Me gustan mis pacientes

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Tal vez palabras no sean las adecuadas. Mis pacientes: gente que viene a pedirme ayuda, escucha, opinión o consejo en momentos delicados de su vida. Entran y me cuentan. Su vida. Con una franqueza que me admira. Con valentía, con pudor, con lágrimas a veces. Casi siempre son mujeres en momentos relacionados con el inicio de la maternidad. O con la dificultad de ser madre. Embarazadas o con bebés o tal vez buscando ser madres. Padres también veo. Hombres que me gustan por su ternura, que cuidan a los bebés mientras ellas hablan o cuentan, que a veces juegan con el hijo o hija mayor para que ella pueda explicarme todo lo que viven, el desconcierto, la soledad, la culpa, el extrañamiento.  Las broncas. Las mujeres que hablan del miedo a no querer a sus hijos lo suficiente. Entonces suelo hacer de espejo: ¿no te das cuenta que ese miedo es precisamente porque ya le amas muchísimo más de lo que se considera suficiente? Me miran desconcertadas.

Los bebés en mi consulta nos regalan sonrisas, momentos de magia mientras sus madres lloran o me cuentan sus peleas con el mundo, con la vida, en esta sociedad hostil donde ya casi nadie habla en el metro o sonríe por la calle. Mis pacientes me cuentan y yo escucho, observo, miro a ver que siento. A veces les cuento eso, lo que siento. Lo que me señala mi cuerpo. Otras veces comparto algo que aprendí de otras y otros pacientes. Pequeñas joyas, perlas. Los bebés también señalan y reclaman.

A veces me quedo callada, sin encontrar la palabra. Maravillada. ¿Cómo decirles que me encantan? ¿Cómo explicarles cuanto me enseñan? Me reconozco en las dudas, en las miserias, en las pequeñas violencias cotidianas de las que yo también me avergüenzo… A veces me entran las ganas de confesarme, de contarles, o de llorar yo sus lágrimas. De agradecerles la enseñanza. Si vosotras supierais…

Salen en mis sueños. Cuando dejan de venir les extraño y de vez en cuando pienso en ellas. Los bebés ya andan. No entiendo apenas esta vida y aún menos como la vivimos. Colecciono momentos, destellos, caricias y palabras. También las babas.

Qué suerte ser psicoterapeuta. Una vez una amiga me dijo estas palabras:

_Cuando alguien te pide ayuda en realidad te está haciendo un regalo.

¡Es tan cierto!

A mis pacientes, mil gracias.

10 comments

  1. Una vez mas me siento tan identificada contigo y con lo que dices! Gracias por tomarte el tiempo de decir lo que otros tambien sentimos pero no sabemos expresar con tu maestria. Cuando llegué a Paris a formarme en psiquiatria infantil nuestro profesor nos recibio dandonos la enhorabuena porque habiamos elegido el mas bello oficio del mundo. Entonces no lo sabia pero ahora con la experiencia comparto contigo que si es tan bello es por todo lo que nos dan nuestros pacientes. De nuevo geacias por tu interesante blog

  2. Gracias a ti por recoger las sensaciones de los profesionales que trabajamos con PERSONAS, por plasmar lo que sentimos y también por recordárnos lo grande de nuestra profesión. Lo comparto en el facebook de Vínculo. Un abrazo

  3. Hace tres días un grandísimo compañero psicológo me contaba después de una excelente diserción sobre epigenética que después de las relaciones de pareja, personales, íntimas, la relación psicoterapéutica era la que neurofisiológicamente se había descubierto como la más importante por la cantidad de “bienestar” que nos generaba a todos los que somos psicoterapeutas y/o trabajamos con personas de manera estrecha.

    Lo comparto totalmente!

    Un abrazo Ibone!

  4. Qué suerte la de tus pacientes. Qué suerte la mía de ir a tus clases. En esta profesión, crecemos y vivimos. Qué pena que se nos pongan tantas trabas para ejercer todo lo que la sociedad necesita. Qué texto tan bonito. Me has hecho llorar de alegría.

  5. Qué bonito y que cierto! Yo soy fisioterapeuta y también sueño a mis pacientes, y como bastantes veces se me confiesan también los escucho y acabo entiendolos mejor. Cuando salen del hospital, en el que suelen quedarse una media de entre tres y seis meses, también me pasa de añorarlos, de escuchar una canción y que me acuerde de ellos.
    Qué bonito lo que escribes! Un abrazo

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