Los bebés sí recuerdan

La carta de Irene Montero y Pablo Iglesias agradeciendo a enfermeras, pediatras, familia, amigos y compañeros el cariño y los cuidados que han recibido sus bebés prematuros me emocionó mucho. Trabajé durante unos años como psiquiatra perinatal en Neonatología y uno de mis hijos pasó en una UCIn sus primeros días de vida. Me alegra que Leo y Manuel salgan adelante y saber que tienen hermanos de leche tanto como ser parte de la maravillosa y, para mi, revolucionaria transformación que está aconteciendo en los servicios de neonatología, donde ya se reconoce la importancia de la no separación de la madre y del contacto piel con piel para la supervivencia de los más pequeños.

Sin embargo, en esa carta tan preciosa, había una afirmación que me parece oportuno matizar:

Dicen que la amnesia infantil hace que olvidemos todo lo que vivimos en nuestros primeros años. Nos alegra que Leo y Manuel nunca recuerden los tubos o los electrodos que les acompañaron en la unidad de cuidados intensivos, que olviden los sonidos de los monitores que medían su ritmo cardiaco y su respiración.

Los bebés sí recuerdan. Todo lo vivido al nacer y los primeros meses de vida queda profundamente grabado en la memoria. Lo que pasa es que la memoria de los bebés es corporal y no verbal. Se recuerda en la piel y con el cuerpo. Lo vivido en ese período que va desde la concepción hasta la adquisición del lenguaje en cierto modo condiciona quienes somos, ya que ahí se construyen los pilares del vínculo, con la madre y el padre primero y con el resto de familiares después. Nuestra manera de ser, de estar y ver la vida, viene en buena parte de ese lugar remoto.

Acabo de recibir este precioso regalo de mi amiga la psicóloga griega Olga Gouni: el libro  100 años de Psicología Prenatal (está en inglés: Prenatal Psychology 100 years: a journey in decoding how our prenatal experience shapes who we become). Recoge magníficamente todo ese conocimiento que, en cierto sentido, inauguró Otto Rank con su libro “El trauma del nacimiento” publicado en 1924. Conocimiento que es básico además para poder prevenir o tratar las secuelas del sufrimiento en esa época temprana de la vida.

Es una pena que como sociedad neguemos la memoria de los bebés. Llevo años en esta cruzada como psiquiatra infantil intentando que todos, pero más aun los profesionales, reconozcan que los bebés sienten, escuchan, comunican, padecen, aprenden, recuerdan, dan. Son y están. Sufren brutalmente cuando esto se niega al extremo, como sucede en el caso de la mal llamada gestación subrogada.

Los bebés necesitan ser tenidos en cuenta, que se les hable, que se les explique, que se les escuche. En las Unidades de Neonatología son necesarias las psicólogas y los profesionales de la salud mental perinatal. Para contener, para traducir, para comprender, para reconocer que sí queda una memoria, para facilitar que los vínculos en situaciones tan frágiles y a veces devastadoras como es la prematuridad extrema se construyan con oxitocina y amor, valga la redundancia.

Necesitamos nombres nuevos, de Noviolet Bulawayo

Compré Necesitamos nombres nuevos en mayo, en la feria del libro de Madrid. Noviolet Bulawayo, la autora, es de Zimbabwe, así que decidí reservarlo para leerlo este verano. Ha sido mi lectura en este viaje maravilloso. Y ahora que lo he terminado no puedo quitármelos de la cabeza, de hecho he soñado ya varias noches con todos ellos: Darling, Sabediós, Bastardo, Chipo (tan pequeña y ya embarazada), Sbho y Stina. Esa pandilla de chavales en ese país africano, que Darling tiene que dejar cuando se va con su tía Fostalina a América. En esta deslumbrante novela está casi todo: el tránsito adolescente pero también todas las otras pérdidas y muy especialmente las de las personas migrantes. Tan bien narrado todo que te quedas pensando que es ridículo intentar escribir algo cuando hay gente como esta Noviolet tan extraordinariamente dotada para ello. Un libro repleto de esa caótica, espléndida y luminosa vida africana que hace que nuestra acomodada vida occidental me parezca ahora un triste sucedáneo.

