libros

Parir “Parir”.

Hoy nace mi nuevo libro: “Parir. El poder del parto“.

Ahora, mientras amanece, pienso en como ha sido gestarlo y sonrío. No sé precisar en que momento empecé a concebirlo. Me vienen a la mente muchas imágenes, conversaciones, historias. Muchos otros amaneceres escribiendo. Años aprendiendo sobre el parto, en el hospital, en los encuentros, en la vida, fascinada, pensando, admirando, intentando abordar y comprender la complejidad que nuestra llegada al mundo encierra. Me vienen otra vez las palabras de la filósolfa Virginia Held:

El parto es una experiencia tan profunda como la muerte…Sólo cuando la experiencia consciente de las madres, las madres potenciales y las personas que ejercen el maternaje sean tenidas en cuenta completamente podremos desarrollar una comprensión que pueda llegar a merecer la descripción de “Humano-a”

Concebir, gestar, escribir, parir, publicar este libro ha sido hermoso. El precioso prólogo que me ha escrito mi querida amiga Iciar Bolláin un regalazo.

Estoy deseando que lo lea mucha gente, que se entienda, que llegue, que sirva para que los que están por llegar a este mundo sean recibidos con el máximo cuidado  y respeto; y para que cada vez más mujeres salgan de sus partos sintiendose fuertes, poderosas, valientes. También estoy deseando escuchar y leer vuestras opiniones como lectores, así que si lees el libro y te apetece dejarme un comentario en esta entrada te lo agradeceré mucho.

 

PD: Este viernes 15 de septiembre estaré presentándolo en la Libreria La Pantera Rossa de Zaragoza a las 18.30 con la Via Láctea.

“No, mamá, no”, una joya de Verity Bargate

«Lo que más me sorprendió cuando me enseñaron a mi segundo hijo y lo cogí en brazos fue la total ausencia de sentimientos. Ni amor. Ni cólera. Nada»

Así empieza esta novela que acabo de devorar.  La protagonista anhelaba tener una niña y se encuentra con que su segundo hijo es otro varón. “Pequeña obra maestra” dice la contraportada y no exagera. Escrita en primera persona, resulta imposible no identificarse con la protagonista. Tan lúcida y loca como muchas de nosotras cuando transitamos ese desierto lunar llamado puerperio. Me parece imposible describirlo mejor.

Varias veces alude a “En Gran Centra Station me senté y lloré”, esa joya de Elizabeth Smart, su novela favorita, y a la que sin duda recuerda mucho: me ha parecido igual de buena. “No, mamá, no” es de esos libros que me hacen sentir envidia: ¡qué maravilla escribir así!

Os la recomiendo fervientemente.

Verity Bargate by Mayotte Magnus

 

Maternidad, Igualdad y Fraternidad

Un padre igualitario pondrá el bienestar de sus hijxs por encima de sus propios deseos e inseguridades y sabrá respetar a la mujer que ha hecho posible su paternidad. El padre verdaderamente igualitario y entrañable es antipatriarcal por definición. No es posible una masculinidad ni una paternidad “nueva” sin haber efectuado el indispensable salto moral, cultural y existencial que supone para un varón renunciar al patriarcado, es decir, aceptar y respetar seriamente que las mujeres tienen derecho a deseos, opiniones y vida propia; que su condición de padre es independiente de su condición de pareja de la madre; y que la maternidad es un privilegio de las mujeres. Si estas convicciones son auténticas, no se alterarán en casos de conflicto: solo cuando un padre es capaz de atravesar una posible ruptura sin dejar de respetar a la madre de sus hijxs , sin instrumentalizar a las criaturas , y absteniéndose de usar los poderes que el sistema patriarcal le brinda contra la madre, se puede afirmar que ese hombre es igualitario; y solo en ese caso la convergencia de paternidad y maternidad es posible sin riesgo de perjuicio para niñxs y madres.

Siempre han existido y seguirán existiendo paternidades amorosas a pesar de la norma hegemónica de la paternidad patriarcal, pero nunca se han logrado a través de instrumentos legales y coactivos.

