Maternando la esperanza

La semana pasada pude visitar un proyecto llamando Maternando, en Burjassot, Valencia. Sobre el papel es un centro de día para adolescentes embarazadas que “pretende ofrecer una respuesta efectiva y realista a la herencia social que reciben las y los jóvenes que provienen de contextos socio-económicos de vulnerabilidad y exclusión social“.

En realidad es mucho más. Es un espacio y un lugar para madres jovencísimas, adolescentes, gitanas o payas. Un lugar donde pueden descansar (dormir incluso un par de horas mientras alguien cuida a sus bebés), donde las educadoras se trabajan el no enjuiciar, y donde, sobre todo, se trata de ayudar a construir vínculos, lo que a veces también pasa por hacer duelos dificilísimos cuando se les retira la custodia de sus bebés…

Tarta de pañales
https://www.9lunas.com/

Todo ese trabajo es tremendamente difícil en circunstancias tan adversas y dentro de un sistema que percibe a estas madres como peligrosas y que ni siquiera reconoce a la diada madre bebé como unidad. En una sociedad que se olvida de las madres jovenes y sin recursos. Aquí y para ayudarles a generar ingresos han puesto en marcha una pequeña tienda online de “tartas de pañales”: un precioso obsequio para madres recientes que se puede adquirir desde cualquier lugar de España, contribuyendo asi a sostener el proyecto: 9lunas

Maternando es parte de La Dinamo, un colectivo que trabaja en la acción social con una coherencia que me parece excepcional y que merece todo el reconocimiento y apoyo posible. Además sostienen otro proyecto educativo para jóvenes, la AgroDinamo, que gira en torno al cuidado de una huerta ecológica en Godella. Así, cuidando a las madres y a los bebés, enseñando a los chavales a cuidar la tierra, produciendo alimentos de manera local y sostenible, nos ayudan entre otras cosas a conservar la esperanza, que buena falta nos hace.

La serie más bonita: Los Durrell

Disfruté tanto en mi adolescencia leyendo la trilogía de Corfú que ha sido maravilloso descubrir esta serie, Los Durrell. Basada en aquellos libros del naturalista Gerald Durrell con títulos insuperables: “Mi familia  y otros animales“, “Bichos y demás parientes” y “El jardín de los dioses“; la serie recrea la vida de esa madre inglesa que en los años treinta decidió irse con sus cuatro hijos a vivir a la, entonces paradisíaca, isla griega de Corfú.

Los libros me hicieron reir tantísimo que son de los pocos que he releído en mi vida. La serie es simple y llanamente deliciosa.  Disponible en Filmin, me parece absolutamente recomendable para reconectarse con la alegría de vivir en esta primavera lluviosa. Divertidísima y llena de amor por la naturaleza y los bichos. No sé cuantas veces voy a volver a verla, seguro que unas cuantas.

Os dejo el trailer.

 

Honduras: las valientes en peligro de extinción

Laura Zuñiga Cáceres es la hija pequeña de Berta Cáceres

Este lunes tuve la suerte de poder conocer y escuchar a Laura Zuñiga Cáceres, la hija menor de la llorada Berta Cáceres, en un coloquio organizado por Amnistía Internacional dentro de su campaña dedicada a las valientes defensoras de los derechos humanos que a menudo se juegan la vida en su activismo imprescindible.

Me emocionó mucho escucharla. Laura contó como se crió con el activismo en casa: el COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras) se fundó hace ahora vienticinco años, cuando ella ni siquiera tenía un año. Creció viendo como su madre Berta al igual que muchas otras personas de su comunidad se dejaban la piel denunciando la agresión a sus pueblos y sobre todo a su entorno natural, los preciosos bosques y selvas hondureños.

Laura nos acercó a la historia que han vivido en Honduras. Como desde el movimiento de base fueron construyendo políticamente, avanzando en la compresión de que era necesaria una reforma completa del país, más cuidadosa con las mujeres y los niños y las niñas, con los indígenas y con la tierra. Su madre Berta Cáceres andaba muy involucrada con el proyecto de reforma constitucional.

