2004b). Post-traumatic stress disorder due to childbirth: The aftermath. Nursing Research, 53(4), 216-224.

Beck, C. T., & Gable, R. K. (2012). A mixed methods study of secondary traumatic stress in labor and delivery nurses. Journal of Obstetric, Gynecologic, and Neonatal Nursing : JOGNN / NAACOG, doi: 10.1111/j.1552-6909.2012.01386.x; 10.1111/j.1552-6909.2012.01386.x

Beck, C. T., Gable, R. K., Sakala, C., & Declercq, E. R. (2011). Posttraumatic stress disorder in new mothers: Results from a two-stage U.S. national survey. Birth (Berkeley, Calif.), 38(3), 216-227. doi: 10.1111/j.1523-536X.2011.00475.x; 10.1111/j.1523-536X.2011.00475.x

Beck, C. T., & Watson, S. (2008). Impact of birth trauma on breast-feeding: A tale of two pathways. Nursing Research, 57(4), 228-236. doi: 10.1097/01.NNR.0000313494.87282.90

Belghiti, J., Kayem, G., Dupont, C., Rudigoz, R. C., Bouvier-Colle, M. H., & Deneux-Tharaux, C. (2011). Oxytocin during labour and risk of severe postpartum haemorrhage: A population-based, cohort-nested case-control study. BMJ Open, 1(2), e000514. doi: 10.1136/bmjopen-2011-000514

Callister, L. C. (2004). Making meaning: Women’s birth narratives. Journal of Obstetric, Gynecologic, and Neonatal Nursing : JOGNN / NAACOG, 33(4), 508-518.

Creedy, D. K., Shochet, I. M., & Horsfall, J. (2000). Childbirth and the development of acute trauma symptoms: Incidence and contributing factors. Birth (Berkeley, Calif.), 27(2), 104-111.

Elmir, R., Schmied, V., Wilkes, L., & Jackson, D. (2010). Women’s perceptions and experiences of a traumatic birth: A meta-ethnography. Journal of Advanced Nursing, 66(10), 2142-2153. doi: 10.1111/j.1365-2648.2010.05391.x; 10.1111/j.1365-2648.2010.05391.x

Goldbort, J. G. (2009). Women’s lived experience of their unexpected birthing process. MCN.the American Journal of Maternal Child Nursing, 34(1), 57-62. doi: 10.1097/01.NMC.0000343867.95108.b3

Hodges, S. (2009). Abuse in hospital-based birth settings? The Journal of Perinatal Education, 18(4), 8-11. doi: 10.1624/105812409X474663

Johanson, R., Newburn, M., & Macfarlane, A. (2002). Has the medicalisation of childbirth gone too far? BMJ (Clinical Research Ed.), 324(7342), 892-895.

Kitzinger, S. (2006).
Birth as rape: There must be an end to ‘just in case’ obstetrics
. British Journal of Midwifery, 14(9), 544-545.

Olde, E., van der Hart, O., Kleber, R., & van Son, M. (2006). Posttraumatic stress following childbirth: A review. Clinical Psychology Review, 26(1), 1-16. doi: 10.1016/j.cpr.2005.07.002

Perez D’Gregorio, R. (2010). Obstetric violence: A new legal term introduced in venezuela. International Journal of Gynaecology and Obstetrics: The Official Organ of the International Federation of Gynaecology and Obstetrics, 111(3), 201-202. doi: 10.1016/j.ijgo.2010.09.002

Sawyer, A., & Ayers, S. (2009). Post-traumatic growth in women after childbirth. Psychology & Health, 24(4), 457-471. doi: 10.1080/08870440701864520

Soet, J. E., Brack, G. A., & DiIorio, C. (2003). Prevalence and predictors of women’s experience of psychological trauma during childbirth. Birth (Berkeley, Calif.), 30(1), 36-46.

Thomson, G., & Downe, S. (2008). Widening the trauma discourse: The link between childbirth and experiences of abuse. Journal of Psychosomatic Obstetrics and Gynaecology, 29(4), 268-273. doi: 10.1080/01674820802545453

Matanzas de inocentes

Francisco_de_Goya,_Saturno_devorando_a_su_hijo_(1819-1823)Tantos niños y niñas muriendo asesinados por sus padres o madres en las últimas semanas en este país…Se me encoge el corazón y me pregunto porqué esta crisis no es una urgencia, porqué no debatimos sobre que está pasando con la crianza en nuestro entorno, con las parejas que se rompen, con los destrozos de la terrorífica educación emocional vigente. Me niego a aceptar que estas muertes sean inevitables.