Patricia Merino

Esta cita de Patricia Merino está extraída de su libro Maternidad, Igualdad y Fraternidad. Me parece un libro importante y necesario, que contribuirá sin duda a visibilizar las profundas contradicciones y dificultades que nuestra sociedad tiene con la maternidad y los cuidados. Sobre todo, el libro ayuda a pensar hacia donde ir, desmontando algunas de las falacias que se aceptan dentro de la corrección política moderna o del supuesto progreso como verdades y que tan dañinas resultan para los más pequeños. Como botón de muestra valga esa de que es lo mismo maternidad y paternidad.

Precisamente la parte del libro dedicada a la paternidad es la que más me ha gustado: consigue explicar y visibilizar temas francamente difíciles como el problema de que la custodia compartida sea impuesta u otros. Creo que permite entender lo importante que es reconocer y nombrar las ncesidades de los más pequeños  en momentos de máxima vulnerabilidad críticos para su desarrollo.

Gracias Patricia Merino por haber escrito este libro. Seguro que no ha sido fácil,  pero sin duda ha merecido la pena. Nos va a servir para imaginar ese mundo mejor por el que tantas personas luchamos y seguir avanzando en su construcción poniendo la vida y sus cuidados en el centro de la política y lo social.

El apasionante viaje de niña a mujer

entremamas300“Eres una estrella: el apasionante viaje de niña a mujer” es un libro precioso escrito e ilustrado por Eider Pacheco, que he tenido el honor de prologar.  Una joya artesana que Eider hizo para acompañar a su hija Iris en ese rito de paso que es la primera menstruación. Eider explica:

Es complicado tratar de reducir el contenido de “Eres una estrella” a un par de frases. O quizá no. Quizá sea sencillo. Tan sencillo como decir que es un canto a la Vida. Un canto y un cuento. Una historia de cómo cada ser humano llega a la Vida. Y de cómo, más concretamente, las mujeres acogemos la capacidad de darla, gestarla y cuidarla. Escrita con mucho amor para mi hija, con motivo del advenimiento de su primera menstruación, “Eres una estrella” pretende explicar, mostrar y compartir los procesos reproductivos de la mujer. No sólo desde la ciencia, que también. Ni desde una perspectiva humanista (imprescindible por otra parte). Es en suma, una visión holística que intenta crear un nuevo paradigma en el que celebrar y honrar lo femenino. Os animo a que vengáis a descubrir y desvelar este misterio conmigo.
Necesitamos libros así para acompañar a nuestras hijas, para facilitarles el amor por sus cuerpos en esta sociedad donde cuesta tanto no sentirse fea, gorda, o avergonzada del propio cuerpo.
El próximo martes 30 de mayo a las 18 horas Eider presentará su libro en Entre Mamás. ¡Nos vemos!

“Patria” de Fernando Aramburu.

patriaHay novelas que llevas media vida esperando leer. “Patria” de Fernando Aramburu es una de ellas. Incluso desde mucho tiempo antes de que se escribiera; yo llevo querendo leyerla creo que desde mi adolescencia en Pamplona, cuando comprendí y sentí que había “temas” de los que era mejor no hablar. Que vergüenza siento al recordar mi, nuestro silencio en tantas ocasiones. Cuanto tardamos en salir a la calle para decir BASTA YA a la violencia y en acompañar a las víctimas. Cuanto nos queda aún por hacer, nombrar y sanar.

Y es que Patria es una novela inmensa que explica mucho de lo que hemos vivido en País Vasco y Navarra durante demasiadas décadas. Es la historia de dos familias, tan cercanas que me parecía conocerles de toda la vida. Y de como el discurso nacionalista va alimentando la exclusión y el odio, y lo que yo en realidad llamaría racismo. De como unos llegan a justificar matar a otros y como otros muchos callan o justifican lo injustificable. Lo mejor en mi opinión es precisamente la descripción que hace de como se llega a odiar al amigo o a la amiga de toda la vida.

