Me fui

Hace unos meses, a principios de este 2014, dejé mi trabajo como psiquiatra en la sanidad pública, después de más de 19 años trabajando en la misma. Fue una decisión difícil para mi, dolorosa, lo pasé mal. Poco tiempo después me pidieron que escribiera el editorial para un numéro de la revista Mujeres y Salud dedicado de forma monográfica a la Salud Mental. Escribí entonces este texto que ahora comparto aquí explicando las razones.

LOCA(S)

???????????????????????????????Me fui. Hace pocos meses dejé el hospital público donde trabajaba como psiquiatra desde hacía 9 años. Me impulsó sobre todo la intuición de que si seguía allí iba a enfermar. Salí por la puerta de atrás, casi a escondidas, en medio de una profunda crisis profesional. Me siento traumatizada por el mal-trato y la violencia que he percibido y que a veces he ejercido yo misma en las urgencias psiquiátricas. Atendiendo malamente a montañas de pacientes con un alto sufrimiento (casi siempre por rupturas afectivas) al que desde lo público ya casi sólo se responde con más y más pastillas y /o contenciones mecánicas, eufemismo del clásico “atar a la cama”. Llegué a encontrarme a una mujer paralítica atada a la cama en una guardia, la propia paciente se reía al contármelo: ¡adonde se iba a escapar ella sin su silla de ruedas!
Tuve una pesadilla. Había un preso condenado a muerte al que iban a ejecutar. Alguien, no sé quién, me venía a buscar. Me pedían que le diera un calmante al preso, para que pudiera afrontar su ejecución más tranquilamente. Yo respondía horrorizada: “¿Cómo podéis pedirme esto a mí, si yo estoy absolutamente en contra de la pena de muerte?” “- Le vamos a ejecutar igualmente”, me decían. “Lo que opines sobre la pena de muerte da igual, lo único que queremos saber es si quieres ayudar a este pobre hombre a estar más tranquilo en sus últimos momentos o no”. En algún momento yo accedía, le daba un ansiolítico, le ejecutaban. El resto del sueño yo lo pasaba atormentada, preguntándome a mí misma cómo era posible que me hubieran convencido, como había accedido a ser cómplice de una ejecución. Que angustia.
Era fácil ver que en esa pesadilla estaban magnificados hasta el extremo muchos de mis conflictos cotidianos en el hospital. ¿Soy cómplice de la violencia cuando intento aliviar el sufrimiento de los que la padecen? ¿Puedo trabajar dignamente en un sistema público cada vez más deteriorado donde muchos profesionales nos sentimos maltratados por los que nos dirigen? ¿Hasta cuándo resistir? ¿Cómo ocuparme de la salud mental de los demás cuando corre serio peligro la mía? Al fin y al cabo ¿qué entendemos por salud mental? ¿Y qué hay de la salud mental de las mujeres? ¿No es acaso señal de salud no adaptarse a un mundo enfermo, donde son tan frecuentes los abusos a las niñas y prima la presión para anular nuestros cuerpos y deseos? ¿Y el sufrimiento que me genera la destrucción de la naturaleza, donde se contempla?
Me remitieron a la consulta del psiquiatra. Este, un hombre afable y cariñoso, me pasó un artículo con un título muy ilustrativo: “Prevención del suicidio en médicos”. En el mismo se mencionaba que “la tasa de suicidio de las médicas es claramente superior a la de los médicos, siendo esta tendencia aún más pronunciada entre psiquiatras y anestesistas”. Qué casualidad.
Buscaba respuestas a mis preguntas cuando me preguntaron si podía escribir el editorial a este número de Mujeres y Salud. Vaya, precisamente a mí y ahora. ¡Qué suerte! Así he podido leer y pensar con detenimiento en estos textos de Sara Toledano, Cristina Martín, Marta Carmona o Paula Tomé entre otras. Usuarias o profesionales, ¿dónde radica la diferencia? ¿Cómo ayudarnos las unas a las otras? En sus aportaciones una percibe el camino a seguir en esta necesaria y profunda revolución que se avecina en la salud mental y que como bien sabemos de las revoluciones en ciernes: será feminista o no será.
Paula Tomé en su maravilloso texto “Pacto de cuidados” afirma: “Mi concepto de salud mental pasa por devolver un lugar digno a estas experiencias mentales. Por redefinirlas y comprenderlas, por hacerlas propias y gestionarlas con mis propios recursos. Por desmedicalizarlas y despatologizarlas.”
???????????????????????????????¿Cómo? Seguramente ya lo estamos haciendo, dentro pero también, cada vez más, fuera del sistema. Recogiendo las aportaciones de autoras como Clarissa Pinkola Estés, Christine Northrup o Jean Sinoda Bolen y otras más cercanas como la Psicoterapia de Equidad Feminista de Soledsd Muruaga y Pilar Pascual. Escuchándonos sin juzgar, aceptando que cada uno de nuestros síntomas mentales y de nuestras emociones aparentemente inadecuadas son en realidad señal de una intuición sabia que trae un mensaje importante. Sosteniéndonos en los numerosos grupos y cada vez más florecientes Círculos de Mujeres donde celebramos nuestra naturaleza cíclica y aceptamos nuestro poderío.
Volviendo a la naturaleza y tomando sus herramientas como terapia: cambiando las consultas por paseos por bosques, permitiéndonos los masajes, la biodanza, el canto carnático o lo que haga falta para desenredar el ovillo de nuestras mentes. Sanándonos como nos da la gana. Relacionándonos usuarias y profesionales como lo que realmente somos: mujeres, personas, iguales, cuidadosas y necesitadas de cuidados. Como los compañeros de Batán (un centro de atención a drogrodependientes de la Comunidad de Madrid ocupado tras su cierre y reconvertido en una comunidad gestionada por usuarios y profesionales: Garaldea)
Nosotras, todas, tendremos que buscar nuevas maneras de escuchar nuestros síntomas. Recojamos el guante que nos lanza Paula Tomé cuando nos dice: “Queridas amigas feministas: Si lo personal es político, se vuelve urgente la necesidad de ampliar estos pactos, generando redes de apoyo mutuo, intercambio de experiencias y estrategias, y trabajo colectivo sobre estos temas”.
Las amigas. Cuando le conté a una que yo ya no podía seguir atendiendo a la gente así, como hacíamos en la urgencia psiquiátrica habitualmente, sonriendo me exclamó: ¡Te has curado!

