Codificando interacciones sociales con Ruth Feldman

La semana pasada participé como alumna en un curso de dos días con Ruth Feldman,  profesora en el Departamento de Psicología y en el Brain Research Center de la Universidad de Bar-Ilan y profesora adjunta del Child Study Center en la Universidad de Yale (USA). Esta investigadora israelí es una de las principales autoridades a nivel mundial en el tema de la interacción entre madres, padres e hijos. A lo largo de los últimos años se ha volcado en intentar comprender todo lo que sucede en esa interfaz, primero entre las madres recientes y sus bebés y luego a lo largo de toda la crianza. Es la que más ha desarrollado el concepto de sincronía en la interacción, la que más ha integrado psicología y neurobiología para comprender esa primera relación tan crítica y su efecto por ejemplo en el desarrollo de la empatía. Llevo años leyendo sus trabajos: desde los iniciales con prematuros en la UCI neonatal hasta los más recientes comparando la plasticidad del cerebro en madres y padres.

En el curso que impartió en Barcelonas nos formó a un pequeño grupo en su metodología CIB: Coding Interactive Behaviour. El CIB es un sistema de codificación global de la conducta social. Incluye múltiples escalas  organizadas en varios factores que se refieren a aspectos importantes de cualquier relación, tales como la sensibilidad, intrusismo, compromiso, reciprocidad. El CIB ha sido validado en múltiples estudios en diferentes culturas, y edades, que van desde bebés hasta adolescentes y entre parejas adultas. Puede ser utilizado en investigación y en clínica, especialmente en psicoterapia.

El CIB me parece una herramienta muy sencilla y bonita a la vez. Es curioso, porque viene a ser como si te dan un andamio para poder descifrar de forma ordenada todo eso que acontece en la relación social. Lo bonito, como siempre, es la historia que hay detrás. Ruth nos contó como ella inicialmente estudió composición musical y jazz en la Universidad de Yale. Luego fue madre muy joven (tiene ¡cinco hijos!). A medio camino de la crianza decidió estudiar psicología, y finalmente se doctoró estudiando la interacción entre bebés y madres. Es bonito como digo porque en realidad el CIB viene a ser la partitura, es decir, se puede ver como su formación musical le ha servido para analizar esa hermosa danza entre madres, padres e hijos.

Para mi fue un disfrute absoluto y todo un estímulo intelectual: Ruth es cercana y sabe escuchar, asi que la formación ha sido muy rica para todos, todo un lujo tener una profesora así.

Os recomiendo esta charla en la que Ruth Feldman explica la sincronía y la neurobiología del apego magistralmente.

 

La herida primal: gestación subrogada y apropiación de bebés

Publico esta carta que me envía una mujer víctima de un adopción irregular y que desea permanecer en el anonimato. Explica muy bien cuánto hay de similar entre la apropiación de bebés (o el también llamado “robo de orígenes”) y la gestación subrogada. En primera persona, desde el dolor y la lucidez de quien se atreve a nombrar sus heridas, con valentía. Gracias.

La maternidad subrogada tiene tanto paralelismo con la apropiación de bebés que estuvo ocurriendo en España (y muchos otros países, como Irlanda, Argentina o la misma USA), que es imposible ignorarlo. Y es que el proceso era el mismo a partir del momento de la concepción. Antes no, evidentemente, y esto los hace fundamentalmente diferentes, pero flaco favor se hace a los bebés producto de esta tecnología si nos negamos a admitir las similitudes, propiciando que se repita la misma situación de abuso e indefensión que las víctimas de aquellas apropiaciones denunciamos casi medio siglo más tarde.

