Ina May Gaskin

Hay quien dice que es la matrona más famosa del mundo, y seguramente sea así. Esta semana hemos tenido el placer de conocerla y escucharla y ahora al compartirlo me cuesta encontrar las palabras para contarlo. Ina May Gaskin me ha deslumbrado, la verdad.

Para quienes no la conoceis, decir que allá por los años sesenta, en pleno auge del movimiento hippy, salió de San Francisco una caravana de autobuses, caminones, y vehículos variopintos con cientos de aquellos hippies que buscaban un lugar donde instalarse y vivir en comunidad, lo que finalmente hicieron en Summertown,  Tennessee, donde fundaron la famosa granja: The Farm. Como eran jóvenes y numerosos pronto llegaron montañas de bebés. Ina May y varias mujeres desde el inicio comenzaron a atender los partos, a la vez que estudiaban y observaban para ofrecer la máxima seguridad posible.  Lo hacían tan bien que pronto se convirtieron en lugar de referencia para las mujeres que buscaban un parto respetado. Ina May con su mente científica se formó como matrona, y escribió un libro clásico partiendo de los relatos de partos de las mujeres: Spiritual Midwifery, que alguien tradujo al castellano como “Partería espiritual”. Un libro pionero en reconocer  y describir la psicología del parto, que en muchos casos incluye vivencias trascendentales, y en honrar lo sagrado que hay en cada nacimiento. Mientras tanto su marido, Stephen Gaskin, se dedicó a promover la conciencia ecológica, la permacultura y la vida comunitaria.

El caso es que  invitamos a Ina May a venir a Madrid a impartir un seminario sobre la sabiduría del parto en nuestro Instituto (aún se puede hacer online). Llegó el lunes acompañada de uno de sus hijos, Samuel. A sus 78 años es una mujer ágil, extremadamente lúcida y muy generosa con su tiempo y conocimiento. Entregada a la lucha por un parto seguro, ha entrado en los manuales de obstetricia con la “maniobra Gaskin” y su “ley del esfinter”, pero no tiene ningun problema en reconocer que la maniobra se la enseñó una partera guatemalteca a la que nombra siempre en sus clases y textos. En los dos días que hemos pasado con ellos además Ina y su hijo nos han hablado sin pudor de las numerosas contradicciones que se generaron en la comuna hippie, en relación a la crianza, en las dificultades  para conciliar activismo, trabajo y maternidad, etc…Su consejo cuando las matronas le preguntaban como soportar la violencia obstétrica fue bonito: “los cambios llevan mucho tiempo, sed pacientes. Contad con los obstetras, id a sus fiestas, bailad juntos. Y sobre todo, volved a vuestras familias, cargaros de energía con vuestras parejas e hijos, no abandoneis esos lugares por la lucha.”

Cuanta razón, cuanta sabiduría. Gracias maestra.

Para quienes queráis conocerla un poco mejor os recomiendo este maravilloso documental.

Psicología del parto fisiológico

bmj openSe acaba de publicar este articulo que resumen nuestro trabajo de los últimos cuatro años dentro del proyecto europeo COST Birth (donde he tenido la suerte de dirigir este maravilloso equipo multidisciplinar, matronas y psicólogas, de varios países). Está en abierto, se puede leer y descargar gratuitamente aquí.

El principal hallazgo es que dar a luz de manera fisiológica es un intenso viaje psicológico muy transformador, que genera un crecimiento y poderío, o empoderamiento, la palabra de moda ahora. Es decir, que las mujeres que pueden vivir su parto desde la confianza en su cuerpo y con la atención de buenas matronas que comprenden la intensidad de esta experiencia y la protegen, salen reforzadas, sientiendose capaces de casi todo, mejor preparadas para iniciarse en la maternidad.

Confío en que este trabajo facilitará el cambio en la atención al parto que tantísimas profesionales están promoviendo. También nos ayuda a comprender mejor las experiencias y sentimientos de madres que no han tenido esos partos fisiológicos y respetados, podemos entender mejor cuanto se han perdido.

