¿Buena leche de mala madre? Recordando a Habiba, un año después.

¿Puede una mujer con los pechos llenos de leche ser una mala madre? No fui consciente de estar haciéndome esa pregunta, y sin embargo en retrospectiva creo que fue la clave.  Ahora sé que respondí a la pregunta sin siquiera habérmela hecho. No, una mujer con los pechos rebosantes de leche no puede ser una mala madre. Es imposible. Y una madre que amamanta nunca debe de ser separada de su criatura en contra de su voluntad, bajo ningún concepto, y menos aún brutalmente.

Estas dos ideas, la imposibilidad de que sea mala madre una mujer que amamanta y la agresión que supone una separación madre criatura no deseada las tuvimos claras las miles de personas que nos movilizamos hace ahora un año para conseguir que los Servicios Sociales de Madrid rectificaran y reunieran a la pequeña Alma, de quince meses, con su madre, Habiba.

Hoy hace un año que conocí a Habiba: una mujer muy joven, delgada, con un habla rápida y furiosa. “Me han robado a mi hija, me han robado a mi hija” repetía una y otra vez. Me contó su historia. Tenía los pechos muy hinchados y doloridos. Sobre la marcha hice un breve informe psiquiátrico y recomendé que se le permitiera reunirse con su hija de forma urgente e ininterrumpida. Con mi informe y otro de la Fundación Raices Habiba se fue con el abogado Nacho dela Mata hacia el juzgado de guardia, donde inocentemente pensamos que aquel atropello se solucionaría inmediatamente. Dos días más tarde las cosas seguían igual y Habiba al borde de la desesperación absoluta, así que entrada la noche vinieron a verme al hospital donde yo me encontraba de guardia.

Allí Habiba nos contó con detalle toda su historia. Tenía los pechos muy congestionados y le atendió la matrona de guardia. Con la ayuda de un extractor se sacó la leche delante nuestra: más de medio litro. Recordé la frase que tantas y tantas veces he escuchado: que la leche materna, por su infinita cantidad de sustancias beneficiosas, es oro líquido y ahí me di cuenta de que yo no podía tirar aquella leche a la basura. Así que en aquel instante, a las cuatro y pico de la madrugada, decidí que yo misma iría por la mañana a la residencia donde se encontraba Alma a llevar la leche, y se lo hice saber a Habiba que se quedó un poquito más tranquila. Mientras tanto guardé la leche en la nevera de neonatología, como solemos hacer habitualmente con la leche de las madres de los bebes ingresados en neonatología.

Al día siguiente Claudia Pariente y yo llevamos la leche a la residencia y, aunque no nos dejaron pasar, aceptaron quedarse con la leche. Sentimos que habíamos puesto una pica en Flandes, ya que nos dijeron que en aquella residencia -de bebés y niños preescolares- nunca habían dado ni conservado leche de madre. Aquella misma mañana abrimos el grupo de Facebool ¡Que el IMMF permita que Habiba amamante a su hija ya! para recabar apoyos. Solicitábamos cartas exigiendo la reunión madre e hija dirigidas a la directora del IMMF, al Defensor del Pueblo y con copia a la Fundación Raíces. En menos de 48 horas llegaron más de cuatro mil cartas y se inició una movilización creciente, que pronto pasó a ser internacional. Madres y ciudadanos de muchísimos lugares se movilizaron intensamente para lograr esa reunión, detener aquella injusticia y, si fuera posible, salvar aquella lactancia. Se demostró que la solidaridad entre madres es capaz de mover montañas. La movilización quedó recogida en el blog Todos somos Habiba.

Las tres semanas siguientes fueron de lo más intenso que personalmente he vivido. El 22 de junio, cuando le acompañamos a la visita de la niña, Habiba salió por fin con ella en brazos loca de alegría. La foto de madre e hija juntas, abrazadas y libres que saqué con el móvil y que encabeza esta entrada se convirtió en símbolo de esperanza y alegría por lo que habíamos logrado entre todas y todos, peleando por la no separación y el respeto a las madres y niñas y niños.