29 comments

  1. Ànimo y suerte. Espero que el cambio no te haya supuesto la ruina económica. Espero con ilusión tus actualizaciones del bloc. Nos hace mucha falta gente con tu lucidez. Besos y abrazos

  2. Un abrazo fuerte,
    Animo, encontraras el camino, y si decaes relee tu cuaderno azul, o era rojo?. Y siente el agradecimiento de todos a los que si nos has ayudado como tú querías

  3. Te leo como usuaria de la sanidad pública, horrorizada de que “para una buena que había la perdemos”. Que comprendo tu postura perfectmente, pero ¡que pena! que el sistema sanitario español, no sea capaz de cuidar a sus mejores profesionales… Si “la empresa” no es capaz de mimar a sus propios profesionales motivados ¿cómo esperamos que nos traten bien a los usuarios?
    En fin. Un abrazo.

  4. Ibone. ¡Te quiero! Es una pena que el sistema o los que lo manejen sean tan incompetentes e incoherentes. Tus pacientes potenciales han perdido una gran doctora pero sé que tú no dejaras de ayudar de una u otra forma a mejorar el bienestar emocional de toda persona que se cruce contigo.
    gracias una vez más por ser como eres y por hacer tanto. X

  5. Aplaudo tu coherencia Ibone.
    Si no puedes cambiar nada ahí dentro te acabas convirtiendo en cómplice de la deshumanización del trato al paciente psiquiatrico. Porque no hay mayor violencia dentro del sistema sanitario que la que se ejerce contra los locos.
    Imagino que desde fuera seguirás trabajando para cambiar las cosas.
    Abrazo.