¡Difundid al máximo!

Repensar la lactancia

Ha pasado ya mucho tiempo desde que dejé de dar el pecho, años de aquellas experiencias con mis tres hijos que atesoro como algo de lo más maravilloso que me ha regalado la vida. Han pasado muchos años, pero he tenido la suerte de poder seguir aprendiendo de madres, bebés y niños y niñas, de seguir estudiando e investigando en torno a la lactancia materna.

Todo ello me hace darme cuenta de hasta que punto ha cambiado mi mirada sobre la lactancia y el amamantamiento. Muy lejos ya de la ignorancia con que terminé mi carrera de medicina, donde en seis años sólo dimos una clase sobre lactancia y dos o tres sobre biberones y fórmulas lácteas. He tenido que desaprender algunas cosas y desde ahí repensar la lactancia. He podido aprender, lo que inevitablemente también me hace ser consciente de lo poco que aún sabemos.

Me fascina todo lo que voy comprendiendo. La lactancia como acto neurobiológico central en el desarrollo de nuestra especie, nosotros los mamíferos humanos. La lactancia como motor de la evolución de nuestro cerebro social. La lactancia como herramienta fisiológica del vínculo afectivo. La lactancia como super poder femenino y maternal lógicamente más reprimido y perseguido en las sociedades más patriarcales. La lactancia como expresión máxima de amor, de entrega, de generosidad, de cuidado. La lactancia como guía, como consuelo, como diálogo, como abrazo… Y tantas cosas más, que cuanto más comprendo más me hacen pensar que la promoción actual de la lactancia es en muchos sentidos una pena, porque omite sistemáticamente la importancia de la salud mental materna. Porque se centra en promocionar los beneficios, o medicaliza las dificultades, sin reconocer la dimensión psicológica, emocional y relacional, con lo que lamentablemente favorece que algunas mujeres se sientan presionadas o poco o nada comprendidas en sus intentos por establecer la manera de nutrir satisfactoriamente a sus bebés.  Siento si la crítica escuece. Pero me frustra seguir escuchando a tantas madres con tantísimas dificultades para dar el pecho, con tanto dolor y angustia. Madres que a veces, cuando piden ayuda, sólo encuentran una mirada reduccionista que no ve mucho más allá de sus pezones o de la boquita de sus bebés, una mirada que no comprende que la lactancia se juega, sobre todo, en el cerebro de las madres, y se ve amenazada cuando falta confianza y comprensión.

Para difundir esta mirada y lo que he aprendido y comprendido hemos lanzado esta formación online en Lactancia Materna y Salud Mental, (acreditada por IBCLC), contando con un equipo de docentes excepcionales. Aquí centro mis esfuerzos ultimamente, en formar y compartir conocimientos: docencia, investigación, divulgación. En ir creando redes de profesionales, cada vez más numerosas, comprometidos e implicados con la construcción de una sociedad que honre a las madres en vez de dividirlas, enfrentarlas y culpabilizarlas. Una tarea que, aunque a veces me agota, me ayuda a confiar en que vamos por el buen camino.

 

Un premio en la India

Foto 2 premio MarcéIr a la India a recoger un premio es de esas cosas que sólo suceden una vez en la vida, como mucho. Desde que regresamos, hace casi dos semanas, llevo pensando en compartir aquí la experiencia, con todos los que me leéis y seguís. Aun no encuentro las palabras. ¿Cómo decirlo? Ha sido precioso, increíble, un subidón, un regalo, una maravilla. Tan intenso y redondo todo que manifiesto mi extrañeza por las sorpresas que a veces nos trae la vida. Si, he vuelto maravillada y un poco perpleja. Recibir tanto reconocimiento de gente de todo el mundo, y sobre todo de gente que trabaja tan bien allí, en la India, ha sido único. A ratos sentía que era como si alguien, en algun lugar del Universo, nos estuviera señalando el camino: seguid así.

