Cerrado por vacaciones

Recuperar la alegría. Celebrar su tímido pero imparable regreso. Dormir a pierna suelta. Oler la tierra al atardecer. Sonreír a los girasoles. Nadar a diario en un río, o en varios. Leer. Dejar las redes. Sufrir un poco menos. Ver tres crías de jabalíes en medio de la noche y, después, un tejón. Saludar a otras mamíferas.

Aceptar que todo cambia y que no me es posible cuidar tantas relaciones. Mandar abrazos en la distancia, en secreto y con todo el alma. Sin despedidas, hasta que la vida nos vuelva a cruzar.

Matar moscas y preguntarme quien soy yo para ejecutar insectos. Soñar nítidamente. Regar un huerto y descubrir que las acelgas cuando crecen parecen carnívoras. Observar las montañas.

Con silencio en la mirada.

 

 

 

Mi primer veneno o como promover la obesidad infantil

La obesidad infantil en España se ha multiplicado por 10 en los últimos 40 años. La prevalencia actual de obesidad infantil es de un 18%, a lo que hay que añadir un 23% de sobrepeso infantil. Las cifras de lactancia materna siguen siendo bajísimas. Mientras tanto, personas que se definen como feministas y que han tenido experiencias personales malísimas con sus lactancias, escriben libros criticando el lactivismo y niegan con desfachatez absoluta los enormes beneficios infinidad de veces demostrados que tiene la lactancia. El otro día lo expresé así en mi muro de Facebook: por un lado me sale decirles: siento mucho que no disfrutaras del placer de amamantar, siento mucho que no tuvieras apoyos, siento mucho que te sintieras presionada para amamantar. Por otra parte quiero gritar:, ¡amamantar es poderío, es placer, es ecología, es anticapitalismo, es salud, es goce, es rebelión e insumision, es milagroso, es (casi siempre) fácil, es una gozada…. Es feminismo puro….y ya. Desde distintos lugares otras mujeres también han respondido magistralmente a ese ataque a la lactancia que escuece aún más porque viene de una parte del feminismo.

Y me apetece insistir, explicar, informar. Que no, que el ruido que hacemos las lactivistas cuando intentamos animar a otras mujeres a disfrutar de la lactancia es mínimo comparado con el inmenso negocio que tiene montada la industria farmaceutica en torno a la alimentación infantil. Sí, es inmenso y es terrible, peligroso, ya que logra que muchísimas madres no consigan amamantar tanto como quisieran y luego se sientan culpables durante mucho tiempo.

Con cada madre que se convence de que no tiene suficiente leche, que fracasa en el intento por falta de apoyo y no por falta de ganas ni de deseo,  con cada madre que se rinde ante la enorme presión del “total, si con el biberón se crían igual” alguien se frota las manos. Alguien se enriquece. Alguien sabe que sus acciones en bolsa seguirán subiendo. Alguien obtiene pingües beneficios. No sólo vendiendo leche a esa madre, también con los cereales que vendrán después, con los antibióticos que necesitará ese bebé o las medicaciones para el asma, con los potitos y con los yogures, etc, etc…Detrás de todo ese negocio hay farmacéuticos, hay pediatras, médicos, algunas enfermeras… A los que la industria invita, unta, corrompe impunemente. Ellos y ellas, los que aceptan esos regalos disfrazados de formación, luego dirán que las madres eligen libremente y que ellos también recetan libremente. Nada más lejos de la realidad.

Estos días hemos sabido que la Asociación Española de Pediatría, la AEP, cobró más de dos millones de euros en cinco años por prestar su logotipo a productos infantiles. Vergüenza les tendría que dar. Afortunadamente conozco a muchos pediatras estupendos que se han salido de la AEP para no ser cómplices de todo ese chanchullo.