  6. Aplaudo tu coherencia Ibone.
    Si no puedes cambiar nada desde ahí dentro te acabas convirtiendo en complice de la deshumanización con la que se trata a los locos. Porque no hay mayor violencia dentro del sistema sanitario que la que se ejerce sobre el paciente psiquiátrico.
    Imagino que desde fuera continuarás trabajando por cambiar las cosas.
    Abrazo.

  7. Me ha encantado ese comentario de: ¡Te has curado! Me ha encantado leer tu post, porque veo que cada vez somos más los inadaptados y como bien dices ¿No es acaso señal de salud no adaptarse a un mundo enfermo? Pues eso, que cuantos más seamos los inadaptados, ¡casi que mejor!
    Está claro que hemos avanzado, pero en muchas ocasiones por los senderos equivocados. Pertenezco a una familia “femenina” hasta lo inimaginable. Segunda de cinco hermanas y madre de tres hijas y creo que ahora nos toca a las mujeres tomar el relevo para inspirar el cambio necesario y alejarnos de esos conceptos de lucha, de competitividad y de “consecución de objetivos” para intentar zarandear a la especie humana para que sea más amorosa, generosa y colaborativa. Y sé de muchos hombres que también están en ese camino. El otro está más que demostrado que nos ha alejado de la esencia de lo que debería significar ser “humano”

  8. Disfruta de la libertad. Yo abandoné el barco antes y nunca he hecho nada tan sanador y tan liberador… Sí, es una lástima que, como dice Pepa, “la empresa” no sea capaz de mimarnos… ¡pero que bueno darse cuenta y aprender a mimarse una!! Y aún desde fuera siempre se puede conspirar para mejorar lo de dentro, je,je!! Un abrazo de todo corazón!!!

    1. Aplaudo la valentía, honradez y coherencia de Ibone. Ya las conocía de antes. No le faltarán recursos personales y profesionales para salir adelante en este cambio de rumbo. Y siguiendo el hilillo de la referencia a “la empresa”, os comparto mi lema como enfermero en la sanidad desde hace 20 años: “Dignifica el cuidado a tus pacientes a pesar de tu empresa”… ¡Enhorabuena, Ibone!

  9. Ser mujer, psiquiatra en la sanidad pública, feminista, es incompatible con el sistema económico sanitario, en donde se trata de “aplacar los gritos del alma de las mujeres” con latigazos farmacológicos. Me alegro de tu decisión, aunque sienta que tus usuarias se han quedado desprotegidas.

  10. Hola Ibone, yo soy anestesista y ayer por primera vez me salté los protocolos acompañando al aseo a una mujer que estaba esperando para entrar a quirófano en vez de ponerle la cuña para que haga pipi en la camilla, que es lo que siempre hacemos. Y me sentí muy bien de no colaborar con un protocolo deshumanizado. No sé si se estarán los jefes y empezarán a decirme: «¿y si se hubiera caído por haberle puesto ya un ansiolítico?¿Y si te demanda por la caída?». No sé si lo harán, pero me gustaría que cundiera el ejemplo entre más compañeros y empezarams a tratar a los pacientes como personas. Supongo que tú ya lo has intentado y no has podido cambiar las cosas y por eso te has ido. Yo aún seguiré intentándolo

    1. No puedo más que aplaudirte…
      A veces estamos tan acostumbrados a los protocolos, a lo de “siempre”, que no somos capaces de ver lo obvio: cómo va a hacer pis en una cuña una persona que tiene la capacidad de levantarse e ir por sí misma al baño? Estamos ciegos?
      Gracias por ese gesto. Te honra