No quiero destripar la novela,  sólo recomendarla. La tengo tan reciente que aún tengo que posarla en mi. Ojalá sea lectura recomendada en institutos y facultades por todo el país además. Nuestra terrible historia reciente necesita ser contada, hablada, y sobre todo sanada.

El pecho no es lo mejor

lactivista1(Este texto es el primer capitulo de mi libro Lactivista, publicado por la editorial ObStare en 2013. Estaba colgado en otro blog pero hasta ahora no lo había publicado aquí. He considerado que era el momento de colgarlo, tras leer en los últimos tiempos algunos textos sobre el tema con títulos lamentables).

Hay madres que han intentado amamantar y lo han dejado a la semana del parto, con grietas en los pezones y dolor en el alma. Madres seropositivas que han optado por la lactancia artificial para excluir por completo la posibilidad de transmitir el VIH a sus bebés por la leche. Madres que sufrieron abusos sexuales en su infancia y a las que la sola idea de que el bebé succione su pecho les produce un profundo malestar. Madres anoréxicas o bulímicas a las que alimentar a sus bebés les supondrá un esfuerzo gigantesco y tal vez una recaída. Madres que son maltratadas en sus partos y que salen del paritorio anuladas y sin ninguna energía para poder sostener a sus bebés. Madres que adoptan y madres que consiguen serlo tras haber superado un cáncer.
Son infinitas las razones por las que una madre puede decidir no amamantar y cada una de ellas merece el máximo respeto. Lo que verdaderamente necesitan todos los recién nacidos sin excepción es sentirse queridos, no sólo por sus madres sino por toda una familia o comunidad. Las madres siempre necesitan respeto, apoyo y reconocimiento.

Si amamantar se convierte en una obligación o en un mandato, apaga y vámonos. Si hay madres que se sienten criticadas, juzgadas o rechazadas por decidir no amamantar lo estamos haciendo mal las y los que defendemos las bondades de la lactancia materna. Cada madre sabe qué es lo mejor para ella y para su bebé. Las circunstancias pueden ser tremendamente complejas. Ha llegado el momento de que hagamos una reflexión profunda. El mensaje que estamos dando los que promovemos la lactancia debe ser cambiado, o al menos matizado.
FOUQUETComo lactivista me preocupa mucho que la defensa de la lactancia materna pueda hacer que las madres que no han dado el pecho se sientan mal, culpabilizadas o angustiadas por la salud de sus hijos e hijas. Decir que el pecho es lo mejor es señalar o culpabilizar de alguna forma a las madres que no optan por el amamantamiento. Cuando ponemos el superlativo, lo mejor, damos en cierto modo a entender por la disyuntiva que no darlo es lo peor. ¿Qué madre no quiere lo mejor para su bebé? En ocasiones lo mejor es enemigo de lo bueno.
Entre el 2004 y el 2006 la agencia pública de Salud de la Mujer del Departamento de Salud estadounidense lanzó una agresiva campaña para promover la lactancia materna. Se centraba en alertar los riesgos de la lactancia artificial. La campaña se difundió en todos los medios y llegó a incluir imágenes de mujeres embarazadas subidas a un toro mecánico con el titular: “Nunca correrías esos riesgos embarazada, ¿por qué hacerlo una vez que el bebé ha nacido?” Joan B. Wolf, profesora de estudios de género en la Universidad de Texas realizó un análisis muy crítico de la campaña. Para ella esta se incluía en algo más amplio: la presión para la “maternidad total”. Una especie de código moral que presiona a las madres para que sean expertas en todo, en cada una de las dimensiones de la vida de sus bebés, comenzando desde el útero, renunciando a su individualidad o quedando reducidas a meras sirvientas cuya tarea principal consiste en proteger a sus criaturas de todos los riesgos. Wolf se preguntaba además si era ético provocar miedo y ansiedad a las madres para intentar que amamanten y cuestionaba las, según ella, presuntas ventajas de la lactancia materna, criticando la metodología de los estudios que le parecían poco rigurosos (Wolf, 2007).

ima1Desde luego que angustiar o amenazar a las madres que optan por no dar el pecho no es la manera de promover la lactancia materna, sino más bien de enfrentar y dividir una vez más al colectivo de mujeres madres y probablemente a la sociedad. Dar el pecho no es lo mejor, pero sí lo normal (como bien dice en su blog la lactivista Patricia López Izquierdo ). La leche materna es el mejor alimento para los más pequeños, pero dar el pecho no es siempre lo mejor: a veces, por desgracia, es lo más difícil.