Afortunadamente también, investigadores independientes han publicado este informe que no tiene desperdicio: Mi primer veneno. Explica hasta que punto los “alimentos infantiles” son en su mayoría un timo consistente en añadir montañas de azúcar a alimentos procesados. Un timo y una amenaza para la salud. Una promoción nada inocente de la obesidad infantil.

Leedlo, compartidlo, difundidlo.

 

Maternando la esperanza

La semana pasada pude visitar un proyecto llamando Maternando, en Burjassot, Valencia. Sobre el papel es un centro de día para adolescentes embarazadas que “pretende ofrecer una respuesta efectiva y realista a la herencia social que reciben las y los jóvenes que provienen de contextos socio-económicos de vulnerabilidad y exclusión social“.

En realidad es mucho más. Es un espacio y un lugar para madres jovencísimas, adolescentes, gitanas o payas. Un lugar donde pueden descansar (dormir incluso un par de horas mientras alguien cuida a sus bebés), donde las educadoras se trabajan el no enjuiciar, y donde, sobre todo, se trata de ayudar a construir vínculos, lo que a veces también pasa por hacer duelos dificilísimos cuando se les retira la custodia de sus bebés…

Tarta de pañales
https://www.9lunas.com/

Todo ese trabajo es tremendamente difícil en circunstancias tan adversas y dentro de un sistema que percibe a estas madres como peligrosas y que ni siquiera reconoce a la diada madre bebé como unidad. En una sociedad que se olvida de las madres jovenes y sin recursos. Aquí y para ayudarles a generar ingresos han puesto en marcha una pequeña tienda online de “tartas de pañales”: un precioso obsequio para madres recientes que se puede adquirir desde cualquier lugar de España, contribuyendo asi a sostener el proyecto: 9lunas

Maternando es parte de La Dinamo, un colectivo que trabaja en la acción social con una coherencia que me parece excepcional y que merece todo el reconocimiento y apoyo posible. Además sostienen otro proyecto educativo para jóvenes, la AgroDinamo, que gira en torno al cuidado de una huerta ecológica en Godella. Así, cuidando a las madres y a los bebés, enseñando a los chavales a cuidar la tierra, produciendo alimentos de manera local y sostenible, nos ayudan entre otras cosas a conservar la esperanza, que buena falta nos hace.

La serie más bonita: Los Durrell

Disfruté tanto en mi adolescencia leyendo la trilogía de Corfú que ha sido maravilloso descubrir esta serie, Los Durrell. Basada en aquellos libros del naturalista Gerald Durrell con títulos insuperables: “Mi familia  y otros animales“, “Bichos y demás parientes” y “El jardín de los dioses“; la serie recrea la vida de esa madre inglesa que en los años treinta decidió irse con sus cuatro hijos a vivir a la, entonces paradisíaca, isla griega de Corfú.

Los libros me hicieron reir tantísimo que son de los pocos que he releído en mi vida. La serie es simple y llanamente deliciosa.  Disponible en Filmin, me parece absolutamente recomendable para reconectarse con la alegría de vivir en esta primavera lluviosa. Divertidísima y llena de amor por la naturaleza y los bichos. No sé cuantas veces voy a volver a verla, seguro que unas cuantas.

Os dejo el trailer.

 

Honduras: las valientes en peligro de extinción

Laura Zuñiga Cáceres es la hija pequeña de Berta Cáceres

Este lunes tuve la suerte de poder conocer y escuchar a Laura Zuñiga Cáceres, la hija menor de la llorada Berta Cáceres, en un coloquio organizado por Amnistía Internacional dentro de su campaña dedicada a las valientes defensoras de los derechos humanos que a menudo se juegan la vida en su activismo imprescindible.

Me emocionó mucho escucharla. Laura contó como se crió con el activismo en casa: el COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras) se fundó hace ahora vienticinco años, cuando ella ni siquiera tenía un año. Creció viendo como su madre Berta al igual que muchas otras personas de su comunidad se dejaban la piel denunciando la agresión a sus pueblos y sobre todo a su entorno natural, los preciosos bosques y selvas hondureños.