Entre los paralelismos que podemos observar entre ambas situaciones tenemos los siguientes: una mujer embarazada, generalmente en situación de vulnerabilidad, que no quiere a ese bebé, o no se lo dejan querer; una organización dispuesta a mediar entre los deseosos padres adoptivos y la mujer; los argumentos que esgrimía esta organización para lavar la conciencia de los padres, que sabían que no estaban siguiendo el camino legal: “ella no lo quiere, le hacéis un favor”, “salváis la vida del bebé” (ahora dicen que “le estáis dando la vida a este bebé”), “así es más rápido para todos y menos engorroso, no pasa nada si utilizáis el pequeño truco de inscribir al bebé como vuestro”. La mujer embarazada es una mujer sin derechos, a merced de las circunstancias, que no tiene ninguna posibilidad de echarse atrás en sus decisiones, viviendo su embarazo bajo el control de los que han decidido ya que van a hacer con su hijo, porque ella no es nadie aquí, no pinta nada en la ecuación y a la que ni dejarán ver el bebé que ha parido.

Pero el que se lleva la peor parte es, sin duda, el “producto” del embarazo: un bebé a merced de todo este sistema, que si nacía imperfecto ya nadie quería y a ver qué coño se hacía con él. Y si nacía perfecto entonces sí, entonces era un hijo muy querido y muy deseado y muy amado y muy perfecto … y que no podía decir que era adoptado, en el mejor de los casos. En el peor ni se lo dirían a él. Y que nunca podría saber quién le engendró, donde están sus orígenes, por qué lo sacaron de ellos. Y que cuando tuviera hijos no sabría si hay alguna enfermedad horrible que puedan heredar, o si esa cara tan bonita de su niño, que no se parece ni a ella ni a su padre, sería como la del abuelo biológico… quién sabe a quién está viendo en su hijo.

Me decían, y me dicen, que las cosas eran así, que se hacían así. Es lo que les decían a ellos y lo que ellos quisieron creer. Que la adopción legal suponía un periodo en el que les podían quitar al bebé, y ellos no podían afrontar eso. Vela se lo presentó todo muy bien: clínica privada de renombre, impecable, análisis médicos para confirmar infertilidad, pruebas y más pruebas para considerarlos idóneos. Todo con mucha autoridad y muy serio. Dos grandes autoridades del momento: el médico y el cura, asegurando que todo estaba muy bien hecho. Que era lo mejor para la chica y para mí. Que era lo mejor para ellos. Que ellos sólo tenían que pagar los gastos de la chica, les dijeron, en su clínica privada. No estaban comprando ese bebé, por supuesto que no.

Y durante muchos años yo fui la niña perfecta. Fui la hija perfecta hasta que a los 30 años emigré fuera de mi país. Así, sin más, de repente el personaje se desvaneció y yo me rompí. Y es que tenía un agujero muy grande dentro, donde debería haber estado ella (y su historia) y de donde yo la había sacado, porque, total, “no te quería, para que te preocupa, nosotros te queremos tanto, eres nuestra vida…”.

Adoro a mis padres, y por eso he negado la realidad durante muchos años. Me lo han dado todo y con todo el amor. Abrir los ojos ha resultado aterrador y muy doloroso… pero estaba rota y solo podía salir adelante mirando la realidad a la cara y enfrentándola. Ha sido, y es, muy duro.

Por eso cuando veo los vientres de alquiler se me revuelve el cuerpo porque solo veo la versión moderna de lo que se montó en aquellos años. Sólo cambia la tecnología. Pero las mujeres ahí están, embarazadas. Incubando al hijo que no será de ellas. Entonces vivían hasta el parto en residencias de monjas. Ahora, quien sabe…. Más o menos igual, pero sin monjas. Y ahí están los bebés: gestados en un cuerpo que no conecta con ellos, porque no los desea, o en una madre rota por el dolor y el miedo, paridos acorde al calendario más conveniente para ser recogidos por los padres, separados del cuerpo que los ha gestado y entregados a unos brazos extraños. Para la mayoría nada de teta, nada de cuerpo materno.