En los años 2008 y 2009, hubo asambleas autoconvocadas de mujeres y menores. Los niños pedían que se incluyera su deseo de “que nadie nos pegue”. El borrador de constitución incluía la Madre Tierra como sujeto de derecho. Entonces llegó el golpe de estado en 2009 y a partir de ahí las amenazas y persecución fueron constantes. Muy simbólicamente la primera ley fue la prohibición de la píldora del día después. La segunda, la ley de concesiones mineras que abrió la puerta al extractivismo más salvaje. A partir de ahí comenzaron a llegar grandes empresas extranjeras dispuestas a construir presas y minas con altísimo coste medioambiental a precio de ganga.

Los indigenas se movilizaron con todas sus fuerzas y lograron parar algunos proyectos. Berta fue encarcelada, acosada, difamada. Le acusaron de no querer el progreso de su pueblo, de estar loca, etc. Le ofrecieron dinero, muchísimo, a cambio de dejar la lucha. No aceptó. El precio que pagó Berta Cáceres, como muchos otros activistas, fue la propia vida. Todo por la defensa de los ríos y los bosques, que como bien dijo su hija Laura, es la defensa de la vida.

Ahí siguen. Su lucha por la naturaleza, por la tierra, es en realidad por todos, para todos nosotros, para nuestras hijas y nuestros nietos, para que este planeta siga siendo un lugar habitable y rico. ( Esa lucha se parece bastante a la que muchas otras personas lidian a diario en nuestro país para evitar que industrias ganaderas y mineras contaminen impunemente acuíferos, aunque aquí  la lucha no suponga un riesgo tan alto de perder la propia vida)

Nunca podremos agradecerselo lo suficiente, me temo. Pero nos toca ya ser más conscientes, comprender que cada céntimo que invertimos por ejemplo puede estar yendo a financiar proyectos en países como Honduras, y que parte de la financiación puede acabar siendo destinada a pagar sicarios que asesinen a gente como Berta. Como ella decía: Despertemos, ¡ya no hay tiempo!

Lloré escuchando a Laura, lloré por Berta y su familia, por todas las personas que han dado su vida, por el dolor de tanta injusticia…Y me reconforta como su gente la nombra, el día que mataron a Berta es ahora el día de la siembra de Berta,  a ella no la mataron, la sembraron…y vendrán miles de Bertas Cáceres.

Gracias Laura, gracias Copinh. Con amor, desde Casa Berta, barrio Esperanza.

(Mural pintado por mi hijo en la fachada de nuestra casa)

Insomnios cotidianos

Vivo en una calle sin coches, llena de gatos. Con pequeñas casas bajas y humildes, a un lado, y bloques feos y sin balcones al otro. Un trozo de pueblo viejo ahora rodeado de barrios de ricos en Madrid. Esperanza, se llama.

La otra tarde falleció mi vecino en su casa, al anochecer, tras noventa años de vida, los últimos sin memoria apenas. Su mujer se había negado a llevarle a una residencia a pesar de lo tremendamente difícil que era cuidarle. “¿Cómo voy a abandonarle ahora si llevamos toda la vida juntos?” me decía ella. Sólo accedió a que fuera a un centro de día unas horas por las mañana, “así al menos puedo hacer la compra y la comida“.

El niño, como ella le decía,  salía cada mañana para ir al centro de día en su silla de ruedas y ella le despedía con un beso en los labios. Coincidíamos muchos días, a veces se me saltaban las lágrimas viéndolos.

Ahora mis tres vecinas son viudas, la más joven tiene 88 años. Charlamos por el patio de par de mañana, a mediodía, al anochecer. Me cuentan muchas historias, me preguntan por mi, por mis hijos, por mis padres. Me hablan de un tiempo en el que no se podia conversar de patio a patio por la cantidad de ruido que hacían los niños, montañas de niños de todas las edades que en pandillas pasaban la mayor parte del día en la calle. Vestigios de una vida en extinción. De un tiempo, de una comunidad. Ahora casi no se ven niños, menos aún pandillas.