Laura nos acercó a la historia que han vivido en Honduras. Como desde el movimiento de base fueron construyendo políticamente, avanzando en la compresión de que era necesaria una reforma completa del país, más cuidadosa con las mujeres y los niños y las niñas, con los indígenas y con la tierra. Su madre Berta Cáceres andaba muy involucrada con el proyecto de reforma constitucional.

En los años 2008 y 2009, hubo asambleas autoconvocadas de mujeres y menores. Los niños pedían que se incluyera su deseo de “que nadie nos pegue”. El borrador de constitución incluía la Madre Tierra como sujeto de derecho. Entonces llegó el golpe de estado en 2009 y a partir de ahí las amenazas y persecución fueron constantes. Muy simbólicamente la primera ley fue la prohibición de la píldora del día después. La segunda, la ley de concesiones mineras que abrió la puerta al extractivismo más salvaje. A partir de ahí comenzaron a llegar grandes empresas extranjeras dispuestas a construir presas y minas con altísimo coste medioambiental a precio de ganga.

Los indigenas se movilizaron con todas sus fuerzas y lograron parar algunos proyectos. Berta fue encarcelada, acosada, difamada. Le acusaron de no querer el progreso de su pueblo, de estar loca, etc. Le ofrecieron dinero, muchísimo, a cambio de dejar la lucha. No aceptó. El precio que pagó Berta Cáceres, como muchos otros activistas, fue la propia vida. Todo por la defensa de los ríos y los bosques, que como bien dijo su hija Laura, es la defensa de la vida.

Ahí siguen. Su lucha por la naturaleza, por la tierra, es en realidad por todos, para todos nosotros, para nuestras hijas y nuestros nietos, para que este planeta siga siendo un lugar habitable y rico. ( Esa lucha se parece bastante a la que muchas otras personas lidian a diario en nuestro país para evitar que industrias ganaderas y mineras contaminen impunemente acuíferos, aunque aquí  la lucha no suponga un riesgo tan alto de perder la propia vida)

Nunca podremos agradecerselo lo suficiente, me temo. Pero nos toca ya ser más conscientes, comprender que cada céntimo que invertimos por ejemplo puede estar yendo a financiar proyectos en países como Honduras, y que parte de la financiación puede acabar siendo destinada a pagar sicarios que asesinen a gente como Berta. Como ella decía: Despertemos, ¡ya no hay tiempo!

Lloré escuchando a Laura, lloré por Berta y su familia, por todas las personas que han dado su vida, por el dolor de tanta injusticia…Y me reconforta como su gente la nombra, el día que mataron a Berta es ahora el día de la siembra de Berta,  a ella no la mataron, la sembraron…y vendrán miles de Bertas Cáceres.

Gracias Laura, gracias Copinh. Con amor, desde Casa Berta, barrio Esperanza.

(Mural pintado por mi hijo en la fachada de nuestra casa)

Insomnios cotidianos

Vivo en una calle sin coches, llena de gatos. Con pequeñas casas bajas y humildes, a un lado, y bloques feos y sin balcones al otro. Un trozo de pueblo viejo ahora rodeado de barrios de ricos en Madrid. Esperanza, se llama.

La otra tarde falleció mi vecino en su casa, al anochecer, tras noventa años de vida, los últimos sin memoria apenas. Su mujer se había negado a llevarle a una residencia a pesar de lo tremendamente difícil que era cuidarle. “¿Cómo voy a abandonarle ahora si llevamos toda la vida juntos?” me decía ella. Sólo accedió a que fuera a un centro de día unas horas por las mañana, “así al menos puedo hacer la compra y la comida“.

El niño, como ella le decía,  salía cada mañana para ir al centro de día en su silla de ruedas y ella le despedía con un beso en los labios. Coincidíamos muchos días, a veces se me saltaban las lágrimas viéndolos.