Dicen que la herida primal no está demostrada, y probablemente tengan razón. Debe de ser muy difícil de demostrar. De hecho, puedes vivir toda la infancia sin manifestarla. De mí destacaban siempre lo feliz que era. Era tan guapa, tan feliz, tan…. perfecta. Pero hay algo que está roto y esto acaba sangrando antes o después. Mi herida fue sanada en parte por el enorme deseo de mi madre, que me dio, además, mucho cuerpo. Mucho más del que generalmente se les daba a los bebés de aquella época. Pero la forma en la que todo se hizo, las incertidumbres, los secretos, los remordimientos y las automentiras… La necesidad de excusar lo que sabes que está mal hecho. Eso me ha hecho mucho daño.

Sólo recientemente, tras meses de presión de mi psicóloga para que escriba algo sobre o a mi madre biológica, he empezado a llenar el agujero que ella dejó. Simplemente con el reconocimiento de su existencia. Yo todavía no he sido capaz de escribir nada, pero Patricia Margaría me mandó su “Palabras para encontrarte” y por primera vez pude enfrentarme a las palabras que también estaban dentro de mí, pero no podían salir. A través de sus palabras a su madre biológica yo empecé a recuperar las mías para la mía. He llorado mucho desde entonces, pero el agujero se va llenado y ella, aunque sin cara y sin identidad, ya “es”. Y eso ya es mucho.

Yo sí sé que la herida primal existe, aunque no sé si tiene demostración científica.

Y sí, la maternidad subrogada es violencia porque a todo lo que he vivido yo (y mucho más que se les hace a esos bebés) hay que añadir, además, que ni siquiera es una situación creada para solventar un problema que ya existía (el embarazo no deseado que ya estaba en marcha). A mí me ha costado mucho, y todavía me cuesta, poner las cartas sobre la mesa y decirles a mis padres lo que hicieron mal. A ellos les está costando mucho aceptar que no estuvo bien hecho. Si, encima, ellos hubieran provocado toda la situación al provocar el embarazo en estas condiciones…Yo no sé… De verdad que no sé cómo estos padres van a mirar a los ojos a sus hijos adultos cuando estos empiecen a mostrar su herida.

Nurture Project: un año con las madres refugiadas

Hace ahora un año, en marzo de 2016, un grupo de mujeres de distintos lugares del mundo llegó a Grecia para ofrecer apoyo urgente a las mujeres y madres refugiadas. En medio de la enorme crisis humanitaria las fundadoras de Nurture Project International decidieron crear una ONG dedicada a ayudar a las embarazadas y madres recientes, a apoyarlas en sus lactancias, a cuidar a sus bebés y niños pequeños nacidos en situaciones durísimas, a facilitar la nutrición y alimentación de los más pequeños, inocentes e indefensos. Esa ayuda puede incluir cosas tan mundanas como conseguir pañales para los bebés o compresas para las mujeres, dar fruta fresca a los niños, ofrecer un masaje, atender una consulta de lactancia o dar la mano a una parturienta en su parto en un hospital donde nadie habla su idioma.

Como ya conté (La vida en la gasolinera, Refugiadas embarazadas, La infancia refugiada, Mi experiencia con NPI) en abril del año pasado estuve una semana como voluntaria con NPI en un campamento cerca de Idomeni. Todavía recuerdo con emoción todo lo que allí viví y aprendí, y agradezco la experiencia.

Somos muchas las que hemos compartido ese voluntariado: matronas, enfermeras, psicólogas,  y mujeres de otros ámbitos profesionales o jubiladas, decidieron pasar sus vacaciones o su tiempo en Grecia ayudando a bañar bebés o cuidando a las embarazadas y puérperas. Agunas voluntarias tuvieron experiencias complicadas y a menudo decepcionantes. Es normal, más aun con una ONG que acaba de empezar en medio de una crisis con un caos importante entre todas las ONGs que intervienen. Pese a ello creo que la labor de NPI ha sido magnífica, y lo sigue siendo. Ahora, además de seguir apoyando a las refugiadas en Grecia en sus nuevos alojamientos (la mayoría ya han dejado los campamentos), han comenzado a trabajar en los Mosul, Irak.