Necesitamos nombres nuevos: el título es el de uno de los relatos más estremecedores del libro. Me ha recordado a otra joya que leí esta primavera: Pequeño país, de Gael Fayé, que cuenta también la vida de un grupo de chavales en Burundi cuando acontece el genocidio ruandés.

Esta reseña lo explica muy bien: Necesitamos nombres nuevos  y necesitamos más libros como este. Necesario como pocos. Y yo, enganchada definitivamente a Africa, voy a ver que puedo leer ahora…¡Se aceptan sugerencias!

 

 

Las matronas de Zimbabue, contra la violencia obstétrica

Ginny Liff es una obstetra británica que ha pasado su vida trabajando en Zimbabue. Dice Ginny que el año pasado, cuando me escuchó hablar de la psicología del parto y de la violencia obstétrica en las charlas que dí en Harare gracias a The Friendship Bench (y que conté aquí) algo en ella cambió. Decidió que iba intentar difundir esos conocimientos par erradicar el maltrato en el parto. Conoció entonces a las matronas que llevan en este país la White Ribbon Alliance y juntas pensaron que podían hacer. Ginny consiguió algo de financiación en Reino Unido y en enero empezaron a impartir una formación para matronas en “Respecftul Maternity Care”, es decir, en atención respetuosa a la maternidad.

Reunieron al grupo de matronas cada dos semanas.  Empezaron con un cuestionario en el que les preguntaban como trataban a las madres: la mayoría dijeron que muy bien. Luego les mostraron un video que habían grabado ellas mismas con un grupo de madres recientes que  contaban sus experiencias en el parto. Muchas hablaban abiertamente del maltrato que habían sufrido. Tras lo cual comenzaron a darles bibliografía  para lograr dos objetivos básicos: que las mujeres pudieran parir en la postura que les diera la gana, y que pudieran estar en todo momento acompañadas por quien ellas eligieran.

Además, les animaron  a llevar un diario de campo, en el que cada una iría apuntando las situaciones que encontraran en su trabajo cotidiano. En las siguientes reuniones las matronas comentaban los diarios en el grupo. Una contaba: “llegó una madre cuyo bebé había fallecido antes de nacer. Antes yo le hubiera gritado: ¡¿Porqué no viniste antes?! Esta vez se lo pude preguntar sin gritar“.

A lo largo de estos siete meses las matronas han seguido trabajando duro para promover el cambio. Está habiendo un efecto contagio, y ya hay muchas otras que se quieren apuntar a la formación.

Ginny me convenció para volver a Harare. El sábado participé en la jornada del Asociación de Ginecólogos y Obstetras de Zimbabue monográfica sobre los cuidados centrados en la mujer. Hoy he impartido una jornada exclusiva para todas estas matronas.

Ha sido intenso y bonito. Mucho trabajo, muchas experiencias que necesitan compartir. El sufrimiento que acarrean motivado muchas veces por la falta de recursos. La mortalidad materna aqui es muy elevada. La  edad media de las madres para tener el primer hijo lo dice todo: 19 años.

Para mi lo mágico sigue siendo el enorme poder de transformar la realidad que tenemos las mujeres. La cadena es infinita. Veo tantos lugares donde una sola persona dice “voy a hacer algo para erradicar el maltrato en el parto” y se pone a ello…Entre todas lo vamos logrando. Es esperanzador, necesario, mágico.

Podría contar muchas historias pero…estoy agotada. Un abrazo desde Harare.

Premio Fundación White Swan

Nos sentimos honradas y muy agradecidas por el (2º) Premio de Educación en Salud Mental Perinatal, concedido a nuestro Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal por la White Swan Foundation y the International Marcé Society.
Este premio reconoce el trabajo pionero de instituciones que promueven la sensibilización en salud mental perinatal mediante una formación innovadora. También está enfocado a modelos con el potencial de repercutir positivamente en países de bajo y medio nivel de ingresos.
La entrega de los premios se hará en el marco del Congreso 2018 que se celebrará en Bangalore (India). Seguiremos trabajando con entusiasmo renovado por la salud mental de las madres, bebés y familias y por continuar a la altura de este premio. ¡Mil gracias!