En las guardias que hago como psiquiatra, uno de los motivos más frecuente de consulta  en Urgencias son los intentos de suicidio. Muy a menudo la razón que ha desencadenado la tentativa autolítica es una ruptura sentimental: te deja tu pareja y te quieres morir. Un clásico. ¿Es inevitable sentirse así de mal? No lo creo en absoluto. Pienso que ese sentimiento tan doloroso casi siempre tiene que ver sobre todo con una lamentable educación recibida que hace pensar que el amor tiene que durar toda una vida y que fuera de la pareja no hay vida (como prueba la terrible pregunta de si has rehecho ya tu vida que todo el mundo te suele hacer tras una separación o divorcio). Una educación patriarcal muy perjudicial que te enseña que quien te ama deseara estar contigo siempre y que si un día deja de desearte sexualmente es porque algo has, habéis hecho mal. Casi nadie explica en las escuelas la fisiología del deseo ni nada parecido, claro, y así nos va. Hay infinitas maneras de amar y ser amado, pero eso apenas se enseña ni se nombra.

Lo peor es cuando en medio de ese doloroso corazón partido la rabia se desplaza hacia el o la ex-. Son las ganas de hacerle daño, mucho daño, darle donde más le duela. “Si yo sufro que ella o el sufra también, para siempre, de por vida“. “Como yo pienso que este dolor nunca se me va a pasar y como nadie me acompaña ni me ayuda a superar este dolor comienzo a pensar en cómo hacerle más daño a mi ex-“. Hasta llegar al mayor horror: asesinar a los propios hijos, tal vez suicidándose después. La maté porqué era mía, los maté porque eran míos.

¿Porqué no pensamos  más en cómo prevenir estas muertes? ¿Porqué no invertir muchísimo más en prevención? En educación emocional, sexual, sentimental. En  servicios de apoyo real a personas que atraviesan una ruptura sentimental y a menudo sólo encuentran refugio en el alcohol o las drogas. En mediación familiar. En explicar a madres y padres que sus hijos e hijas les necesitan a los dos por igual. En terapias.

No soy ninguna experta en la materia, no sé de prevenir violencia de género ni de los mecanismos tan complejos que a veces desencadenan la tragedia. Pero creo que hay cosas sencillas que tal vez todos podemos hacer, sobre todo si un o una familiar, amigo-a, compañero de trabajo o vecina, atraviesa una ruptura sentimental con hijos de por medio. Estar disponibles, ofrecer escucha, ayuda real. Sostener, escuchar, acompañar. Preguntar como se siente, hacerle ver que si nos dejan de amar o desear o si dejamos de amar o desear, no somos malos, el otro u otra tampoco lo es. Ir más allá. Proteger, cuidar. Ofrecer acompañamiento, ayuda real con los niños. Decir cosas como: puedo quedarme cuidando a tus hijos o hijas, o acompañarte si te encuentras fatal. O bien si te dan ganas de matarte o matar a alguién pide ayuda, vete a urgencias, busca quien te escuche, no estés solo-a…No lo hagas. Es normal sufrir porque nadie te enseñó a afrontar el desamor cuando llega, pero todo pasará, tu vida vale más que todo esto, y la de tus hijos o hijas o la de tu ex igualmente. Su vida no es tuya, por mucho que tu seas su padre o su madre. Escuchar entendiendo que cada ruptura sentimental tiene no dos, sino infinitas versiones. Ayudar a los padres o madres a buscar ayuda profesional especializada, efectiva y real.

Expertas, expertos: ¿qué más podemos hacer?

Fundación ANAR

La República de las niñas

principitoCuando veo a esa niña princesa en la portada de una revista siento tristeza. Para empezar no entiendo por qué si no se publican las fotos de otros niños o niñas “hijos de” por respeto a su intimidad esta niña ocupa todas las portadas, ¿acaso no tiene los mismos derechos que el resto de niñas?

Para seguir, si unos padres durante el embarazo me cuentan que ya tienen planeado a que se va a dedicar su primogénita y que toda su formación va a ir encaminada a que de mayor sea esto o lo otro me preocupo seriamente. Hoy al ver esta portada me he imaginado por un momento que fuera mi propia hija, cuando tenía seis años. Que alguien,  siglos atrás, hubiera decidido que por ser hija mía, sería psiquiatra. Que en una portada de difusión nacional se comentara como iba preparándose para ser psiquiatra infantil como su madre desde la guardería. Sólo de imaginármelo se me han puesto los pelos de punta, ¡qué carga tan pesada!