La fundadora de NPI, Brooke Bauer, ha obtenido recientemente el Premio Miriam H. Labbok por la Excelencia en el Apoyo a la Lactancia en el Congreso de Lactancia y Feminismo. Este es un extracto de la carta que escribí para apoyar su nominación:

I was able to volunteer with NPI in Greece briefly in April 2016. I can only express my admiration and gratitude to Brooke Bauer and the work Nurture Project International is doing supporting refugee women to breastfeed, work that I think deserves the highest recognition.

NPI empowers women who are in some of the most difficult circumstances and who in many cases have witnessed or endured significant violence due to war and are suffering trauma. In those situations of high vulnerability, the support NPI offers is of incredible valuable. NPI creates a safe place for pregnant women and recent mothers. They are given evidence based information regarding breastfeeding, and supported to do so in many practical ways: from food for the mothers to listening or even a massage. The most effective breastfeeding support starts by having other women showing the mother trust in her capacity to breastfeed. At NPI that support comes from a group of women volunteers from many different countries, most of whom are also mothers and/or breastfeeding experts. The refugee women become empowered: at NPI tents they feel honoured to be mothers, listened to, understood, supported. Each lactation succeed is celebrated, each infant thriving is cherished. Women get to receive recognition from the volunteers, who listen to them with their heart opened and biggest respect. I believe this is a unique intervention promoting women´s empowerment.

By creating a safe place for women to women support, where pregnant women, mothers, babies and children are welcome NPI is not only giving the infants the best chance to have a better health and future, it is also promoting peace and hope. The connections created between refugees and volunteers are beautiful stories of women´s helping each other and learning and growing together. I think the Miriam H. Labbok Award will be a beautiful way to recognise Brooke´s Bauer visionary project and to support it even further.

Felicidades a Brooke y a todas las voluntarias de NPI por tantísimo trabajo bien hecho.

Os dejo con el video que resume este primer año: ¡es precioso!

La gestación subrogada es violencia

 “Lo peor que le puede pasar a un recién nacido es que le separen de su madre”. La frase del neonatólogo Nils Bergman, investigador referente a nivel mundial, sintetiza muy bien toda la evidencia científica actual que demuestra lo doloroso que es para los bebés ser separados de su madre nada más nacer. Las consecuencias son más dañinas y las secuelas más graves, obviamente, cuanto más prolongada es la separación. Precisamente por toda esa evidencia ya sólo situaciones de cierta gravedad médica justifican esa separación inmediata.

Lo que el bebé vive en el embarazo, en el parto y en los primeros días de vida deja una huella muy importante en su vida psíquica y condiciona en muchos aspectos su desarrollo cerebral. Toda una serie de mecanismos neuro hormonales hacen que nada más nacer los bebés esperen encontrarse con su madre, reconocerla, olerla, mirarla a los ojos, e idealmente, iniciar la lactancia. El estrés de la separación prolongada de la madre puede dañar el desarrollo cerebral del bebé y condicionar su salud de por vida. Muchos de los niños que han sido adoptados sufrieron esas separaciones tempranas y traumáticas de la madre lo que a veces favorece trastornos del vínculo o alteraciones muy graves de la conducta en la infancia o adolescencia que pueden ser muy difíciles de tratar: suelen ser precisos años de terapias. Los que nos dedicamos a la psiquiatría infantil lo sabemos bien. Obviamente hay una mayoría de niños-as adoptados que crecen saludablemente y sin secuelas del abandono inicial, pero también hay una minoría que sí tiene dificultades muy severas y/o graves trastornos de conducta, independientemente de cuanto les quieran y cuiden sus familias adoptivas.