Nunca olvidaré la cara de susto que traía la pequeña Alma al salir del centro, como se aferraba a su madre, su pequeño rostro ojeroso, la tristeza con que reclinaba su cabecita sobre el hombre de su madre. Alma me ha enseñado cosas sobre el trauma que supone verse separada de su madre para una niña tan pequeña que además no tenía a nadie más en el mundo. Recuerdo momentos muy concretos de todo el tiempo que hemos compartido a lo largo de este año. Inicialmente Alma rechazaba el pecho por completo, y todas dimos aquella lactancia por perdida. En una ocasión le dimos a Alma el bebé glotón, un muñeco que le habían regalado y que se publicita como bebé lactante. Curiosamente nada más verlo lo primero que hizo Alma fue ponérselo a su pecho: tenía absolutamente interiorizado qué es lo que hay que hacer con un bebé.

Para nuestra sorpresa a finales de septiembre Habiba nos comentó que por las noches Alma volvía a tomar el pecho para dormir, aunque ella no tenía leche. Un mes después también lo pedía de día, y espontáneamente se produjo la relactancia: la leche volvió a fluir de los pechos de Habiba. Desde entonces hemos podido ver en numerosas ocasiones a madre e hija disfrutar de la lactancia a demanda. A los que afirman que los niños pequeños no se enteran o no recuerdan las cosas me gustaría contarles que ocho meses después Habiba y Alma junto con una trabajadora de la Fundación Raíces se acercaron a la residencia donde había estado Alma retenida tres semanas para intentar recuperar su cartilla de vacunación. No pudieron llegar hasta la puerta: sólo con ver el edificio Alma empezó a llorar desesperadamente. “Le cambió hasta el color de la cara, se puso muy muy pálida y no podía parar de llorar asustadísima, nos tuvimos que dar la vuelta y todavía luego estuvo un rato largo muy afectada, era obvio que recordaba aquello perfectamente” en palabras de la persona que les acompañó. Seguía traumatizada.

A lo largo de todo este año ha habido muchas personas cuidando a Habiba y Alma. Las mujeres de la Fundación Raíces han ido construyendo con ella un vínculo afectivo que le está permitiendo sanar poco a poco, y una red invisible de personas anónimas han seguido ayudándo de muy diversas formas: dándole trabajo, ofreciéndole alojamiento o con ayuda económica y material.

En el plano teórico he vuelto a hacerme la pregunta inicial unas cuantas veces. ¿Puede ser mala madre una mujer con los pechos llenos de leche? Creo que igual que se puede ser buena madre sin dar el pecho, la lactancia asegura algunas cosas importantes. Todos  los bebés necesitan una madre disponible, sensible, que responda a sus llamadas, que esté muy cerca. Necesitan sentirse queridos, y tener un contacto estrecho con la madre. Y como dijo Bowlby, que esa relación íntima, cálida y mantenida sea además satisfactoria y gozosa para ambas partes. Creo que ante una madre de una bebé de quince meses,  el hecho de que siga dando el pecho es  prueba o garantía de que todo eso ha exisitido y sigue existiendo. Y si hay otras dificultades entonces habrá que ver que más  apoyo necesita o quién está sosteniendo a esa madre, donde está la tribu que toda madre debería tener para poder maternar gozosamente.

No me gusta el concepto de mala madre. Sin embargo, cuando los servicios sociales retiran de forma abrupta la custodia de una bebé a su madre, solemos pensar eso: “será una mala madre, negligente o maltratadora”. En este caso sin embargo, y en algunos otros que he conocido, son los propios servicios sociales los que se comportan como una mala madre, despreciando las necesidades de vínculo y cariño de los más pequeños. Quiero seguir pensando que lo hacen desde la ignorancia más absoluta, aunque en toda la historia de Habiba hubo algunos profesionales que parecieron estar movidos por la maldad e incluso el odio a las madres.

A día de hoy me sigue entristeciendo la impunidad con la que obraron en este y otros muchos casos. La arrogancia y la falta de humildad. Ni una palabra de disculpa, ni intención de reparar la dignidad de esta madre a la que tan brutalmente agredieron. Pero también, lo que sucedió hace ahora un año me devolvió la esperanza en todo lo que podemos lograr movilizándonos. Y entendí hasta que punto es cierto esto que afirma  Casilda Rodrigañez: A la sombra de la cultura, el vientre todavía palpita.

Pedro Simón lo resumió muy bien: ¡Habiba es la leche!

17 comments

  1. Uf, esta historia me conmocionó mucho! Las personas que causaron tanto mal ¿siguen impunes?? Se les está dando cursos de lactancia o de humanidad y empatía? Aunque esto segundo no sé si se puede aprender o se tiene que llevar ya dentro…
    Un abrazo muy grande!