Hay un grupo de apoyo en internet para las madres que optan por la lactancia artificial. “Fearless Formula Feeder” es un grupo de apoyo en la alimentación de lactante, fundado por Suzanne Barston. Merece la pena escuchar a las madres que dan el biberón, como se han sentido juzgadas por algunos profesionales sanitarios o avergonzadas al dar el biberón en según qué lugares.

El problema es que hay muchos intereses ocultos que pueden condicionar la libre elección de las madres. El negocio que supone para la industria farmacéutica y alimentaria el mercado de la lactancia artificial es incalculable. Y esa industria tiene unos tentáculos alargados que llegan mucho más lejos de lo que se podría imaginar, de maneras invisibles o sutiles.
sandyconnanPara empezar, el negocio de la leche de fórmula campó a sus anchas durante la segunda mitad del siglo pasado erradicando casi por completo la cultura tradicional del amamantamiento.

“Formula feeding is the longest lasting uncontrolled experiment lacking informed consent in the history of medicine.”

O lo que es lo mismo: la lactancia artificial es el experimento más duradero sin grupo control ni consentimiento informado en la historia de la medicina. La frase es de Frank Oski (1932-1996), que fue catedrático de pediatría de la John Hospkins y editor de la prestigiosa revista Pediatrics. Todavía a día de hoy es difícil conocer las consecuencias a largo plazo de la introducción masiva de la lactancia artificial como manera de alimentar a los bebés a partir de los años cincuenta y sesenta en el mundo occidental.
Eso generó que actualmente sean una minoría las mujeres adultas que han sido amamantadas en su infancia o que han visto lactancias gozosas en su entorno. Amamantar es mucho más fácil si has crecido viendo a muchos bebés y niños o niñas tomando el pecho en cualquier lugar, a todas horas y de cualquier manera. Intentarlo sin haber conocido de cerca otras lactancias puede ser muy difícil.
Por otra parte, aunque a menudo se ha mencionado la introducción de la lactancia artificial como uno de los avances que permitió a muchas mujeres la incorporación al mercado laboral, en realidad este supuesto avance tiene poco de liberación, y mucho de sumisión a una lógica capitalista que actúa en contra de los deseos de madres y criaturas.
Paradójicamente conforme avanzó la liberación de la mujer se incrementó la presión sobre el cuerpo de las mujeres. Lo que seguramente no tenga tanto de paradoja y sí mucho de lógica. Se trata más bien de un desplazamiento de la presión que la hace más sutil e invisible: ahora somos nosotras mismas las que interiorizamos y ejercemos la presión dañando “libremente” nuestros cuerpos. Como dice la feminista Naomi Wolf, “la dieta es el sedante más potente de la historia de las mujeres”. Y así en este mundo prácticamente todas las mujeres estamos expuestas diariamente a imágenes y mensajes que nos recuerdan que más delgadas, más altas, más rubias, más blancas, con menos pelos y menos arrugas estaríamos mejor…¿Quién puede pensar que en semejante contexto una elección como no dar el pecho sea siempre un acto de libertad? ¿Es realmente libre la mujer que elige ponerse implantes de silicona en el pecho para sentirse mejor, más aceptada o más deseada?¿O está por el contrario totalmente sometida a una cultura alienante que la anula diariamente de diversas formas sutiles y perversas? (Hablando de perversión, merecería la pena mencionar a los médicos que en vez de respetar el principio de no hacer daño de la medicina (“Primum non noccere”) operan a mujeres totalmente sanas recortando, amputando, mutilando o plastificando las carnes de sus órganos sexuales, ya sean los pechos o incluso los genitales externos).
Sueño con un mundo en el que ninguna mujer odie su cuerpo. La presión actual sobre los cuerpos de las mujeres se ensaña especialmente con las madres: debemos borrar las huellas del embarazo cuanto antes de nuestros cuerpos.
Ser madre hoy en día, en esta sociedad patriarcal y capitalista no es nada fácil. La presión, como decía, es brutal y al mismo tiempo invisible. Las portadas habituales de las revistas del corazón nos recuerdan los estereotipos más actuales: “Fulanita recupera el tipazo a las cuatro semanas de dar a luz”. Borrar las huellas del embarazo en el cuerpo, junto con una idealización ñoña de la maternidad, que infantiliza y simplifica al máximo la complejidad de un momento vital de intensidad absoluta. “Tengo un bebé muy bueno que duerme toda la noche”. “La experiencia más maravillosa de mi vida”. No caben las ambivalencias, ninguna mujer reconocerá públicamente las dificultades, las soledades, los miedos o los agobios normales en el puerperio.
Escuchando cotidianamente a las madres compruebo lo difícil que puede ser la lactancia. Entiendo que muchas no quieran dar el pecho más allá de las primeras semanas o primeros meses. Me desespero al comprobar el escaso apoyo que encuentran las madres cuando tienen dificultades severas con el amamantamiento: las grietas, el dolor o la depresión raramente son tratadas eficazmente. Sí, te dicen que des el pecho pero casi nadie sabe cómo ayudarte con los problemas que con frecuencia surgen al inicio. Dar el pecho con dolor es terrible y síntoma de que hay un problema que diagnosticar y tratar.
Igual que conozco de primera mano lo incompatible que resulta mantener la lactancia en la mayoría de los trabajos, lo ridícula que puede resultar incluso la hora de permiso por lactancia cuando no se pueden flexibilizar horarios o trabajar desde casa. Al capitalismo sin duda le beneficia que haya tantas lactancias que terminen abruptamente por un mal asesoramiento: más negocio de leche artificial, más demanda de antibióticos, más mercado de medicamentos para muchas enfermedades cuyo riesgo aumenta con la lactancia artificial.
Soy feminista y para mí eso significa entre otras muchas cosas defender y apoyar la lactancia materna: ser lactivista. Pero no como sacrificio ni como martirio, sino como fuente de placer y bienestar… Por gusto, por salud, por disfrute. La leche materna es el mejor alimento para los bebés, pero dar el pecho no es siempre lo mejor.