Comparar adopción y subrogación me parece especialmente tramposo. El abandono o rechazo que precede a la adopción, es decir, que una madre (¡y un padre!) abandonen o no se hagan cargo de su bebé, es algo que, si eres el/la hijo-a “te pasa”. Que decidan gestarte en el vientre de una madre de la que te separarán nada más nacer es algo que “te hacen”. En el primer caso, adopción, tu familia adoptiva reparará ese daño aceptándote y queriéndote. En el segundo, subrogación, tu familia decide hacerte pasar por ese embarazo y parto con separación posterior causándote ese daño de la separación, poniendo por encima de todo su presunto derecho a ser padres.

El bebé gestado por subrogación, al igual que todos los de nuestra especie, espera encontrarse al nacer con la mujer que le ha gestado y que para él es su única madre. Ser separado de ella nada más nacer y probablemente no volverla a ver suponen un trauma y una pérdida enormes: equivalentes a que su madre muera en el parto. Las experiencias de los bebés que fueron robados por la dictadura en Argentina y recuperaron su identidad al llegar a la edad adulta son ilustrativas. Incluso los que fueron criados por familias amorosas crecieron con ese “ruido en la cabeza”, esa sensación de pérdida, esa añoranza enorme de alguien que no sabían nombrar y resultó ser su madre.

Separar al recién nacido de su madre sin que haya una razón médica de peso se considera violencia obstétrica. Como tal se recoge en las leyes de los primeros países que han legislado en torno a esta violencia (Venezuela, México, Argentina): “Obstaculizar el apego precoz del niño o niña con su madre, sin causa médica justificada, negándole a ésta la posibilidad de cargarlo o amamantarlo al nacer”.

La gestación subrogada supone que el bebé lo geste una mujer que no lo va a criar y que, a cambio, recibe un ingreso económico. Al bebé le afectará enormemente cómo viva psicológicamente la gestante el embarazo. Para comprender lo que conlleva podemos intentar imaginarnos la misma situación con un bebé ya nacido. ¿Dejaría alguien a su bebé nueve meses de vida al cuidado exclusivo de una desconocida en un país lejano? Si esa mujer lo cuidara amorosamente ¿cómo se sentiría el bebé al tener que separarse de ella? ¿Cuánto la echaría de menos, la extrañaría, querría volver a verla? ¿Cómo le afectaría despedirse de ella? ¿Qué momentos, qué situaciones le recordarían a su cuidadora y le harían sentir un inmenso anhelo de volver a verla, escucharla, abrazarla? ¿Y si la mujer no le cuidara amorosamente?  Si esa cuidadora estuviera agobiada o estresada por mil razones y descuidara, hablara mal al bebé, le insultara o le ignorara, ¿cómo se sentiría el bebé durante los nueve meses? ¿Cómo sería su vida tras ese tiempo con la cuidadora de un país lejano a la que no volvería a ver en su vida?¿Alguien dejaría a su bebé nueve meses al cuidado de una desconocida en un país lejano?

La gestación subrogada conlleva infringir una herida psíquica enorme a un recién nacido (no sólo, también a su madre, pero de eso hablaré en otro post). Separarle de la madre que lo gestó, y mantener la separación. Desde el punto de vista del recién nacido no solo es una agresión injustificable éticamente. Además, es arriesgado, y previsible que algunos de estos bebés puedan sufrir secuelas psíquicas y/o dificultades para los vínculos afectivos el resto de sus vidas. Incluso en los casos de gestación “altruista”, como Canadá, hay gestantes que expresan: “disfruté mucho del embarazo, pero nunca sentí una conexión maternal”. ¿Quién puede pensar que eso no afecta al desarrollo del bebé?

PD: A las familias que ya habéis tenido a vuestros hijos por subrogación: informaros. Estad atentos. Observad, cuidad, amad a vuestros hijos-as. Potenciad los vínculos, pero no neguéis la realidad ya creada y las posibles consecuencias y/o secuelas. Pedid ayuda a psicólogos-as expertos en apego y trauma infantil en cuanto os parezca preciso. Sed conscientes, sed sinceros.