Foto 1 premio MarcéNos han dado el premio por nuestro esfuerzo en formar en salud mental perinatal y, especialmente, por hacer la formación lo más accesible posible a todas nuestras alumnas, muchas de las cuales residen en países más pobres de toda Latinoamérica. Alumnas que, en muchos casos son profesionales expertas, que trabajan y se vuelcan en la ayuda a madres, embarazadas, bebés, familias en lugares donde las circunstancias son tremendamente adversas, con pobreza, violencia, o exclusión. Mujeres en su mayoría que hacen un esfuerzo increíble por formarse para poder ayudar mejor a otras madres. El premio es para ellas.

davEl Congreso de la Sociedad Marcé en Bangalore ha sido muy interesante. Éramos más de 600 asistentes, la mitad de India, el resto de todos los lugares del mundo casi. Me ha impresionado el cuidado con que se ha organizado cada detalle, los rituales sencillos y profundos con que se iniciaba cada sesión, siempre precedidas de un poema de autores como Tagore u otros poetas indios dedicados a las madres o a los bebés. Las flores, el respeto, los saris de las mujeres, la elegancia innata, las telas, los colores, las ceremonias orgánicas, todo fluía.

Lo que está aconteciendo a nivel global con la salud mental materna es emocionante. Empieza a aumentar la conciencia, cada vez más gente lo tiene clarísimo. La evidencia de que la prevención en salud , tanto física como mental, empieza en el útero es enorme e impactante. Se reconoce la violencia obstétrica, se apuesta por la prevención, se insiste en la necesidad de buscar tratamientos sostenibles y respetuosos para las madres de todo el mundo que sufren en el inicio de la maternidad. Todo ese conocimiento reciente lo vamos añadiendo a nuestra formación en Salud Mental Perinatal y lo iremos compartiendo en nuestro blog, poco a poco.

42743605_2706094862948059_3108889064774828032_nUno de los mejores momentos de nuestro viaje fue la visita a NIMHANS y su hospital psiquátrico. En el se encuentra la primera unidad de hospitalización psiquiátrica madre bebé de la India. Un lugar donde pueden ingresar madres con psicosis puerperales u otros trastornos graves del posparto, con sus bebés, y tambien acompañadas de su propia madre, suegra u otra mujer de su familia, para recibir un tratamiento psiquiátrico que además es holístico e integral.

También el centro de investigación sobre yoga terapeútico me dejó impactada y con la sensación de que tenemos muchísimo que aprender de ellos, los indios, que integran su tradición milenaria y holística con la neurociencia moderna de manera admirable.

Tantas anécdotas, tantos aprendizajes, tanta gente preciosa que hemos conocido…¡no me cabe en una entrada de este blog! Os dejo con algunas imágenes y sobre todo con mi agradecimiento para  con todas y todos vosotros: NAMASTÉ.

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Cuestiones abiertas sobre la gestación subrogada

Se acaba de publicar el nuevo número de la Revista Internacional de Éticas Aplicadas Dilemata dedicado de forma monográfica al debate sobre la gestación subrogada. En el se incluye mi artículo: “Los aspectos médicos de la gestación subrogada desde una perspectiva holística y feminista“. El número entero se puede leer de forma gratuita online y/o descargar aquí:
Añadir que acabo de regresar de Bangalore, India, donde he participado en el congreso de salud mental perinatal de la Sociedad Marcé Internacioal, que ha sido super interesante. Curiosamente y a pesar de ser en India, la única presentación en el programa sobre subrogación fue la mía. Pregunté a unas cuantas ginecólogas y psiquiatras indias al respecto. Me decían que la situación es tremenda e invisible, ya que estas mujeres gestan en el anonimato absoluto. De hecho las ginecólogas se han quejado por que se les pide que la historia clínica del embarazo se haga a nombre de la mujer que va a quedarse con el bebé y no de la que lo gesta, lo que conlleva falsedad documental. Por lo visto es habitual que muchas repitan varias veces, es decir, se convierte en una forma de empleo. Una ginecóloga me contaba que recientemente atendió a una madre que estaba en su tercer embarazo surrogado, en los dos anteriores habia tenido cesárea programada y en este vieron que tenia placenta acreta, lo que conlleva riesgo alto de perder el útero en el parto o cesárea..La ginecóloga me contaba indignada que encima ese bebé iba para una pareja, el profesor universitario y ella una mujer qe no quería pasar por el embarazo para no perder la figura. El caso es que nadie sigue a estas mujeres en posparto y no hay ningun dato fiable sobre la probable morbilidad psiquica posnatal…
Bueno,os animo a leer el número entero de la revista y comentarlo. En una próxima entrada os contaré más sobre mi viaje a India.
Namaste!