  2. Ibone, yo tampoco puedo olvidar esta historia, pues ha tenido además un valor muy simbólico; justo tal como lo dice Casilda Rodrigañez en el cierre de este post. Enhorabuena por todo lo que hiciste tu y la gente de Fundación Raíces para esta mujer y su hija.
    Heleni

  3. Gracias, Ibone, por este resumen y este homenaje tan conmovedor.
    Sin duda, la de Habiba es una de las historias más hermosas y esperanzadoras que he vivido.
    Dentro del panorama de miseria política que vive España, con personas sin escrúpulos y sin alma en todos los cargos -además de sin conocimientos- el final feliz de la historia de Habiba es un rayo de optimismo.
    Gracias, abrazos!

  4. Sin duda estas semanas fueron muy, pero muy potentes, se liberó tanta energía que creo que más que uno se asustó con nosotros, las madres y los padres, y nuestra capacidad de mover cosas. Recuerdo la canción que escuché en estos días mucho, y también el día que devolvieron Alma a su madre de la misma forma ilegal con la que la quitaron. Gracias por escribir, Ibone.

    Angela

  5. Gracias, Ibone, por este homenaje. ¡Cuántos recuerdos! Es maravilloso poder recordar todo lo que ocurrió sabiendo que acabó bien, con madre e hija juntas, incluso con una relactancia que ninguna hubiésemos imaginado. Es cierto que Habiba es la leche, los que la conocimos podemos dar fe.

    Para mí hubo un antes y un después de Habiba. Gracias a esa madre corajuda y a esa niña capaz de inspirar tanto a tantos miles de personas, nos dimos cuenta de que no somos individuos insignificantes que nada pueden hacer, sino que nos necesitamos los unos a los otros y que nuestra ayuda puede mover montañas. Tu labor fue inestimable gracias a tu enorme sabiduría emocional.

  6. Vivo, ahora mismo, momentos difíciles, mientras te leo caen lágrimas por mis mejillas: los sentimientos son ambivalentes, siento alegria y tristeza a un tiempo. Feliz de que este triste caso tuviera un final feliz, tristeza porque, desgraciadamente, hay tantos casos… tantas vidas, tant@s niñ@s, tantas mujeres con problemas… la burocracia debería ser menos complicada, los seres humanos deberiamos ser más empáticos y generosos, solo asi entiendo una sociedad mejor.
    Abrazos,

  7. ¡Ya hace un año! Por un lado parece que fue ayer, por otro parece tan lejano… qué alegría saber de ellas, saber que aquella lactancia volvió a abrirse camino, que las cosas van bien. Tantas horas de sueño perdidas hace un año, y tantas lágrimas de desesperación pensando en ellas, y ahora -por segunda vez- su historia me hace llorar, pero de alegría.
    Recuerdo las nanas de aquellas noches, amamantando a mi hijo de 2 años largos mientras lloraba por Alma, fueron momentos de los que se graban a fuego.
    Muchas gracias por dejarnos saber cómo siguió la historia, y por recordarnos lo poderosas que llegamos a sentirnos al ver por primera vez la foto del reencuentro. Así de poderosas somos, y así deberíamos sabernos.

  8. Qué emocionante y tierna manera de contar la atrocidad que se llevó a cabo con esta mujer. Mientras leía se me caían las lágrimas sin darme a basto a limpiarlas. Yo he amamantantado a mis dos hijas, una hasta los tres años y medio, y a la pequeña solo hasta los dos y pico, debido a la presión a que me ví sometida por algunas personas que me rodean, porque se encuentra en un percentil bajo pero con buena salud. Incluso han venido dos trabajadoras sociales a mi casa enviadas por alguien que me desprecia, acusándome de que la niña sólo tomaba pecho y que a eso se debía su bajo percentil. A dia de hoy, tiene tres añitos. No toma pecho y sigue igual de delgadita. Sigue en el mismo percentil en que nació. Qué arrepentida estoy por haberme dejado llevar por el miedo y haberle retirado el pecho a mi niña, en vez de dejar que la naturaleza actuara y que el destete se hubiese producido de manera natural y progresiva. Pero en ese tiempo tubo lugar el episodio de Habiba y me entró el pánico.
    Qué mal lo debió pasar esta mujer. Menos mal que tubo vuestra ayuda para recuperar a su hija y la lactancia. Qué valiente por no dejarse llevar por el miedo y continuar lactando.
    Gracias por esta gran labor.
    Un millón de besos.

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