Ibone Olza. Psiquiatra Infantil y Perinatal

 

Si te deja, no la mates.

img-20170303-wa0003Si te deja, no la mates. Llama a tus amigos, a tus hermanas, a tus amantes, a tus padres, al vecino del quinto, a la panadera o al teléfono de la esperanza. Llama a quien sea y díselo: ·”ella me deja, me ha dejado, me está dejando y me dan ganas de matarla, muchas ganas”.

Pide ayuda. No la mates.

Si te dan ganas de matarla y matarte, o si te sientes morir, o si crees que tu vida sin ella te deja se acaba, pide ayuda. (El que sientas un dolor infinito y odio o incluso ganas de matar cuando tu pareja es frecuente: con ayuda y, en algunos casos, con terapia ese dolor se pasa y se olvida).

Cuando veo como nos matan, las terribles cifras de mujeres asesinadas, pienso en esto, en que deberíamos hacer una movilización urgente destinada a que cualquier hombre en proceso de ruptura de pareja tenga apoyo inmediato, del bueno, del que consuela y sostiene, por parte de amigos, familia, psicoterapeutas, lo que sea. Claro que es urgente proteger a las mujeres, pero creo que también hay que prevenir las agresiones de otras maneras que no se están nombrando. Pienso en la infinidad de hombres que he atendido en la urgencia psiquiátrica con intentos de suicidio, destrozados y queriéndose morir por una ruptura sentimental, sin herramientas ni sostén emocional alguno, más pérdidos que nadie y precisamente por eso tremendamente peligrosos. Porque no saben, no pueden, no han aprendido a nombrar sus sentimientos ni a gestionarlos. Por supuesto que esto no es una justificación para matar, pero si queremos prevenir esas muertes tendremos que hacer que esos hombres tengan otros recursos para que no recurran a la violencia.

Que todos los hombres sepan que si a un amigo le deja su mujer o pareja necesita acompañamiento urgente, un hombro donde llorar, compañia, un espacio donde hablar…Que todos pero especialmente los hombres se movilicen cuando una pareja se rompe para apoyar y cuidar al hombre también. Un apoyo que vaya más allá, que prevenga violencias y crimenes. Una red grande, no sólo para las mujeres, también para los hombres que sienten que su mundo se acaba si ella les deja.

Interior detecta que una ruptura rápida desata la mayoría de los crímenes machistas“. Urge hacer algo más, diferente, desde ya.

En la piel del bebé tras la gestación subrogada

crying-baby-outline_318-35644-png¿Dejarías a tu hijo-a nueve meses al cuidado de una desconocida?

Intenta imaginártelo. Nueve meses, mañana, tarde, noche, con una mujer desconocida, en un país lejano, seleccionada por una agencia que le pagaría un sueldo por cuidar a tu hijo-a.

Imagina que esa mujer cuidara amorosamente de tu bebé o tu niño-a. ¿Puedes pensar como se sentiría luego tu bebé al tener que separarse de ella?¿Cuánto crees que la echaría de menos, que la extrañaría, que querría volver a verla?¿Cómo le afectaría despedirse de ella?¿En que momentos, que situaciones le recordarían a su cuidadora y le harían sentir un inmenso anhelo de volver a verla, escucharla, abrazarla?

O imagina que esa mujer no le cuidara amorosamente. Piensa que tal vez ese mujer estuviera agobiada, estresada por mil razones, o simplemente fuera una mala persona que cuando nadie le viera hablara mal a tu bebé, le insultara o le ignorara. ¿Cómo crees que lo pasaría tu bebé o hijo-a esos nueve meses? Repito, nueve meses completos: mañana ,tarde, noche, al cuidado de esa mujer.

¿Cómo crees que sería la vida de tu hijo-a tras esos nueve meses con la cuidadora de un país lejano a la que seguramente  no volvería a ver en su vida?

Son algunas de las preguntas que me hago cada vez que oigo hablar de la gestación subrogada. (Soy psiquiatra infantil y buena parte de mi trabajo consiste en intentar ponerme en la piel del bebé o de los niños para entender lo que han sentido o vivido y así poder sanar sus traumas)

¿Dejarías a tu hijo-a nueve meses al cuidado de una desconocida? ¿Quién lo haría?