Los bebés sí recuerdan

La carta de Irene Montero y Pablo Iglesias agradeciendo a enfermeras, pediatras, familia, amigos y compañeros el cariño y los cuidados que han recibido sus bebés prematuros me emocionó mucho. Trabajé durante unos años como psiquiatra perinatal en Neonatología y uno de mis hijos pasó en una UCIn sus primeros días de vida. Me alegra que Leo y Manuel salgan adelante y saber que tienen hermanos de leche tanto como ser parte de la maravillosa y, para mi, revolucionaria transformación que está aconteciendo en los servicios de neonatología, donde ya se reconoce la importancia de la no separación de la madre y del contacto piel con piel para la supervivencia de los más pequeños.

Sin embargo, en esa carta tan preciosa, había una afirmación que me parece oportuno matizar:

Dicen que la amnesia infantil hace que olvidemos todo lo que vivimos en nuestros primeros años. Nos alegra que Leo y Manuel nunca recuerden los tubos o los electrodos que les acompañaron en la unidad de cuidados intensivos, que olviden los sonidos de los monitores que medían su ritmo cardiaco y su respiración.

Los bebés sí recuerdan. Todo lo vivido al nacer y los primeros meses de vida queda profundamente grabado en la memoria. Lo que pasa es que la memoria de los bebés es corporal y no verbal. Se recuerda en la piel y con el cuerpo. Lo vivido en ese período que va desde la concepción hasta la adquisición del lenguaje en cierto modo condiciona quienes somos, ya que ahí se construyen los pilares del vínculo, con la madre y el padre primero y con el resto de familiares después. Nuestra manera de ser, de estar y ver la vida, viene en buena parte de ese lugar remoto.

Acabo de recibir este precioso regalo de mi amiga la psicóloga griega Olga Gouni: el libro  100 años de Psicología Prenatal (está en inglés: Prenatal Psychology 100 years: a journey in decoding how our prenatal experience shapes who we become). Recoge magníficamente todo ese conocimiento que, en cierto sentido, inauguró Otto Rank con su libro “El trauma del nacimiento” publicado en 1924. Conocimiento que es básico además para poder prevenir o tratar las secuelas del sufrimiento en esa época temprana de la vida.

Es una pena que como sociedad neguemos la memoria de los bebés. Llevo años en esta cruzada como psiquiatra infantil intentando que todos, pero más aun los profesionales, reconozcan que los bebés sienten, escuchan, comunican, padecen, aprenden, recuerdan, dan. Son y están. Sufren brutalmente cuando esto se niega al extremo, como sucede en el caso de la mal llamada gestación subrogada.

Los bebés necesitan ser tenidos en cuenta, que se les hable, que se les explique, que se les escuche. En las Unidades de Neonatología son necesarias las psicólogas y los profesionales de la salud mental perinatal. Para contener, para traducir, para comprender, para reconocer que sí queda una memoria, para facilitar que los vínculos en situaciones tan frágiles y a veces devastadoras como es la prematuridad extrema se construyan con oxitocina y amor, valga la redundancia.