Ibone Olza

 

Luces de papel

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Fin de curso. Para mi este año fin de curso de narrativa online impartido por Isabel Cañelles. Toca evaluar, o al menos yo me evalúo. Secuelas de tantos años de educación reglada.

De octubre a junio, cada dos semanas he escrito un relato breve siguiendo las propuestas de Isabel. Si las entregas eran los martes a las 23 horas, la mitad de los relatos los he escrito los martes a las 21horas: otra secuela creo de tantos años de formación reglada, y es que parece que todavía necesito la presión de la fecha límite. Pese a ello me doy un aprobado, un cinco pelado: al menos he hecho todas las tareas. Estoy contenta. Hacer el curso ha significado crear un espacio para la ficción en mi día a día. Recuperar el gusto por la literatura, leer muchos relatos, desde autores clásicos propuestos por la profesora hasta los de los otros alumnos. Conocer a unos compañeros de curso e ir apreciéndolos poco a poco hasta cogerles franco cariño. Verme tan reflejada en ellos, ha sido gracioso ver como uno tras otro ibamos cayendo en las típicas -supongo- crisis de los aprendices de escritores. Desde pensar y decir “me he dado cuenta de que yo no valgo para escribir” hasta el bloqueo de la página en blanco. ¿Qué contar?¿Porqué y para qué escribir?

