Terror y perversión para comerte mejor

Cuando mi querido y admirado colega Jose María Paricio me contó que iba a perder su puesto de Jefe de Servicio de Pediatría por entre otras cosas haber criticado una exposición “pornográfica” que se colgó en el hall del hospital público donde trabaja imaginé otra cosa, la verdad. Hace ya unas cuantas semanas que ví las imágenes de la exposición y todavía no me he recuperado del impacto, sigo estupefacta. Tanto que cuando he intentado contárselo a alguién que no hubiera visto las imágenes me ha parecido muy difícil explicarlo de forma coherente sin que pareciera que yo estaba delirando.  Veamos si con este post lo consigo.

Los responsables de un hospital público de gestión privada deciden encargar una exposición artística. Así empieza el tema:  “De la mano de la artista Rosalía Banet, el centro sanitario propone una reflexión acerca de lo que comemos, cómo, por qué y para qué lo hacemos

A continuación se monta una exposición en el hall del hospital. Son sobre todo imágenes de esculturas realizadas en plastilina o material similar, con un aspecto infantil llamativo. Las escenas representadas incluyen: una familia sentada a la mesa en la que se sirve una bandeja de cabezas de bebés trepanadas con los sesos bien a la vista. Bandejas de bebés fallecidos: “fetos, el plato favorito de Sara y Ana”. Vísceras diversas. La mesa la preside el “padre de familia”: un gran pene eyaculando alias “Penis Boy”. En una de las escenas un ser masculino con pijama verde de quirófano corta a la “mujer tarta”, tras lo cual “excitados por el olor de la herida se avalanzan sobre ella (Rabito y Bandido, un perro bicéfalo con una gran erección) para devorarla”. Todas ellas se pueden ver aquí.

Ver las imágenes me produjo una sensación de estupor mezclada con dolor difícil de describir. Confieso que he tenido que volver a mirarlas lentamente para lograr entender, pero nada: las imágenes me siguen pareciendo atroces. Una frivolización absoluta sobre temas tan profundamente dolorosos y humanos como la muerte perinatal o la violencia obstrética. Me parecen hirientes, muy hirientes. Si se hubieran colgado en una galería de arte privada simplemente me habrían parecido vomitivas , pero ¿cómo es posible que esto se cuelgue en el hall de un hospital público de nuestro país? ¿Cómo hemos llegado a este grado de perversión?

Vuelvo a la página web sobre la exposición y encuentro: “En la exposición, realizada ex profeso para el hospital de Dénia, han participado dietistas, pediatras, endocrinos o especialistas en Medicina Interna”. Sé de primera mano que los de pediatría no colaboraron en absoluto. Pero más abajo leo las declaraciones de la endocrinóloga del hospital, que afirma: “Exposiciones como ésta pretenden hacernos reflexionar sobre lo que comemos y cómo los intereses comerciales manipulan nuestra dieta diaria. Seamos críticos con lo que consumimos, nos va nuestra salud y la de los nuestros en ello”.

Todavía más preocupantes son las aportaciones de la Jefa de Medicina Interna:  “Gracias Rosalía por ayudarme a sentir y reflexionar. Cuando vi tus muñecas y su propuesta culinaria sentí algo entre ternura y repulsión, entre desconcierto y proximidad, me producía inquietud… sus ingredientes y el aspecto de su mesa….Mis hijas, hijas del bienestar, no me dicen “tengo hambre mamá”, sino “tengo hambre de hamburguesa”, ya podéis imaginar de dónde, “tengo hambre de pizza, de chuches….. Las llevaré a ver tus muñecas y haremos tertulia sobre qué comemos y porqué. Gracias por removernos y hasta pronto”.

Simplemente no doy crédito. ¿Qué clase de madre o padre enseña estas imágenes a sus hijos e hijas?¿Quién decide y permite que se cuelgue en el hall de un hospital público?¿Quién cree que eso es arte? Pienso en el magnífico texto de Ana Alvarez-Errecalde: No quiero hartarme del arte.

¿Qué sentirá una niña o un niño al ver esas imágenes? Intento ponerme en la piel de un niño o niña que ve de la mano de sus padres esas imágenes en un hospital público y las contemplo una vez más. “¿Porqué me enseña mamá dibujos de mamás comiendo bebés?¿Porqué ese perro se quiere comer a esa mamá?” Y entonces lo siento. Siento la perplejidad primero y el terror después, y me viene a la mente el título de la exposición: Para comerte mejor. Para devorar y anular la inocencia, la bondad, la empatía. Por fin lo he entendido: no es arte. Es terror y perversión, es para comerte, triturarte y vomitarte mejor. 

P.D.: Gracias a Jose María Paricio y a todas las personas que protestaron en su día por la exposición. Los demás podemos firmar aquí: Para que el Dr. Paricio recupere su plaza y la Dirección de Marina Salud dimita

7 comments

  1. Querida Ibone, yo también sentí verdadero asco y repulsión al ver la pretendidamente “hartística” exposición de esta señora, cuyo nombre prefiero no escribir. Desde luego, habiendo tanta necesidad de cavar zanjas, no sé qué hacen estos individuos tan creativos dedicándose a perpetrar muñecajos en vez de haciendo un servicio público.

    Besos nada artísticos,
    Lady Vaga.

  2. Independientemente de que la denuncia venga de la mano de una persona tan querida para mí y nuestro GAP, la exposición es totalmente inapropiada para el hall de un hospital, y mucho menos para un hospital materno-infantil.
    Soy muy partidaria de que que hagamos reflexiones sobré qué comemos y cambiemos nuestros hábitos alimenticios, culturales y sobre todo, las políticas destinadas a la industria agroalimentaria (motivo por el cual pertenezco a una cooperativa de consumo ecológico, por ejemplo). Pero de ahí a apoyar atrocidades como estas y permitir que mis hijas la vean, hay un gran paso. Creo que esta exposición no ofrece ninguna posibilidad de reflexión para con nuestros hijos. Es que sinceramente, no me veo explicando a mi hija ninguna de las situaciones que se proponen porque no veo relación ninguna con una posible crítica a nuestro modelo actual de consumo.

  3. La exposición tendré el sentido que tenga, pero viendo las imágenes, no acabo de encontrar el objetivo reflexivo y didáctico. Vamos, que creo que los niños ven esto como una metáfora y que genera más confusión que reflexión.

  4. Totalmente repulsivo. Al igual que el hecho de habersele quitado el puesto al doctor, por haber informado de que la “exposición de arte” era totalmente inadecuada para el centro.
    Esa “artista” se ha reído a base de bién del público y de los pelotas que han alabado falsamente su trabajo para ir a favor de la corriente.
    Yo le pondría otro nombre a la exposición “que hablen de mí aunque sea mal, pero que hablen…..”

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