Amamantar es amar

IMG_8563Amamantar es amar. Hacerlo durante años conlleva una profundidad en la experiencia del amor maternal difícil de explicar y transmitir. Las madres que lo hemos vivido así no solemos reveindicar la lactancia porque proteja de enfermedades o mejora el desarrollo neurocognitivo, no. Eso sería como decir que hacer el amor es bueno porque disminuye el estrés, un reduccionismo impensable para quien se entrega a la relación amorosa con toda el alma.

IMG_8564Amamantar durante años significa criar con miles, millones de abrazos, besos y caricias. Así se desarrolla una relación íntima, entrañable, segura. Estos niños y niñas construyen su personalidad desde ahí, desde la piel y el bienestar, desde la confianza que da haber vivido el cuerpo materno como un hogar durante la primera infancia.  Y sí, su sistema oxitocinérgico se desarrolla  de otra manera, aunque eso todavía está poco investigado.

IMG_8568Mi amiga Azucena me regala estas imágenes amamantando a su hijo Bastian, que pronto cumplirá cinco años. Me parecen muy bellas, emocionantes y valientes. Azu ya amamantó a Wanda, su primera hija, durante años y conoce bien la riqueza de experiencias que aporta de la lactancia.  Pese a ello, en esta segunda lactancia también ha tenido que enfrentarse a críticas y sugerencias de que destetara ya a su hijo. Esas críticas inevitablemente provienen de quien no tuvo la oportunidad de ser amamantado durante años por su madre ni ha podido vivir una lactancia prolongada con sus hijos o conocer de cerca la experiencia. Son prejuicios de quien piensa o teme que el placer y el amor puedan ser excesivos para la salud o dañinos y perjudiciales para el desarrollo humano. Nada más lejos de la realidad: la lactancia es el fundamento de la vida, como recoge este año el eslogan de esta  Semana Mundial de la Lactancia Materna.

Gracias Azucena por este regalo hermoso.

Cerrado por vacaciones

Recuperar la alegría. Celebrar su tímido pero imparable regreso. Dormir a pierna suelta. Oler la tierra al atardecer. Sonreír a los girasoles. Nadar a diario en un río, o en varios. Leer. Dejar las redes. Sufrir un poco menos. Ver tres crías de jabalíes en medio de la noche y, después, un tejón. Saludar a otras mamíferas.

Aceptar que todo cambia y que no me es posible cuidar tantas relaciones. Mandar abrazos en la distancia, en secreto y con todo el alma. Sin despedidas, hasta que la vida nos vuelva a cruzar.

Matar moscas y preguntarme quien soy yo para ejecutar insectos. Soñar nítidamente. Regar un huerto y descubrir que las acelgas cuando crecen parecen carnívoras. Observar las montañas.

Con silencio en la mirada.

 

 

 

María Wine, poeta sueca (1912-2003)

La poeta sueca María Wine lleva acompañándome casi toda la vida, desde que siendo adolescente cayó en mis manos una antología suya traducida por Justo Jorge Padrón. Sus poemas hablan de naturaleza, de árboles y de mujeres, de amor y de libertad. A mi me recuerda mucho a otra de mis grandes favoritas, la Nobel polaca Wislawa Szymborska, a la que descubrí unos veintitantos años más tarde.

Hoy he podido visitar su tumba. Aprovechando que me encuentro en Estocolmo para una pequeña estancia de investigación (con Kerstin Uvnäs Moberg, pero de eso hablaré en otra entrada) he buscado el lugar donde descansan sus restos junto a los de su marido, el también poeta Artur Lundqvist. Una tumba sencilla, humilde, con flores y abeja revoloteando. Bajo árboles frondosos y sin ningun cartel que señale quien yace ahí. He sentido una cálida emoción. Os dejo dos de sus poemas:

Tumba de Maria Wine y Artur Lundkvist en Solna, Suecia.

¡El camino a la muerte espero hacerlo sola!

Déjame escapar del reverso de la consolación,

evitar

ser acariciada por el cuchillo de mantqeuilla de la compasión,

escapar de ser víctima del barreno de la curiosidad

No deseo recibir inyecciones falsas de esperanza.

No tengo fuerzas para consolar al que angustiosamente

refleja su muerte venidera en la mía.