No puedo escribir sus nombres, tendría que preguntarles, me da pudor. No sé como hablarles de lo que significan para mi, de lo que me dan, de lo que su presencia cotidiana me aporta. Aunque ahora que lo pienso son las que mejor lo entenderían.

Escribo en mis ratos de insomnio, pienso en la gente que me sigue  y me lee y que a veces me sonríe o me abraza. En todas las historias comunes y aparentemente mínimas. En los íntimos desastres y en los insomnios cotidianos. A veces pienso en lo que me espera fuera. En este reconocimiento que ahora me llega y en el que a la vez me cuesta reconocerme, ese personaje que es iboneolza. En lo que la gente imagina de mi o de mi vida, en las cosas tan hermosas que me dicen, en mi soledad cotidiana mientras sigo intentando domesticar al enemigo interior, tan tóxico a veces.  Hay cosas que me pasan que me parecen muy difíciles de gestionar, de aceptar. Entonces me aferro a este trozo de patio, a mis plantas que ya no se me mueren, a mis vecinas, a mi perro compañero de largos paseos.

La buena noticia es que han vuelto mis ganas de escribir.

Feliz Otoño desde Esperanza.

Kufungisisa

Kufungisisa en shona significa “pensar demasiado”, de manera enfermiza. Preocuparse, obsesionarse, deprimirse…Una palabra que sintetiza lo que en occidente entendemos como ansiedad o depresión. Para aliviar el Kufungisisa se diseñó el Frienship Bench, una intervención sumamente sencilla: hablar de lo que te pasa con una mujer mayor que sabe escuchar, sin juicios, y que te ayuda a ir resolviendo algunos problemas cotidianos. Primero de forma individual y luego en grupo, mientras van tejiendo bolsos con plásticos reciclados (bolsas de basura, cintas de video…) dando forma a las preciosas ZEE bags con lo que consiguen algunos pequeños ingresos.

Tejer, compartir, cantar: cuando lo que han contado es demasiado doloroso espontáneamente comienzan el canto. En grupo con otras madres y abuelas, con los nietos en brazos o a la espalda.

Voy introduciendome en la compleja realidad de estas mujeres zimbabuesas poco a poco. No sé bien como no pensar demasiado. Las historias son durísimas. La palabra privilegio se queda pequeña. No sé que decir. (Los árboles aquí son preciosos, inmensos, ¿qué pensarán ellos? )

Para curar kufungisisa hay que abrir la mente: kuvhura pfungwa. Juntas, buscar una solución: kusimbisa. Y compartirla en el Circle Kubana Tose: el grupo de apoyo. Hope, live, heal. Esperar, vivir, sanar…Me quedo con esto:

Si quieres llegar rápido, vas sola,

si quieres llegar lejos, vais juntas.

 

 

El banco de la amistad

Este mes se cumplen treinta años de mi primer viaje a Canadá. Yo tenía entonces 16 años, me disponía a pasar un año entero con una familia a la que no conocía.  Ibamos con AFS Intercultura, una veterana asociación que promueve la paz en el mundo facilitando el intercambio entre jóvenes de todo el mundo. En el vuelo de ida con otros cincuenta jóvenes de todo Europa me senté con Ruth Verhey, una chica alemana, y allí comenzó una amistad de esas que, sólo con el tiempo lo comprendes, es uno de los regalos más preciosos que te ha hecho la vida.