Ha sido bonito: en el camino he aprendido también sobre mi misma y la necesidad que tengo de sacar algunas historias y personajes que bullen en mi cabeza. Me gusta mucho nuestra maestra, y no creo que sea peloteo. Isa nos ha ido ayudando a pensar en el lector, a ver la distancia enorme que hay veces entre lo que pensamos que hemos dicho y lo que se lee. A ir adquiriendo algunas herramientas muy básicas pero para mi desconocidas. Me gusta como enseña y corrige Isa, con su espíritu budista creo que es experta en criticar sin herir y en acompañar el proceso creativo de cada uno desde el respeto. Algo mucho más difícil de lo que parece, opino.

Final de curso: presentación de los trabajos de los alumnos. En este caso un librito : Luces de papel, que recoge un relato breve de cada uno-a. Y el nacimiento del nuevo proyecto de Isabel Cañelles: RELEE, Red Libre de Escritura y Edición. Precioso proyecto colectivo que os animo a conocer.

Os dejo uno de los relatos que escribí durante el curso, un pequeño ejercicio titulado “La primavera nudista” que ahora me parece bastante fresquito.

¡Feliz verano!

LA PRIMAVERA NUDISTA

Creo que mi padre nunca planeó ser un revolucionario, mucho menos un nudista famoso. Jamás salía desnudo del baño tras la ducha igual que tampoco levantaba la voz en las cenas navideñas cuando sus cuñados más conservadores criticaban encendidamente a los jóvenes políticos que por aquella época prometían acabar con la corrupción y que él secretamente admiraba. Era callado y bastante gruñón cuando le interrumpíamos sin aviso. Pasaba la mayor parte del tiempo libre en su despacho estudiando medicina y cuando su trabajo como jefe del servicio de urgencias despertaba el interés o la admiración de los vecinos le quitaba rápidamente cualquier valor aduciendo “el mérito lo tienen los que van en las ambulancias o los que tienen que operar bajo las bombas, lo nuestro está chupado”. A nosotras nos daba abrazos de cosquillas o nos cantaba canciones más viejas que la tos antes de dormir. No nos dedicaba mucho tiempo pero nos pedía ayuda siempre que se ponía a cocinar y mientras pelábamos patatas o destripábamos calamares se interesaba por nuestras historias escolares y nos escuchaba de verdad.
La fría mañana en que salió del hospital después de una guardia desnudo a la calle, con su maletín en una mano, el periódico bajo el otro brazo, los calcetines granates y sus zapatos de cordones negros como única vestimenta tampoco creo que imaginara la irreversible sucesión de revoluciones carnales que con aquel simple gesto logró desencadenar. Claro que fue una casualidad que justo cuando le arrestó el primer policía municipal con el que se cruzó, una joven periodista pelirroja y su cámara se acercaran y grabaran las improvisadas pero muy solemnes declaraciones de mi padre:
_ Me niego a seguir trabajando en semejantes condiciones, a no poder atender a las personas de otros países sólo porque no tienen una tarjeta de plástico, a verles agonizar en la sala de espera –aquí se detuvo unos instantes con la mirada perdida- cuando han tenido que cruzar el mar en patera. Estoy tan harto que he decidido salir en bolas a la calle, a ver si así alguien nos ayuda a detener esta injusticia.
Mamá y nosotras nos enteramos cuando a la hora de comer nos llamó desde la comisaría, recuerdo que mamá dijo que debía tratarse de una broma y que a nosotras nos dio por reírnos. Ese día papá salió en todos los telediarios y los siguientes en las portadas de prensa. “Jefe de servicio de urgencias protagoniza original protesta nudista contra los recortes y la discriminación en la sanidad pública”. “El doctor nudista denunciado por exhibicionismo dice que lo hizo por solidaridad con las personas indocumentadas”. A la mañana siguiente otras dos médicas hicieron lo mismo seguidas de un director de instituto y varios maestros. Todos salieron desnudos a la calle, incluso una muy embarazada. Fue al tercer día cuando una de las policías que tenía que arrestar a los crecientes nudistas decidió desnudarse allí mismo y unirse a ellos, siendo arrestada por sus propios compañeros. Poco a poco el país fue llenándose de manifestantes que se exhibían desnudos al salir de sus puestos de trabajo, inicialmente, y en cualquier ocasión posteriormente, con pancartas variopintas. En el parlamento los políticos empezaron a debatir sobre la necesidad de reconocer el derecho a la salud universal y varios diputados se despelotaron delante de las cámaras.