Deseo ir totalmente sola el último trozo del camino.

Ni siquiera mi amante podrá acompañarme,

no quiero ver

mid sufrimientos reflejados en sus ya tristes ojos.

Toda una vida he tenido para acostumbrarme

a la muerte:

Quiero ir a su encuentro totalmente sola.

María Wine , 1969

 

 

AMAME

pero no te aproximes demasiado

deja espacio al amor

para que se ría de su felicidad

deja siempre que un fuego de mi pelo rubio

sea libre.

María Wine

Réquiem por Aurora

A principios de este año, tres meses después de dar a luz a su segundo hijo, Aurora cayó al vacío desde un cuarto piso en medio de un episodio de psicosis puerperal. Esta compleja enfermedad pudo con ella. No era la primera vez que le pasaba. En el posparto de su primer hijo, apenas quince meses antes, también intentó precipitarse desde un balcón. En aquella ocasión Aurora fue hospitalizada en una planta de psiquiatría durante tres días. Aquello supuso el final de la lactancia de su primer bebé y el inicio de una dolorosa recuperación. En su segundo embarazo Aurora estaba decidida a cuidarse todo lo posible. Quería tener un parto natural, ya que el primero había sido una cesárea urgente altamente traumática (debido a la poca explicación de las razones para hacerla), y disfrutar de la lactancia.

En septiembre Aurora me había escrito: “ni mi parto ni la lactancia fueron como me hubiese gustado. Tras una cesárea no programada, por parto estacionado, sufrí unos meses más tarde un brote de psicosis postparto. Tuve que estar ingresada para estabilizarme y como consecuencia, al alta me dijeron que debía de dejar de darle el pecho a mi hijo por la posible interferencia medicamentosa. Tras esta etapa y medicalización caí en una depresión posparto. Gracias a Dios, estoy mejor ahora, recuperada, sin tratamientos farmacológicos y pudiendo ponerle nombre a lo que me pasó. Ahora estoy embarazada de nuevo, esperando ya apuntito que nazca nuestro segundo bebé para las primeras semanas de octubre. Lo más seguro es que sea un parto en casa, si Dios quiere y todo va bien…”. Pocos días después nos conocimos brevemente durante la presentación de mi libro “Parir” en Zaragoza. Ya no volví a saber de ella hasta hace unas semanas en que su padre me escribió.

Desde que até algunos cabos y comprendí que la mujer que había fallecido en enero dejando dos hijos de 21 y 3 meses de vida era la embarazada pelirroja que vino a saludarme tras mi charla en Zaragoza no he podido dejar de pensar en ella y en su familia.

Siento que, en cierto sentido, yo también le fallé. Aurora era enfermera especializada en salud mental y creo que, precisamente por ello, yo, erróneamente, asumí que tendría un buen seguimiento psiquiátrico durante su segundo embarazo y posparto para evitar un segundo episodio de psicosis puerperal (una patología con alto riesgo de recurrencia en cada posparto si no se trata). No le pregunté abiertamente, y ahora siento que de haberlo hecho tal vez hubiera podido ayudarle a seguir un tratamiento que podría haber evitado su recaída y trágica muerte. Asumí que al ser experta en salud mental sabría cuidarse, craso error que yo misma he sufrido en mis propias carnes en mis pospartos, cuando creo que nadie percibió lo mal que yo me encontraba porque, además, como yo ya era psiquiatra, me ocupé de ocultar muy bien los pensamientos macabros que en ocasiones me atormentaban. He tardado años en comprender que yo  sufrí un trastorno de estrés postraumático en mi segundo y tercer posparto y que con un buen tratamiento psiquiátrico y psicológico mi sufrimiento y sus consecuencias hubieran sido mucho menores. Pese a todo lo que he aprendido desde entonces, cometí el mismo error con Aurora que otros conmigo, el de olvidar que “en casa de herrero cuchillo de palo…”

Que pena. Pienso en Aurora y en su ausencia en la vida de sus seres queridos, especialmente en esos bebés que crecerán sin apenas recuerdo de su dulce madre. Aurora es una víctima, otra más del estigma que rodea todavía la enfermedad mental y que en el caso de los trastornos perinatales es máxima. No sólo no se contempla apenas la posibilidad de que una madre sufra un trastorno mental durante el embarazo o el posparto, ni se ofrecen recursos especializados para tratar estas patologías, sino que, por muchas otras razones, ser madre hoy en día se ha convertido en una heroicidad máxima. Nuestra sociedad falla a las madres y a los bebés de diversas maneras. Ignora sus necesidades, no les ofrece cuidados apenas, les juzga duramente sin pararse a pensar en las consecuencias… Y no sólo es ignorancia o juicio, a veces hay un verdadero ensañamiento con las madres.