Las matronas de Zimbabue, contra la violencia obstétrica

Ginny Liff es una obstetra británica que ha pasado su vida trabajando en Zimbabue. Dice Ginny que el año pasado, cuando me escuchó hablar de la psicología del parto y de la violencia obstétrica en las charlas que dí en Harare gracias a The Friendship Bench (y que conté aquí) algo en ella cambió. Decidió que iba intentar difundir esos conocimientos par erradicar el maltrato en el parto. Conoció entonces a las matronas que llevan en este país la White Ribbon Alliance y juntas pensaron que podían hacer. Ginny consiguió algo de financiación en Reino Unido y en enero empezaron a impartir una formación para matronas en “Respecftul Maternity Care”, es decir, en atención respetuosa a la maternidad.

Reunieron al grupo de matronas cada dos semanas.  Empezaron con un cuestionario en el que les preguntaban como trataban a las madres: la mayoría dijeron que muy bien. Luego les mostraron un video que habían grabado ellas mismas con un grupo de madres recientes que  contaban sus experiencias en el parto. Muchas hablaban abiertamente del maltrato que habían sufrido. Tras lo cual comenzaron a darles bibliografía  para lograr dos objetivos básicos: que las mujeres pudieran parir en la postura que les diera la gana, y que pudieran estar en todo momento acompañadas por quien ellas eligieran.

Además, les animaron  a llevar un diario de campo, en el que cada una iría apuntando las situaciones que encontraran en su trabajo cotidiano. En las siguientes reuniones las matronas comentaban los diarios en el grupo. Una contaba: “llegó una madre cuyo bebé había fallecido antes de nacer. Antes yo le hubiera gritado: ¡¿Porqué no viniste antes?! Esta vez se lo pude preguntar sin gritar“.

A lo largo de estos siete meses las matronas han seguido trabajando duro para promover el cambio. Está habiendo un efecto contagio, y ya hay muchas otras que se quieren apuntar a la formación.

Ginny me convenció para volver a Harare. El sábado participé en la jornada del Asociación de Ginecólogos y Obstetras de Zimbabue monográfica sobre los cuidados centrados en la mujer. Hoy he impartido una jornada exclusiva para todas estas matronas.

Ha sido intenso y bonito. Mucho trabajo, muchas experiencias que necesitan compartir. El sufrimiento que acarrean motivado muchas veces por la falta de recursos. La mortalidad materna aqui es muy elevada. La  edad media de las madres para tener el primer hijo lo dice todo: 19 años.

Para mi lo mágico sigue siendo el enorme poder de transformar la realidad que tenemos las mujeres. La cadena es infinita. Veo tantos lugares donde una sola persona dice “voy a hacer algo para erradicar el maltrato en el parto” y se pone a ello…Entre todas lo vamos logrando. Es esperanzador, necesario, mágico.

Podría contar muchas historias pero…estoy agotada. Un abrazo desde Harare.

Amamantar es amar

IMG_8563Amamantar es amar. Hacerlo durante años conlleva una profundidad en la experiencia del amor maternal difícil de explicar y transmitir. Las madres que lo hemos vivido así no solemos reveindicar la lactancia porque proteja de enfermedades o mejora el desarrollo neurocognitivo, no. Eso sería como decir que hacer el amor es bueno porque disminuye el estrés, un reduccionismo impensable para quien se entrega a la relación amorosa con toda el alma.

IMG_8564Amamantar durante años significa criar con miles, millones de abrazos, besos y caricias. Así se desarrolla una relación íntima, entrañable, segura. Estos niños y niñas construyen su personalidad desde ahí, desde la piel y el bienestar, desde la confianza que da haber vivido el cuerpo materno como un hogar durante la primera infancia.  Y sí, su sistema oxitocinérgico se desarrolla  de otra manera, aunque eso todavía está poco investigado.