Esa misma vida que nos ha ido pasando con intensidad abrumadora tantísimas veces a las dos, recolocándonos mientras criabamos tres hijos cada una y compartíamos vocación por aliviar el sufrimiento propio y ajeno, ahora nos vuelve a reunir. Hace ya unos cuantos años que Ruth vive en Zimbabwe. Allí ella, psicóloga experta en trauma, y el psiquiatra Dixon Chibanda crearon hace una década The Friendship Bench. Un proyecto de atención y ayuda a las más excluidas de los más excluidos: mujeres con trastorno mental grave, seropositivas en su mayoría. Para atenderlas formaron a mujeres mayores de la comunidad, abuelas casi todas, en apoyo psicológico y terapia cognitiva básica. Estas mujeres sabias escuchan a las que sufren sentadas en un banco en el parque, algo más fácil y menos estigmatizante que acudir a la consulta de un psiquiatra o psicólogo, lo que de todas formas era inviable para ellas.  Para financiar el proyecto además comenzaron a reciclar bolsas de basura convirtiendolas en bolsos: las Zee Bags.

El proyecto ha ido creciendo y ahora, cuando se han investigado sus resultados, se está demostrando que como intervención es muy eficaz y probablemente extrapolable a muchos otros contextos. (Algo que a mi me interesa especialmente de cara a desarrollar programas de atención a la salud mental perinatal).

Viajo a Zimbabwe a conocer The Friendhsip Bench y a celebrar nuestra amistad, segura de que también nosostras nos sentaremos en algun banco del parque a aliviar nuestras cargas y reirnos de nuestros pesares, como hemos hecho tantas veces en estos últimos treinta años. ¡Ya os contaré!

Nuestro lugar en el mundo

Me preguntaron cual era mi lugar en el mundo y no supe qué responder: aún debo andar buscándolo. (Al menos ya sé a qué huele: a tierra mojada, y qué tiene: árboles, monte y río o arroyo).

Las mujeres de Lactamor decidieron organizar este año el encuentro de Maternidad Vía Láctea originado en Jaca con esta frase: “desde nuestro lugar en el mundo“. Nos acogieron en oreciosa casa rural La Kabaña y conforme llegamos nos regalaron una preciosa y delicada pieza de artesanía: un alegre coño musical.

Me emocioné al reconocer en Navia las señas de identidad de los cursos de Jaca: la colchoneta en el centro del aula para los bebés y madres, los niños entrando y saliendo felices a sus anchas, el útero florido presidiendo el aula. Calor y abrazos, cuidados entrañables.

A la entrada una preciosa exposición: los regalos que se han ido haciendo las mujeres de Lactamor en sus particulares fiestas de despedida de embarazo. Regalos artesanos siempre.

Creo que ahí está nuestro lugar en el mundo, en la artesanía, en el tiempo para estar y escuchar, en criar despacio, en la fabada deliciosa que nos cocinaron a fuego lento, que como bien dijo María del Mar casi casi lo más revolucionario ahora sea cocinar, entre las madres que amamantan libremente y los padres que acunan bebés, junto a las pandillas de niños que descubren caracolas o regalan abrazos junto al mar…

Las mujeres de Lactamor nos hicieron este regalo: un video precioso que recoge sus fiestas de despedida de embarazo. Hay que verlo, emocionarse, compartirlo. Para que todas las madres tengan una fiesta así en algun momento de su vida, para que todas encuentren su tribu y un lugar en el mundo en el que poder criar sin violencia. ¡Alas de libertad!

 

 

Nurture Project: un año con las madres refugiadas

Hace ahora un año, en marzo de 2016, un grupo de mujeres de distintos lugares del mundo llegó a Grecia para ofrecer apoyo urgente a las mujeres y madres refugiadas. En medio de la enorme crisis humanitaria las fundadoras de Nurture Project International decidieron crear una ONG dedicada a ayudar a las embarazadas y madres recientes, a apoyarlas en sus lactancias, a cuidar a sus bebés y niños pequeños nacidos en situaciones durísimas, a facilitar la nutrición y alimentación de los más pequeños, inocentes e indefensos. Esa ayuda puede incluir cosas tan mundanas como conseguir pañales para los bebés o compresas para las mujeres, dar fruta fresca a los niños, ofrecer un masaje, atender una consulta de lactancia o dar la mano a una parturienta en su parto en un hospital donde nadie habla su idioma.