Me gustaría poder hablar de todo ello. Me gustaría honrar la memoria de Aurora y de tantas otras mujeres. Me gustaría contribuir a que se entienda porque debería ser tarea de todos cuidar a las embarazadas y a las madres recientes. Hablar de Aurora y escribir sobre ella y sobre todas nosotras, será mi manera de intentar hacer realidad lo que me dijo en aquel mensaje de septiembre: “Mi intención es poder ayudar a todo aquel que quiera conocer más sobre la psicopatología durante el posparto, y si puedo compartir mi historia si crees que puede ser de utilidad, me encantaría poder ayudar en este campo todo lo que pueda”.

¡Ay Aurora! Cuantas mujeres pensamos más en ayudar a otras antes que en cuidarnos y protegernos…No te conozco apenas ni sé apenas nada de tu vida, pero me dispongo a ello. A conocerte mejor, a profundizar en tu historia, a hablar con los que más te quisieron, para comprenderte y para hacer realidad este deseo que me expresaste y que yo también comparto.  No sólo ese deseo: sin conocerte apenas, me identifico con varias cosas tuyas. Ese empeño por tener un parto vaginal después de cesárea que te hizo buscar un parto en casa porque los obstetras te decían que con sólo dieciocho meses de intervalo desde la primera cesárea el riesgo de rotura uterina era demasiado elevado para intentar un parto vaginal. Pariste en casa de tu matrona y seguramente te libraste de una buena…Y esa determinación por amamantar a tu segundo hijo, ¿cómo no comprenderte? Me toca de cerca porque en tu único mensaje también me decías: “Mi amiga Bea me habló de ti por primera vez. Yo estaba embarazada de mi primer bebé y me animó a asistir a la charla que diste en 2016 sobre la Bioneurología de la lactancia. La charla me encantó y me animó todavía más a intentar darle el pecho a mi hijo”.

Siento tu pena Aurora. Tu frustración por ese primer destete forzado por el ingreso y porque “me dijeron que debía de dejar de darle el pecho a mi hijo por la posible interferencia medicamentosa”. ¡Cuando la inmensa mayoría de psicofármacos son perfectamente compatibles con la lactancia! Pero la mayoría de los psiquiatras no saben apenas nada de lactancia y lo ven como “un obstáculo” para el tratamiento.  Cuántas madres han dejado la lactancia por las mismas razones, a cuantas les han metido miedo en el cuerpo a alimentar a sus bebés, o se han visto en la disyuntiva de seguir su intuición e instinto o el consejo médico…!He atendido a muchas de esas madres, me han buscado y pedido ayuda desde tantísimos lugares…Bastantes lograron amamantar sin problema, incluso tomando fármacos necesarios para asegurar su estabilidad psíquica.

Puedo imaginarme ese durísimo ingreso breve en una unidad de psiquiatría por una psicosis puerperal. Separada de tu bebé, ¡qué difícil tuvo que ser la recuperación! Por desgracia en nuestro país no existen todavía unidades psiquiátricas donde puedan ingresar las madres con sus bebés, a diferencia de otros países europeos donde las “Mother-Baby Units”, unidades psiquiátricas madre-bebé, son una realidad desde hace décadas. Lo imagino y entiendo que no quisieras saber nada de hospitales, de paritorios, de psiquiatras…Elegiste a tu manera protegerte de un sistema que no te aseguraba un trato digno y respetuoso, basado en la evidencia científica y no en prejuicios misóginos.