IMG_8568Mi amiga Azucena me regala estas imágenes amamantando a su hijo Bastian, que pronto cumplirá cinco años. Me parecen muy bellas, emocionantes y valientes. Azu ya amamantó a Wanda, su primera hija, durante años y conoce bien la riqueza de experiencias que aporta de la lactancia.  Pese a ello, en esta segunda lactancia también ha tenido que enfrentarse a críticas y sugerencias de que destetara ya a su hijo. Esas críticas inevitablemente provienen de quien no tuvo la oportunidad de ser amamantado durante años por su madre ni ha podido vivir una lactancia prolongada con sus hijos o conocer de cerca la experiencia. Son prejuicios de quien piensa o teme que el placer y el amor puedan ser excesivos para la salud o dañinos y perjudiciales para el desarrollo humano. Nada más lejos de la realidad: la lactancia es el fundamento de la vida, como recoge este año el eslogan de esta  Semana Mundial de la Lactancia Materna.

Gracias Azucena por este regalo hermoso.

Réquiem por Aurora

A principios de este año, tres meses después de dar a luz a su segundo hijo, Aurora cayó al vacío desde un cuarto piso en medio de un episodio de psicosis puerperal. Esta compleja enfermedad pudo con ella. No era la primera vez que le pasaba. En el posparto de su primer hijo, apenas quince meses antes, también intentó precipitarse desde un balcón. En aquella ocasión Aurora fue hospitalizada en una planta de psiquiatría durante tres días. Aquello supuso el final de la lactancia de su primer bebé y el inicio de una dolorosa recuperación. En su segundo embarazo Aurora estaba decidida a cuidarse todo lo posible. Quería tener un parto natural, ya que el primero había sido una cesárea urgente altamente traumática (debido a la poca explicación de las razones para hacerla), y disfrutar de la lactancia.

En septiembre Aurora me había escrito: “ni mi parto ni la lactancia fueron como me hubiese gustado. Tras una cesárea no programada, por parto estacionado, sufrí unos meses más tarde un brote de psicosis postparto. Tuve que estar ingresada para estabilizarme y como consecuencia, al alta me dijeron que debía de dejar de darle el pecho a mi hijo por la posible interferencia medicamentosa. Tras esta etapa y medicalización caí en una depresión posparto. Gracias a Dios, estoy mejor ahora, recuperada, sin tratamientos farmacológicos y pudiendo ponerle nombre a lo que me pasó. Ahora estoy embarazada de nuevo, esperando ya apuntito que nazca nuestro segundo bebé para las primeras semanas de octubre. Lo más seguro es que sea un parto en casa, si Dios quiere y todo va bien…”. Pocos días después nos conocimos brevemente durante la presentación de mi libro “Parir” en Zaragoza. Ya no volví a saber de ella hasta hace unas semanas en que su padre me escribió.

Desde que até algunos cabos y comprendí que la mujer que había fallecido en enero dejando dos hijos de 21 y 3 meses de vida era la embarazada pelirroja que vino a saludarme tras mi charla en Zaragoza no he podido dejar de pensar en ella y en su familia.

Siento que, en cierto sentido, yo también le fallé. Aurora era enfermera especializada en salud mental y creo que, precisamente por ello, yo, erróneamente, asumí que tendría un buen seguimiento psiquiátrico durante su segundo embarazo y posparto para evitar un segundo episodio de psicosis puerperal (una patología con alto riesgo de recurrencia en cada posparto si no se trata). No le pregunté abiertamente, y ahora siento que de haberlo hecho tal vez hubiera podido ayudarle a seguir un tratamiento que podría haber evitado su recaída y trágica muerte. Asumí que al ser experta en salud mental sabría cuidarse, craso error que yo misma he sufrido en mis propias carnes en mis pospartos, cuando creo que nadie percibió lo mal que yo me encontraba porque, además, como yo ya era psiquiatra, me ocupé de ocultar muy bien los pensamientos macabros que en ocasiones me atormentaban. He tardado años en comprender que yo  sufrí un trastorno de estrés postraumático en mi segundo y tercer posparto y que con un buen tratamiento psiquiátrico y psicológico mi sufrimiento y sus consecuencias hubieran sido mucho menores. Pese a todo lo que he aprendido desde entonces, cometí el mismo error con Aurora que otros conmigo, el de olvidar que “en casa de herrero cuchillo de palo…”