Ahora mis tres vecinas son viudas, la más joven tiene 88 años. Charlamos por el patio de par de mañana, a mediodía, al anochecer. Me cuentan muchas historias, me preguntan por mi, por mis hijos, por mis padres. Me hablan de un tiempo en el que no se podia conversar de patio a patio por la cantidad de ruido que hacían los niños, montañas de niños de todas las edades que en pandillas pasaban la mayor parte del día en la calle. Vestigios de una vida en extinción. De un tiempo, de una comunidad. Ahora casi no se ven niños, menos aún pandillas.

No puedo escribir sus nombres, tendría que preguntarles, me da pudor. No sé como hablarles de lo que significan para mi, de lo que me dan, de lo que su presencia cotidiana me aporta. Aunque ahora que lo pienso son las que mejor lo entenderían.

Escribo en mis ratos de insomnio, pienso en la gente que me sigue  y me lee y que a veces me sonríe o me abraza. En todas las historias comunes y aparentemente mínimas. En los íntimos desastres y en los insomnios cotidianos. A veces pienso en lo que me espera fuera. En este reconocimiento que ahora me llega y en el que a la vez me cuesta reconocerme, ese personaje que es iboneolza. En lo que la gente imagina de mi o de mi vida, en las cosas tan hermosas que me dicen, en mi soledad cotidiana mientras sigo intentando domesticar al enemigo interior, tan tóxico a veces.  Hay cosas que me pasan que me parecen muy difíciles de gestionar, de aceptar. Entonces me aferro a este trozo de patio, a mis plantas que ya no se me mueren, a mis vecinas, a mi perro compañero de largos paseos.

La buena noticia es que han vuelto mis ganas de escribir.

Feliz Otoño desde Esperanza.

La burbuja porcina

El fin de semana pasado participé en el I Encuentro Estatal de Ganadería y Medio Ambiente en Loporzano, Huesca. Un lugar precioso al que vuelvo siempre que puedo y que ahora se moviliza para evitar ser contaminado por una enorme granja de ganado porcino.

Aprendí muchas cosas. Básicamente lo que está pasando con la ganadería intensiva en nuestro país es un horror. La burbuja del porcino es sólo un ejemplo. Intentaré explicarlo de manera breve y sintética (os recomiendo leer el informe ¿Un país para cerdos?) . En varios pueblos y lugares de nuestro país se instalan macro granjas de cerdos. En muchos casos los trámites se aceleran para su apertura, a veces de forma dudosamente legal, sin tener en cuenta las declaraciones de impacto ambiental, de donde va a salir el agua o que se va a hacer con la enorme cantidad de residuos que estas granjas generan (las heces de los cerdos, más conocidas como purines). Las macro granjas conllevan una inversión importante para el ganadero, aunque casi nada de ese gasto va en empleo (menos de un 3%, es decir, no es cierto que se genere empleo y si se hace es poco, precario y en pésimas y condiciones).

Las granjas, entre otras cosas, apestan el aire. Los cerdos están encerrados en condiciones terribles, casi sin poder moverse y se les engorda a velocidad récord. El agua que necesitan (muchísima) a menudo se obtiene de acuíferos ya seriamente amenazados por la sequía. Los excrementos o purines se intentan utilizar como abono dando una falsa impresión de reciclaje. Lo cierto es que estos purines contaminan enormemente los campos y los acuíferos, y se convierten en nitritos y nitratos, que finalmente también aumentan los índices de cáncer de estómago y colón en la zona.

El resultado más visible es que ahora se puede comprar mucho embutido, jamón serrano, etc…por muy poco dinero en las grandes superficies como Mercadona. Claro que cualquier día estas grandes superficies trasladarán la producción a países menos exigentes donde sea todavía más barata la producción, asi que es previsible que muchas de estas granjas terminen cerrando tarde o temprano, pero para entonces ya estará hecho el daño: nos habremos quedado sin agua y con los campos llenos de mier…

En el encuentro en Loporzano participaron ganaderos que defienden la ganadería extensiva (mas tradicional), activistas, veterinarios, alcaldes (que contaron como en sus pueblos las macrogranjas les contaban el cuento de la lechera), y todo tipo de ciudadanos de pueblos que vieron como de un día para otro les instalaban una granja, junto a asociaciones como Amigos de la Tierra, Food and Water Europe, o el Grup de Defensa del Ter que lleva ya años denunciando la situación en Cataluña. Se creó una plataforma estatal que coordinará la resistencia a la ganadería intensiva.