  11. Bravo.

    El baile al que me vi sometida por instituciones sociales durante unos años(psiquiatras, psicólogos, servicios sociales,…) duró hasta el día que decidí tomar al sartén por el mango, es decir, me negué a seguir medicándome -las pastillas no me traerían ni el trabajo, ni al hombre maravilloso que en todo caso me merecía tener-, y conseguí levantar la vista para mirar de frente a esas personas que me obligaban a hacerlo desde abajo, mediante comentarios y gestos paternalistas que obviaban a mi persona, mi cultura y que en cierta manera expresaban sin palabras lo que yo terminé creyendo, que no era merecedora de salir adelante, porque me decían de aquel modo que sola no podría hacerlo.
    Es decir, me señalaban por depender, y al mismo tiempo me amarraban a sus incoherencias, burocracias y visitas con cita previa.
    Hay muchas mujeres que están sufriendo estas transformaciones y pasando el calvario de decidir sobre el camino a tomar. No es fácil llegar a esa claridad, y menos lo es optar por la valiente decisión de salir del ruedo que en muchas ocasiones condena sin remisión al ostracismo más absoluto. Hoy tengo más claro que el poder del patriarcado sigue influyendo cada día en los cientos de decisiones que tomamos, muchas veces inconscientemente, y le condeno por ser el lastre que arrastramos las mujeres.

    La paradoja ha sido que desde que lucho en el frente de las “débiles”, sintiendo mi poder femenino, hablando y abriendo los ojos de otras mujeres, he ido recuperando mi verdadera fuerza. Los círculos de mujeres, la comprensión entre iguales del género, deberían ser punto de partida para terminar con los viejos esquemas y estimular que nos unamos y comencemos a vivir, con mayúsculas, como tú lo has hecho.

    Mucho valor y pensad que ahí fuera hay un mundo real que no nos cuentan en la consulta del psicólogo, en el centro comercial ni en las reuniones de adoradoras de ángeles celestiales.
    Un abrazo.

  12. Qué decirte que tú ya no sepas Ibone…
    Me fui por la misma puerta de atrás sólo unos meses antes y una de las cosas que más tristeza me producía era perderte como compañera.
    Pero haberte conocido y todo lo que habíamos compartido juntas, fue parte lo que me animó a superar el pavor de buscarme la vida fuera. Y me fui.
    Y aunque a nivel profesional he “perdido” muchas cosas, estoy mucho más tranquila y trabajo a mi estilo, que no es más que llamando a las personas por su nombre, mirándolas a la cara, cuidando los nacimientos con todo el cariño del que soy capaz y sintiendo que lo que hago, también me da paz a mi también (y a los que me rodean).
    Bravo valiente!!!
    No estás sola!!!!

  13. Hola Ibone,

    Estaba ahora preparando un post para mi blog, cuando tu post “Me fui” se ha cruzado en mi mente con el tema del que iba a hablar, y me ha parecido que a lo mejor, a lo mejor… te gustaría conocer a un médico “rarito”.

    Me refiero a Patch Adams, pero al verdadero, al que inspiró la película, pero que es mucho pero mucho más interesante que el de ficción. Un activista divertido, un maestro de compasión, tremendamente crítico con un sistema inhumano que hace negocio de la enfermedad, y con una psiquiatría que no se entera de qué va la vaina… y que hace muchos años que puso en marcha un proyecto que atrae a muchos médicos “raritos”. Te dejo aquí el enlace a su web The Gesundheit! Institute (http://www.patchadams.org)

    Te deseo toda la suerte del mundo!

  14. Estuve en neonatos en puerta d hierro y gracias a tus medicinales visitas en aquellos dificiles momentos yo pude salir de neonatos fuerte y firme como madre de gemelos prematuros… para mi es muy triste k alguien como tu deje de estar en la salud publica… vuelve!
    helena mama de nil y gael.

  15. Tuve una crisis muy similar hace unos años. Como psicóloga, tampoco continúo trabajando en el sistema público. Gracias Ibone por tu generosa reflexión, la comparto absolutamente. Me alegro de saber que cada día somos más. Un abrazo!

  16. Ibone, mil gracias por darle voz a los que el sistema calla, medica y niega. Gracias por devolvernos la conciencia de nuestro propio cuerpo-mente, que siempre va a favor, y no en contra, de recordarnos que los síntomas son una señal de aquello que necesitamos y de aquello que nuestro entorno necesita.

    Gracias por tanta sabiduría que miles de mujeres como tu han cultivado y trasmitido a lo largo de la historia.

    Gracias por ser tan valiente.

    Buen camino hermana¡

    d

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