Mi trabajo consiste en ponerme en el lugar de los más pequeños, entender cómo se sienten, y desde ahí ayudarles a crecer sanos y felices. Esta niña princesa inspiró mi cuentito El rey que mataba elefantes. Hoy vuelvo a desear que pueda crecer en una república que respete a todas las niñas y niños, que se vea libre de semejante carga, que no salga en más portadas. Que sea lo que le dé la real gana. Qué sólo conozcamos principitos y princesas en los cuentos.

 

CONTEA: grupo de madres y padres

2abril132 de abril: Día Internacional de la Concienciación sobre Autismo.

Hoy toca hablar sobre Autismo. Hace pocos años empezamos en el hospital una consulta de Psiquiatría Infantil exclusiva para los más pequeños: 0-6 años. Empezaron a llegarnos niños (alguna niña también, pero la mayoría son varones) muy pequeños  a veces son síntomas de autismo o con un diagnóstico ya confirmado. Algunos con dos años recién cumplidos, otros con 5 o 6 años y otros problemas con la alimentación o el sueño pero sin que se les hubiera diagnosticado aún el trastorno del espectro autista. En la consulta trabajamos en colaboración con neuropediatras y otros especialistas. Como psiquiatras infantiles nos toca confirmar o incluso hacer el diagnóstico (que a veces resulta bastante complicado), asegurarnos de que la familia lo comprende y  acompañarles a veces en la aceptación del mismo y sobre todo asegurarnos de que el niño o niña recibe el tratamiento y escolarización adecuados para su discapacidad. Luego seguimos viendo al niño con cierta frecuencia. Intentamos conocerle muy bien, así es más sencillo poderle ayudar cuando hay cambios en su conducta o nuevos síntomas.

2abril132Como cada vez nos llegaban más niños empezamos a establecer un contacto más frecuente y regular con los recursos que atienden a autistas en nuestra área: los equipos de atención temprana y de orientación pedagógica. Además comenzamos a colaborar con la asociación CEPRI, pionera en la educación de niños con autismo y que tiene un colegio estupendo muy cerca de nuestro hospital. Fuimos a visitarles varias veces y comprendimos que aún nos quedaba muchísimo por hacer, sobre todo para conseguir mejorar la atención a los niños cuando vienen al hospital. Vimos cómo trabajan la desensibilización al medio hospitalario desde el colegio y empezamos un proyecto conjunto en el que seguimos trabajando para conseguir que el hospital sea un entorno amigable para las personas con autismo u otras discapacidades. De momento andamos terminando un material visual que esperamos poder colgar en la web del hospital, de forma que las familias puedan preparar la visita de sus hijos ya desde casa. (Para las personas con autismo es mucho más fácil comprender lo que va a suceder de forma visual, con imágenes o pictogramas que con el lenguaje verbal).

En noviembre del 2011 nos animamos a comenzar un grupo para madres y padres de niños con T.E.A (Trastornos del Espectro Autista) que llamamos grupo CONTEA. Planteamos un formato inicial semanal durante ese mes de tipo psicoeducativo para continuar posteriormente con un grupo de apoyo mensual. Este año estamos repitiendo la experiencia. Para mi está siendo un aprendizaje muy especial. Las madres y padres cuentan en el grupo cantidad de cosas y reflexiones sobre sus hijos que no suelen salir de la misma forma en las consultas de psiquiatría. Es decir, que siento que aprendo mucho en el grupo y que termino conociendo mucho mejor a los niños cuyas familias vienen a los grupos. Digo familias porque a veces vienen también las abuelas o incluso alguna amiga de las madres que ellas mismas invitan. El grupo es un espacio cálido y a veces muy emotivo. Para ellas es un espacio de apoyo mutuo que además  facilita mucho la comunicación con el hospital.

Yo siento que aún tengo mucho que aprender sobre autismo, pero me alegra mucho comprobar como con intervenciones muy tempranas el pronóstico mejora sustancialmente. Y sobre todo me alegra ver como son las familias, las madres y los padres las que están consiguiendo que las cosas cambien, que cada vez sepamos más sobre autismo y reclamen con mayor energía un tratamiento adecuado para cada niño o niña afectado.

Os dejo con este video que han hecho profesionales y familias: BRINDEMOS POR ELLOS

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