¡Ay Aurora! No sé si sirve de algo imaginar lo distinto que hubiera sido todo si hubieras tenido un buen seguimiento psiquiátrico y psicoterapéutico en tu último embarazo y en tu posparto. Pienso en otras madres que he conocido que si han tenido esa ayuda y que han podido disfrutar del posparto pese a haber tenido experiencias terroríficas anteriormente. Yo sí puedo imaginarlo, como estarías ahora si hubieras podido tener una ayuda profesional de calidad, si hubieras podido ingresar junto a tu bebé, sabiendo que os iban a ayudar a los dos…

Diez años antes de conocerte, en octubre del 2008 viajé a Pittsburgh, fue la primera vez que acudí a un congreso de la Sociedad Marcé Internacional. Recuerdo bien como en una de las pausas café comencé a conversar con una mujer. Cuando le pregunté a que se dedicaba su respuesta me dejó atónita: “soy superviviente de una psicosis puerperal, ahora me dedico a ayudar para que otras mujeres no pasen por lo mismo que yo”. Por aquellos tiempos en España algo así era inimaginable. Empezando por el uso de esas palabras: “superviviente de una psicosis puerperal”. Siguiendo por la presencia: una “enferma” en un congreso de profesionales de la salud mental. Aquella mujer y la conversación que siguió me rompió muchos esquemas. Diez años más tarde creo que has sido la primera mujer que en España se me ha ofrecido para hablar públicamente de su psicosis puerperal. Qué rabia que tu testimonio sólo vaya a llegar después de tu trágica muerte.

Lo siento Aurora. Lo siento mucho. Acepto ahora tu propuesta. Si, profundizaré en tu historia. Intentaré escuchar a los que te conocieron y quisieron, recabaré los datos, probaré a reconstruir tus últimos meses. Y lo contaré. Con la ayuda de tu familia, tu matrona, tus compañeras y otras expertas en salud mental perinatal vamos a gestar una campaña de sensibilización para prevenir las psicosis puerperales. Siento que te lo debo y que , de alguna manera, me lo debo a mi misma.

 

El regalo de Lola: lactancia en duelo

Lágrimas blancas. Así, con esa belleza poética, llaman algunas madres a la leche que producen sus senos después de unas de las experiencias más díficiles que como madre toca vivir: parir a un bebé sin vida. Tradicionalmente a esas madres se les solía suprimir la lactancia dándoles fármacos inhibidores o vendándoles los pechos. Pero siempre, en los márgenes del sistema, hubo unas pocas que rechazaban esas opciones y buscaban otras alternativas. La principal: donar esa leche a otros bebés. Casi siempre estas han sido madres de grupos de apoyo a la lactancia que precisamente por ello conocían de cerca los beneficios de la leche de madre para todos los recién nacidos y preferían buscar la manera de donar su leche.

Una de esas madres, Julia Vázquez Dodero lo cuenta así:

Estaba embarazada de 27 semanas cuando perdí a mi bebé. Dejé de sentir sus movimientos. Me tomé un vaso de chocolate caliente con un montonazo de azúcar para ver si reaccionaba y al seguir sin sentirlo me fui a urgencias. Allí me confirmaron que ya no tenía latido y me dijeron que tenía que dar a luz a mi bebé sin vida.

Y sí, aunque no lo parezca, ésta historia también habla de lactancia.

Me provocaron el parto. Estuve en el hospital unas 24 horas. Me ofrecieron una pastilla para cortar la lactancia. Yo ya había decidido que no me la iba a tomar pero, además, a la matrona se le olvidó marcarlo en mi historial, con lo cual el enfermero ni siquiera me la dio. Sentía que era casi lo único que podía controlar, permitiendo que mi cuerpo reaccionase como necesitara. Confieso que tenía la pequeña sospecha de que no me iba a subir la leche, al fin y al cabo no había llegado al final del embarazo y, en mi ingenuidad, creía que el cuerpo no se “iba a dar cuenta” de que había dado a luz.