 

Contra el tráfico de recién nacidos

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Imagen del programa Punto de Mira

Estoy en contra de la compraventa de recién nacidos, más conocida como subrogación. Creo que atenta contra los derechos humanos básicos: conlleva la explotación de mujeres pobres y el tráfico de bebés sin que haya el más mínimo control sobre en manos de quien van a parar los recién nacidos.

Creo que la subrogración, igual que la donación de órganos o de leche materna, debería ser legislada de forma que sólo se permitiera en casos en los que existe un vínculo significativo entre la madre que va a gestar al bebé y la que lo va a criar . Por ejemplo si una hermana quiere gestar a su sobrino-a o una abuela a su nieto-a porque la madre por un problema médico como puede ser una histerectomía no puede hacerlo. Me acuerdo de una amiga que después de haber parido y amamantado a sus tres hijos y sabiendo que no tendría más, me expresaba que a ella le encantaría poder gestar un bebé para la maestra de su hijo que no podía ser madre por razones médicas. Esos procesos son los que habría que permitir, los que surgen desde el cariño y el vínculo entre amigas o hermanas, desde la generosidad y la gratuidad, como es la donación de órganos.

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Imagen de Punto de Mira

Desde luego considero un derecho absoluto del recien nacido el poder saber siempre quien le gestó y conocer a esa madre, idealmente como digo existiendo un vínculo familiar o de amistad estrecha previamente entre ambas madres.

Lo que se viene llamando maternidad subrogada es en realidad un negocio creciente que atenta contra los derechos humanos. Por un lado las madres gestantes suelen ser en su mayoría mujeres muy pobres en países pobres.

El reciente reportaje de tv en CUATRO en Punto de Mira visitando una de estas clínicas en Ucrania fue esclarecedor. Diez o doce mujeres, la mitad o así gestaban gemelos, encerradas en una misma casa el último mes de gestación. Muchas expresaban que tenían otros hijos y que se les hacía muy duros no verles todo ese tiempo. Todas lo hacían por dinero, por pobreza y precariedad. Todas expresaban tristeza. Una de ellas decía que tenía dos hijos varones y que le daba mucha pena que la niña que llevaba en vientre iría “para Italia“. Otras decían: “yo llevo dos niños para Alemania“, “yo llevo un niño y una niña para Austria“, “yo un niño para España” etc… El negocio es altamente lucrativo para quienes lo gestionan. Las madres subrogadas no tienen nigun derecho ni reconocimiento sobre el bebé. Las parejas o personas que se quedan con el recién nacido tienen derecho a rechazarlo “si algo sale mal“: en ese caso el bebé va ¡a un orfanato!

Nadie parece estar pensando en las brutales secuelas psíquicas que todo esto puede dejar en esos bebés, en la impronta que deja lo que vive la madre durante el embarazo sumado a la brutal separación nada más nacer. Nadie parece preocuparse por en manos de quien van a parar esos recién nacidos: pederastas o depravados pueden comprar uno o varios bebés. Con lo difícil que es adoptar, ¿cómo se permite esto sin apenas control?

El drama de esas mujeres pobres, teniendo que vender sus cuerpos para conseguir algun ingreso, me parece terrible. La única palabra que se me ocurre es trata, explotación, esclavitud, por mucho que lógicamente ellas lo hagan voluntariamente por no tener otras opciones de ingresos. Tráfico de recién nacidos. Urge que tengamos un debate social profundo al respecto, antes de que sea demasiado tarde. Urge que defendamos los derechos de los más vulnerables.

Os dejo el enlace al documental de CUATRO, vedlo por favor, y comentad.