Como ya conté (La vida en la gasolinera, Refugiadas embarazadas, La infancia refugiada, Mi experiencia con NPI) en abril del año pasado estuve una semana como voluntaria con NPI en un campamento cerca de Idomeni. Todavía recuerdo con emoción todo lo que allí viví y aprendí, y agradezco la experiencia.

Somos muchas las que hemos compartido ese voluntariado: matronas, enfermeras, psicólogas,  y mujeres de otros ámbitos profesionales o jubiladas, decidieron pasar sus vacaciones o su tiempo en Grecia ayudando a bañar bebés o cuidando a las embarazadas y puérperas. Agunas voluntarias tuvieron experiencias complicadas y a menudo decepcionantes. Es normal, más aun con una ONG que acaba de empezar en medio de una crisis con un caos importante entre todas las ONGs que intervienen. Pese a ello creo que la labor de NPI ha sido magnífica, y lo sigue siendo. Ahora, además de seguir apoyando a las refugiadas en Grecia en sus nuevos alojamientos (la mayoría ya han dejado los campamentos), han comenzado a trabajar en los Mosul, Irak.

La fundadora de NPI, Brooke Bauer, ha obtenido recientemente el Premio Miriam H. Labbok por la Excelencia en el Apoyo a la Lactancia en el Congreso de Lactancia y Feminismo. Este es un extracto de la carta que escribí para apoyar su nominación:

I was able to volunteer with NPI in Greece briefly in April 2016. I can only express my admiration and gratitude to Brooke Bauer and the work Nurture Project International is doing supporting refugee women to breastfeed, work that I think deserves the highest recognition.

NPI empowers women who are in some of the most difficult circumstances and who in many cases have witnessed or endured significant violence due to war and are suffering trauma. In those situations of high vulnerability, the support NPI offers is of incredible valuable. NPI creates a safe place for pregnant women and recent mothers. They are given evidence based information regarding breastfeeding, and supported to do so in many practical ways: from food for the mothers to listening or even a massage. The most effective breastfeeding support starts by having other women showing the mother trust in her capacity to breastfeed. At NPI that support comes from a group of women volunteers from many different countries, most of whom are also mothers and/or breastfeeding experts. The refugee women become empowered: at NPI tents they feel honoured to be mothers, listened to, understood, supported. Each lactation succeed is celebrated, each infant thriving is cherished. Women get to receive recognition from the volunteers, who listen to them with their heart opened and biggest respect. I believe this is a unique intervention promoting women´s empowerment.

By creating a safe place for women to women support, where pregnant women, mothers, babies and children are welcome NPI is not only giving the infants the best chance to have a better health and future, it is also promoting peace and hope. The connections created between refugees and volunteers are beautiful stories of women´s helping each other and learning and growing together. I think the Miriam H. Labbok Award will be a beautiful way to recognise Brooke´s Bauer visionary project and to support it even further.

Felicidades a Brooke y a todas las voluntarias de NPI por tantísimo trabajo bien hecho.

Os dejo con el video que resume este primer año: ¡es precioso!

Hallelujah

img_20161208_104406En los primeros instantes del año, el  1 de enero de este 2016, mi perro Cooper salió corriendo monte arriba asustado por los cohetes y petardos que lanzaban en los pueblos más cercanos a donde nos encontrábamos. Esa noche no regresó y al día siguiente tampoco a pesar de que pasamos buena parte del día llamándole mientras recorríamos montes y campos.

El dos de enero amanecí sin él y con una angustia creciente. Cada vez me costaba más controlar mis pensamientos oscuros y miedos. ¿Y si no aparecía?¿Y si se había enganchado su correa en algún lugar y no podía moverse?¿Qué haría yo sin él?¿Estaría sufriendo? Intentaba no echar leña a la hoguera de mis pensamientos mientras me invadía el miedo a la soledad.

img_20161208_153741Horas después le vi venir hacia mí, corriendo monte abajo a la velocidad del rayo, y allí nos abrazamos como dos locos de júbilo entre el barro, la lluvia y mis lágrimas. No hay como perder algo o alguien y luego recuperarlo para saborear felicidad. Cooper querido, mi perro miedoso y juguetón, mi compañero más fiel.