Mi padre repitió el gesto en cada salida de guardia: las dos primeras le detuvieron y a la tercera ya le esperaban admiradores y periodistas en corrillos, todos desnudos y dispuestos a impedir que le volvieran a arrestar. Llegaba a casa desnudo, se quitaba los zapatos, se ponía el pijama de cuadros, descolgaba el teléfono e intentaba dormir tras la guardia como si no fuera él el artífice de la protesta nudista. Seguía estudiando todo lo que podía.
Conforme fue entrando la primavera la gente empezó a disfrutar de la desnudez, no ya como protesta sino como forma de salir a pasear y relacionarse. Se formaron grupos de aficionados al nudismo en cada pueblo, se juntaban en círculos en los parques a merendar, en las playas, en las terrazas y hasta en los cines. Bajaron las compras de ropa y de antidepresivos. La primavera nudista llegó a su apogeo con manifestaciones de miles de personas desnudas para deleite de los antidisturbios. Los abrazos cada vez se hicieron más largos y en las revistas se habló mucho de los beneficios del contacto piel con piel. Llegaron las elecciones, cayó el gobierno y los nuevos gobernantes despenalizaron el nudismo como primera medida y luego se enfrascaron en la reforma que permitió la atención sanitaria universal. Mi padre siguió recibiendo abrazos de desconocidos durante años, había gente que se desnudaba nada más verle pasar, pero él insistió siempre en quitarle mérito a su protesta original.
Ahora cuando nos hablan de aquellos tiempos en que nadie iba nunca desnudo por la calle pienso mucho en mi padre. Le pregunté hace poco como se le ocurrió. Me dijo que ni él mismo lo sabía, que no fue nada premeditado, que en aquella guardia vio morir a una mujer africana en la urgencia y se le antojó insoportable y que al cambiarse en el vestuario se dio cuenta de que no podía salir a la calle como si nada, así que salió sin ropa. Lo único que no esperaba, añadió, fue sentir semejante liberación.

 

 

 

Morir cuando la vida empieza

libromorirMorir cuando la vida empieza. Conocer y despedir al hijo al mismo tiempo” es un librito que acaban de publicar  Silvia López y Maria Teresa Pi-Sunyer dos psicólogas que llevan años acompañando a madres y padres  en el difícil momento de la muerte perinatal.

El libro recoge la experiencia de los grupos de apoyo al duelo y las reflexiones de las profesionales. Hay sobre todo testimonios: voces de madres y padres, palabras de hermanos. Me ha parecido una joya de libro: aunque es pequeño no le falta nada, es precioso. Está escrito desde la escucha, el acompañamiento respetuoso y el cariño a las familias que se encuentran con el peor dolor de sus vidas cuando se preparaban para todo lo contrario.

Creo que es una lectura imprescindible para todos los profesionales que trabajan en el cuidado y la atención perinatal.

Lo edita Circulo Rojo.

Lactivista

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Gestar un libro es gestar al fin y al cabo, y en muchos sentidos se parece a gestar un hijo o una hija. A veces recuerdas con nitidez el momento en que por primera vez lo deseaste, otras no. Algunos libros necesitan años de gestación, otros llegan inesperada y rápidamente. Como en los partos, hay libros que nacen solos y otros que necesitan mucha asistencia.

Hace no mucho pensé que sería buena idea publicar los textos de este blog sobre lactancia, sobre todo porque a menudo recibo peticiones de referencias escritas que avalen la lactancia (especialmente más allá del segundo año) desde la evidencia científica, casi siempre para defender a madres que a menudo se han visto juzgadas, criticadas o incluso acosadas por amamantar durante muchos años.

Mi idea era hacer un pequeño librito que pensaba autopublicar. En el camino se lo comenté a varias amigas, y finalmente a la editora de mis anteriores libros: Eva Darias, de la preciosa editorial  Ob Stare, especializada en maternidad y crianza. Gracias a su entusiasmo y apoyo en menos de dos meses mi nuevo libro, Lactivista, compilación de textos del blog y otros inéditos, estaba listo y camino de la imprenta.