Julia cuenta en el número 4 de la revista Muerte y Duelo Perinatal (que edita la asociación Uma Manita) como logró donar su leche y lo que ello significó:

Fue una experiencia preciosa. Me ayudó mucho poder hacerlo. Siempre digo que era como entregar un regalo importantísimo que Lola había dejado en mi cuerpo, así lo viví. Me acompañó mucho durante ese primer momento tan difícil del duelo, era un poco como honrar su visita y darle sentido. Y me ponía los pelos de punta pensar en los bebés que la iban a recibir. Las dos veces que fui al hospital, con mi nevera repletita de botes, oía los llantos de los minúsculos bebés prematuros que la iban a recibir y me emocionaba. En mi experiencia, poder donar la leche sólo tuvo efectos positivos. Siete litros en total! Mucha alegría dentro de tanta tristeza.

Después de esa experiencia Julia con otras mujeres y profesionales han creado el Proyecto Lola, para ayudar a otras madres a donar su leche tras la muerte perinatal. Lola hou hubiera cumplido dos años.

Un proyecto precioso, pequeño, e importante. Gracias Julia, gracias Lola. Como dicen en tu familia: siempre serás pequeña, querida y feliz.

 

 

Mi primer veneno o como promover la obesidad infantil

La obesidad infantil en España se ha multiplicado por 10 en los últimos 40 años. La prevalencia actual de obesidad infantil es de un 18%, a lo que hay que añadir un 23% de sobrepeso infantil. Las cifras de lactancia materna siguen siendo bajísimas. Mientras tanto, personas que se definen como feministas y que han tenido experiencias personales malísimas con sus lactancias, escriben libros criticando el lactivismo y niegan con desfachatez absoluta los enormes beneficios infinidad de veces demostrados que tiene la lactancia. El otro día lo expresé así en mi muro de Facebook: por un lado me sale decirles: siento mucho que no disfrutaras del placer de amamantar, siento mucho que no tuvieras apoyos, siento mucho que te sintieras presionada para amamantar. Por otra parte quiero gritar:, ¡amamantar es poderío, es placer, es ecología, es anticapitalismo, es salud, es goce, es rebelión e insumision, es milagroso, es (casi siempre) fácil, es una gozada…. Es feminismo puro….y ya. Desde distintos lugares otras mujeres también han respondido magistralmente a ese ataque a la lactancia que escuece aún más porque viene de una parte del feminismo.

Y me apetece insistir, explicar, informar. Que no, que el ruido que hacemos las lactivistas cuando intentamos animar a otras mujeres a disfrutar de la lactancia es mínimo comparado con el inmenso negocio que tiene montada la industria farmaceutica en torno a la alimentación infantil. Sí, es inmenso y es terrible, peligroso, ya que logra que muchísimas madres no consigan amamantar tanto como quisieran y luego se sientan culpables durante mucho tiempo.

Con cada madre que se convence de que no tiene suficiente leche, que fracasa en el intento por falta de apoyo y no por falta de ganas ni de deseo,  con cada madre que se rinde ante la enorme presión del “total, si con el biberón se crían igual” alguien se frota las manos. Alguien se enriquece. Alguien sabe que sus acciones en bolsa seguirán subiendo. Alguien obtiene pingües beneficios. No sólo vendiendo leche a esa madre, también con los cereales que vendrán después, con los antibióticos que necesitará ese bebé o las medicaciones para el asma, con los potitos y con los yogures, etc, etc…Detrás de todo ese negocio hay farmacéuticos, hay pediatras, médicos, algunas enfermeras… A los que la industria invita, unta, corrompe impunemente. Ellos y ellas, los que aceptan esos regalos disfrazados de formación, luego dirán que las madres eligen libremente y que ellos también recetan libremente. Nada más lejos de la realidad.

Estos días hemos sabido que la Asociación Española de Pediatría, la AEP, cobró más de dos millones de euros en cinco años por prestar su logotipo a productos infantiles. Vergüenza les tendría que dar. Afortunadamente conozco a muchos pediatras estupendos que se han salido de la AEP para no ser cómplices de todo ese chanchullo.

Afortunadamente también, investigadores independientes han publicado este informe que no tiene desperdicio: Mi primer veneno. Explica hasta que punto los “alimentos infantiles” son en su mayoría un timo consistente en añadir montañas de azúcar a alimentos procesados. Un timo y una amenaza para la salud. Una promoción nada inocente de la obesidad infantil.

Leedlo, compartidlo, difundidlo.