La prevención de la tortura y los centros para menores infractores

Desde el año 2012 colaboro como Técnica Externa con el Defensor del Pueblo, en concreto con el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura. Este es un órgano independiente que lleva a cabo un sistema de visitas periódicas a los lugares en que se encuentran personas privadas de libertad con el fin de prevenir la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. Dentro de estos centros se incluyen los centros para menores infractores o centros de reforma, antiguamente conocidos como reformatorios. Son las visitas que suelo acompañar como técnica externa, se realizan siempre sin aviso previo.

42109391Como psiquiatra infanto-juvenil me entrevisto con los menores y jóvenes internos, así como con los profesionales de los equipos técnicos, educadores, etc. Escuchamos, preguntamos, observamos, valoramos el trato que reciben los chavales así como los tratamientos y terapias, algo que en algunos casos se incluye bajo el confuso concepto de “internamiento terapéutico” por orden judicial. Digo confuso porque existe bastante discrepancia en los criterios que motivan que algunos internos tengan esta recomendación en su orden de internamiento.

Desde que el Defensor publicó en 2009 el Informe sobre los centros de protección de menores con trastornos de conducta y en situación de dificultad social creo que la atención en los centros de reforma al menos ha mejorado considerablemente. Todo un logro, en parte creo que gracias a esta labor de seguimiento y en cierto modo auditoría que realiza el MNP. Sin embargo no sé cómo están los centros de protección, ya que esos no se visitan al no haber privación de libertad.

Lo llamativo para mí son las enormes diferencias que existen en los centros de una comunidad autónoma a otra, más allá de que la gestión sea pública o concertada con entidades privadas. Hay cada vez más centros donde el trato es muy bueno, donde hay educadores y psicólogos y demás profesionales francamente muy implicados en la ayuda a los jóvenes internos. En muchos centros lo tienen claro y trabajan desde la relación terapéutica, creando vínculos que para los menores suelen ser sanadores. En otros, los menos, no tanto.

Creo que es muy importante que se fomente el reconocimiento de las buenas prácticas en estos centros, que se compartan las experiencias, que se difunda y se creen foros de intercambio para profesionales. En algunos centros fomentan el deporte como herramienta clave para aliviar el estrés y prevenir la agresividad, en otros tienen huertos y animales que cuidar, o colaboran con asociaciones de discapacitados, otros enseñan a los chavales a cocinar maravillosamente, algo que les servirá de por vida…Además hay lugares donde se realiza una intervención específica en los casos de internamiento terapéutico que realmente es integral, no psiquiatrizante, de mucha calidad. A veces me da por soñar e imaginar cómo sería si además se potenciara la escucha empática, la comunicación no violenta, la biodanza y otras herramientas para el bienestar, no sólo de los internos sino de los trabajadores de los centros.

Los dos delitos que más están aumentando entre los jóvenes son la violencia intrafamiliar y los delitos sexuales. Ambos tienen mucho o todo que ver con los vínculos tempranos, con la crianza y los cuidados en los primeros años de vida. Y claro, algunos se sorprenden de que curiosamente los jovenes que cometen estos delitos a menudo provienen de familias de clase media o alta. A mí no me sorprende, he visto de cerca la soledad y tristeza de muchos niños pequeños de familias ricas, cuidados a menudo por mujeres “internas” que a veces eran despedidas o sustituidas sin que se tuviera en cuenta la importancia de esa persona a la que el pequeño se había vinculado con enorme fuerza. ¡Pobres niños ricos! Cuando escucho a estos internos y sus historias familiares siempre me pregunto por su nacimiento y pienso en sus madres y padres, y si habrían aplicado el peligroso método Estivill animados por sus pediatras…No puedo evitarlo. O si habrán sido víctimas de acoso y bullying en la escuela. Sufro especialmente cuando encuentro embarazadas internadas, o jóvenes que acaban de ser padres, ¡cuánto trabajo por hacer!

Quería compartirlo, también porque creo que la labor que se realiza desde el Defensor del Pueblo es muy importante y poco conocida. Sus trabajadores son para mí un referente, gente de la que aprendo en cada visita a ampliar la mirada, a detectar injusticias, a mediar en conflictos de forma casi imperceptible, a reconocer lo bueno por difícil que parezca en entornos muy hostiles, a cuidar y reconocer el mérito de profesionales que a veces trabajan donde nadie más quiere hacerlo. Están acostumbrados a visitar comisarías, cárceles, centros de internamiento de extranjeros, etc. y con su escucha en muchos casos aportan confianza y cierta esperanza en la justicia a los internos, a los más desesperados, reconociendo por encima de todo su dignidad y derecho al buen trato siempre. Les admiro. Os animo a visitar su web, donde también se pueden descargar los informes anuales.

 

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