Desde el Reino Unido llegó Philip Lymberly, activista y autor del libro La carne que comemos: el verdadero coste de la ganadería industrial. Un libro imprescindible que debería servirnos para cambiar definitivamente nuestros hábitos de consumo. Lo principal: comer mucha menos carne y que esta provenga de modelos de ganadería sostenibles. Por nuestra salud y la de nuestra madre tierra.

 

Salvemos los árboles del parque San Juan Bautista

parque2Lo que más me gusta de mi barrio, este lugar de Madrid en el que vivo desde hace más de doce años,  son los árboles. Hay muchisimos y son hogar de cientos de pájaros: mirlos, carboneros, herrerillos, pico picapinos, halcón peregrino, mirlos, petirrojos, autillo, además de murciélagos y algunas especies de mariposas nocturnas. Una delicia.

Hace pocos días me enteré de que casi la mitad de estos árboles estaban sentenciados. El llamado Plan de Regeneración del Arbolado en realidad es un plan de exterminio del arbolado. Por desgracia la historia se repite. El Ayuntamiento de Madrid otorgó el 19/6/2013 la gestión del cuidado de jardines de la zona Madrid 4 (incluye Ciudad Lineal y Hortaleza) por 8 + 2 años a la empresa OHL segun parece por un módico precio que rondaba los 36 millones de euros anuales + IVA, más otros 20 creo destinados a comprar maquinaria. Curiosamente (o no) eso no ha mejorado la situación de los árboles y jardines sino todo lo contrario: muchos no han sido podados desde hace tiempo, algunos están enfermos y unos pocos son realmente peligrosos porque se pueden romper y caer en cualquier momento. Es decir, la empresa no ha hecho su trabajo en este tiempo.  ¿O tal vez sí? Depende de cual sea el objetivo de la empresa, claro. Porque ahora la empresa se ha sacado un informe en el que dice que hay que talar inmediatamente 519 árboles de los 1.151 que tiene el parque.

parque1La mayoría de estos árboles sólo necesitan una pequeña poda, y tan sólo un pequeño porcentaje necesita ser talado. Pero claro, para la empresa es mucho más beneficioso talar a saco, poner en su lugar pequeños arbolitos que no necesitan tanto cuidado y asi tener que dedicar mucho menos dinero al cuidado de los jardines los próximos tres o cuatro años. El beneficio económico puede ser mayúsculo.

Para los vecinos, la tala de todos esos árboles sería trágica. Los árboles dan sombra y frescura a estas plazas y calles. Permiten que una se pueda sentar en verano tan ricamente, que los niños puedan jugar, que la temperatura llegue a ser dos grados menor que en otros barrios en días de sol, etc…

Por eso proponemos que se paralice la tala, que se pode inmediatamente los árboles más dañados, que se sustituyan los olmos enfermos, que se nos escuche y que expertas independientes realicen un estudio de impacto ambiental.

Y sobre todo que se investigue. Porque parece que lo que hay detrás es más de lo mismo: el expolio de la riqueza pública a manos de empresas privadas que no tienen ninguna vinculación ni cuidado con los asuntos que gestionan y que sólo piensan en obtener el máximo beneficio económico.

Puedes ayudarnos firmando la petición en Change.org , difundiendo la información y/o viniendo mañana jueves 9 de junio a las 18 horas a protestar en la calle Torrelaguna a la altura del número 85.

¡Salvemos los árboles del San Juan Bautista!