Lactivista está dedicado a las madres de la asociación Vía Láctea. El primer capítulo, El pecho no es lo mejor está colgado en el blog alternativo. El libro se puede encontrar ya en librerías y en la web de la editorial.

Aunque es mi cuarto libro, es el primero en el que soy única autora en vez de co-autora, cosa que se me hace rara (me encanta co-crear). Por eso necesito recordar y agradecer a otras lactivistas blogueras que son fuente diaria de inspiración. Entre ellas:

Tenemos tetas, de Ileana Medina

Mimos y teta de Nohemi Hervada

Una maternidad diferente de Eloísa López

Consulta de lactancia, de Patricia López Izquierdo

Amor maternal de Louma Sader

Jesusa Ricoy Olariaga

Papá Conejo Mamá Piojo de Claudia Pariente

De profesión mami, de Candy Tejera

Lo dice Diana Aller, de Diana Aller.

Dolce Far Niente, de Lady Vaga

 

Momo y la escucha

portada-momo-661x1024Momo sabía escuchar de tal manera que a la gente tonta se le  ocurrían, de repente, ideas muy inteligentes. No porque dijera o preguntara algo que llevara a los demás a pensar  esas ideas, no; simplemente estaba allí y escuchaba con toda su atención y toda simpatía. Mientras tanto miraba al otro  con sus grandes ojos negros y el otro en cuestión notaba de inmediato cómo se le ocurrían pensamientos que nunca hubiera creído que estaban en él. 
Sabía escuchar de tal manera que la gente perpleja o indecisa sabía muy bien, de repente, qué era lo que quería. O los tímidos se sentían de súbito muy libres y valerosos. O los desgraciados y agobiados se volvían confiados y alegres. 
Y si alguien creía que su vida estaba totalmente perdida y que era insignificante y que él mismo no era más que uno 
entre millones, y que no importaba nada y que se podía sustituir con la misma facilidad que una maceta rota, iba y 
le contaba todo eso a la pequeña Momo, y le resultaba claro, de modo misterioso mientras hablaba, que tal como era sólo había uno entre todos los hombres y que, por eso, era importante a su manera, para el mundo.

Momo, Michael Ende

Siempre regreso a ella, a Momo. Mi libro favorito. Abrir sus páginas y volver a leerlo me trae la quietud, como si Momo al fin y al cabo también me escuchara a mi.

Mi deseo de escribir. Mis dudas, mis miedos y mis alegrías. Mi sensación de andar en círculos por un absurdo laberinto. Tan difícil vivir a días y a ratos, tan simple y bonito otras veces. A menudo me siento yo también secuestrada por los hombres grises que persiguen a Momo: sin tiempo, sin calma, sin escucha. Extrañando a las amigas que también parecen ir corriendo en pos de ¿qué? Todo parece haber cambiado desde que internet se instaló en nuestras vidas. A veces me invade la nostalgia, echo de menos aquellos días en que nos encontrábamos por la calle o nos pasábamos a buscar para pasar la tarde en un parque. Más conectados que nunca en teoría, y sin embargo nos cuesta encontrarnos, o al menos a mi me cuesta. Con el móvil en la mano y el portátil encima de la mesa, dándome cuenta del tiempo que hace que no nos juntamos, que no merendamos, que no nos encontramos. Preguntándome que hice mal, sin más pista que la ridícula falta de tiempo.

La escucha de Momo. La infancia y su tiempo que siempre llevamos dentro. Me gusta imaginar al niño o niña que fue cada persona adulta que me cruzo. El tiempo vivido, el perdido, el anhelado, el robado.

Esta cosa es el tiempo. 
 
Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos sabemos que, a veces, una hora puede  parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo que hagamos durante esa hora. 
 
Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón.
Momo, Michael Ende

El libro entero está disponible, encontré el enlace en la wikipedia, Momo, se puede leer o descargar aquí: http://www.latejapride.com/IMG/pdf/momo.pdf