2016 ha sido para mí difícil en lo íntimo. Ahora que recuerdo como empezó veo que ha tenido mucho de esos dos primeros días y noches. Vagar sola con miedo a perder relaciones, personas, o vínculos con lugares queridos. Algunos  esfuerzos son difíciles de  reconocer y nombrar. Sostener y cuidar vínculos con gente querida que se van desmoronando en este mundo de prisa y tránsitos. Aceptar los noes, vivir con la angustia, tolerar la tristeza de la pérdida. Esperar la alegría y celebrar sus primeros destellos como se celebra los primeros rayos de luz del amanecer tras una larga noche de invierno.  A veces vivir me resulta demasiado difícil, casi tanto como aceptar el final de la infancia o de la crianza.

img_20161208_122719Y pese a ello, tanto que agradecer y celebrar. An attitude of gratitude, como me recuerda mi amiga Helena. Cultivar la gratitud, como escribe Tatiana. El precioso milagro de seguir viva. Algunos de los momentos más preciosos que viví este año brillan en la distancia: jugando con los bebés refugiados sirios en Grecia, los paseos en los bosques otoñales canadienses, el recuentro con una amiga muy querida, la caótica y emocionante mudanza a mi nueva casita…

Gratitud. A los que aman. A los que seguís este blog, a los que me escribís y comentáis, a los que enviáis amor y luz en la distancia, a las que seguís tejiendo redes de madres y comadres, a mis alumnas. A Cooper, por regresar.

A Leonard Cohen, you got me singing, the Hallelujah hymn

Feliz 2017

Para Lola Molina, deseando que encuentre a su perrita Chuche

Jugar para sanar

Foto: Mireia Navarro y Victoria Peñafiel

Foto: Mireia Navarro y Victoria Peñafiel

Tenía cuatro años y había nacido de forma muy prematura: pasó sus primeros meses en una incubadora. Ahora era su hermano el que también había nacido demasiado pronto, en el mismo hospital en el que estuvo él siendo un bebé.

En ese Servicio de Neonatalogía alguien tuvo la brillante idea de ofrecer un taller para los hermanos y hermanas de los bebés ingresados. Un espacio de juego donde poder jugar a mamás y papás o médicos con muñecos en incubadoras, con sondas, tubos, estetoscopios y vendas. El taller se llamaba Projecte Germans y estaba pensando como paso previo al contacto de los niños con sus hermanitos-as recién nacidos prematuros, para facilitar la transición y adaptación en una situación tan difícil para toda la familia.

project-germanes-2Este pequeño no faltaba a ninguno de los talleres. Jugaba una y otra vez con los muñecos-bebés-prematuros. Probablemente estaba sanando su propio trauma como sanan los niños: jugando libremente en entornos seguros.

Nos lo contó la creadora del proyecto: Maria Emilia Dipp en la Jornada de Actualizacion en Salud Mental Perinatal que recientemente organizamos desde Terra Mater (todavía se puede ver online). En su ponencia “Acompañamiento emocional y psicoterapéutico a las familias con bebés hospitalizados” Maria Emilia explicó como el juego simbólico les sirve a los niños y niñas para elaborar una situación traumática.

Jugar para sanar. No sólo los más pequeños, también los padres sanan jugando con sus hijos-as. Incluso los profesionales: la propia creadora del proyecto estuvo ingresada en una incubadora al nacer con su hermana melliza. Seguramente ese pequeño detalle explique muchísimo: la calidad del proyecto, lo cuidado que está, la hermosura que desprende…La propia trayectoria vital de Maria Emilia como hija, como psicóloga y como madre de prematuro hablan de alguien que ha transitado ese recorrido y sanado, crecido, comprendido.

Os dejo el video sobre el Projecte Germans: ¡es precioso!