Añado este texto de Lidia Falcón que suscribo plenamente:

Carta pública a Iñigo Errejón: no somos vientres de alquiler

Parir con placer

Está dejando de ser un secreto a voces. Afortunadamente ya empieza a haber incluso titulares como este “La madre que se masturbó en el parto y dice que todas las mujeres lo deberían hacer porque es la mejor manera de aliviar el dolor del parto“. Vale que es un titular de tabloide británico sensacionalista, pero ¡ya era hora! Cuanto más y más mujeres sepan, entiendan, cuenten que:

  • parir es como hacer el amor: intervienen las mismas hormonas
  • para parir bien se necesita lo mismo que para hacer el amor bien: intimidad, respeto, cariño, confianza, tiempo, que no te molesten ni te interrumpan, elegir postura libremente, que no entren desconocidos, que no te metan miedo…¡AMOR!
  • el clítoris; ese fascinante órgano hecho para darnos placer y favorecer la liberación de oxitocina, puede estimularse en el trabajo de parto. Al hacerlo se alivia el dolor y se potencia el placer de manera exponencial.

Y sí , hay mujeres que paren con placer, con muuucho placer. Y si unas pueden es que todas podemos o podríamos: nuestros cuerpos están maravillosamente diseñados para gestar y parir con gusto.
Ayer a través de la página de la editorial Cauac me llegó este video del parto orgásmico de Magale, que quiso agradecer personalmente a Casilda Rodrigañez su libro “Pariremos con placer“.

Verlo, disfrutarlo, y sigamos corriendo la voz: nuestros cuerpos están hechos para disfrutar del parto. (Claro que difundirlo puede acabar con el negocio de la anestesia epidural…)

 

Amniofagia: ¿inducción natural del parto?

El 31 de diciembre recibí este mensaje de una alumna en mi móvil:

“¡Hola Ibone! Di a luz el día 27 a una niña preciosa.
Lo que en verdad te quería contar es que rompí aguas a las 3 a.m. sin tener contracciones y me asaltaron todos los miedos de tener un parto inducido como el anterior, así que me fui al terreno animal, recogí liquido amniótico en un vaso y me lo bebí.  No se si fue por ese súper componente inductor pero a las 8 a.m. había nacido Icía en un parto natural, súper potente…”

En uno de mis seminarios compartí este dato: en el líquido amniótico hay varias sustancias que facilitan la progresión del parto. La más interesante es el POEF: (Placental Opioid-Enhancing Factor). Una sustancia que potencia el efecto de los opioides que produce nuestro cerebro, es decir, que favorece el alivio del dolor de forma potente y rápida. Además el POEF parece potenciar la conducta materna tras el parto.

Hace años escuché que cuando hay una rotura de bolsa al final del embarazo tomar el propio líquido amniótico (siempre que sea claro) puede ser la manera más eficaz de inducir el parto y de evitar las temidas inducciones artificiales. En el líquido amniotico hay oxitocina y prostaglandinas (que favorecen las contracciones uterinas y la dilatación cervical), junto con el POEF, eso puede favorecer que se desencadene el parto de forma rápida y que encima avance de manera relativamente indolora. Es decir, que el POEF tal vez sea el analgésico endógeno para la inducción natural. Lo de lamer o beber el propio liquido amniótico lo hacen muchas mamíferas antes o después del parto, al igual que ingerir la placenta. Además en el líquido amniótico hay lactógeno placentario en altas dosis, algo que probablemente facilite que la lactogénesis se inicie precozmente tras el parto.

En mujeres no ha sido estudiado, pero yo llevo escuchados ya unos cuantos testimonios de mujeres que tras romper bolsa ingerieron su propio líquido (o bien lamiéndolo de sus dedos o bien recogiendolo con un vaso) y poco después tuvieron partos estupendos.

¿Conocéis más casos? Si es así os ruego lo compartais en los comentarios. Igual así logramos que alguien con el tiempo y los recursos necesarios pueda hacer una investigación rigurosa. ¿Será la amniofagia la mejor manera de inducir un parto con sustancias endógenas tras la fisura o rotura de bolsa de líquido amniótico? Siempre que este sea claro (sin meconio) parece interesante explorarlo…