Que pena. Pienso en Aurora y en su ausencia en la vida de sus seres queridos, especialmente en esos bebés que crecerán sin apenas recuerdo de su dulce madre. Aurora es una víctima, otra más del estigma que rodea todavía la enfermedad mental y que en el caso de los trastornos perinatales es máxima. No sólo no se contempla apenas la posibilidad de que una madre sufra un trastorno mental durante el embarazo o el posparto, ni se ofrecen recursos especializados para tratar estas patologías, sino que, por muchas otras razones, ser madre hoy en día se ha convertido en una heroicidad máxima. Nuestra sociedad falla a las madres y a los bebés de diversas maneras. Ignora sus necesidades, no les ofrece cuidados apenas, les juzga duramente sin pararse a pensar en las consecuencias… Y no sólo es ignorancia o juicio, a veces hay un verdadero ensañamiento con las madres.

Me gustaría poder hablar de todo ello. Me gustaría honrar la memoria de Aurora y de tantas otras mujeres. Me gustaría contribuir a que se entienda porque debería ser tarea de todos cuidar a las embarazadas y a las madres recientes. Hablar de Aurora y escribir sobre ella y sobre todas nosotras, será mi manera de intentar hacer realidad lo que me dijo en aquel mensaje de septiembre: “Mi intención es poder ayudar a todo aquel que quiera conocer más sobre la psicopatología durante el posparto, y si puedo compartir mi historia si crees que puede ser de utilidad, me encantaría poder ayudar en este campo todo lo que pueda”.

¡Ay Aurora! Cuantas mujeres pensamos más en ayudar a otras antes que en cuidarnos y protegernos…No te conozco apenas ni sé apenas nada de tu vida, pero me dispongo a ello. A conocerte mejor, a profundizar en tu historia, a hablar con los que más te quisieron, para comprenderte y para hacer realidad este deseo que me expresaste y que yo también comparto.  No sólo ese deseo: sin conocerte apenas, me identifico con varias cosas tuyas. Ese empeño por tener un parto vaginal después de cesárea que te hizo buscar un parto en casa porque los obstetras te decían que con sólo dieciocho meses de intervalo desde la primera cesárea el riesgo de rotura uterina era demasiado elevado para intentar un parto vaginal. Pariste en casa de tu matrona y seguramente te libraste de una buena…Y esa determinación por amamantar a tu segundo hijo, ¿cómo no comprenderte? Me toca de cerca porque en tu único mensaje también me decías: “Mi amiga Bea me habló de ti por primera vez. Yo estaba embarazada de mi primer bebé y me animó a asistir a la charla que diste en 2016 sobre la Bioneurología de la lactancia. La charla me encantó y me animó todavía más a intentar darle el pecho a mi hijo”.

Siento tu pena Aurora. Tu frustración por ese primer destete forzado por el ingreso y porque “me dijeron que debía de dejar de darle el pecho a mi hijo por la posible interferencia medicamentosa”. ¡Cuando la inmensa mayoría de psicofármacos son perfectamente compatibles con la lactancia! Pero la mayoría de los psiquiatras no saben apenas nada de lactancia y lo ven como “un obstáculo” para el tratamiento.  Cuántas madres han dejado la lactancia por las mismas razones, a cuantas les han metido miedo en el cuerpo a alimentar a sus bebés, o se han visto en la disyuntiva de seguir su intuición e instinto o el consejo médico…!He atendido a muchas de esas madres, me han buscado y pedido ayuda desde tantísimos lugares…Bastantes lograron amamantar sin problema, incluso tomando fármacos necesarios para asegurar su estabilidad psíquica.

Puedo imaginarme ese durísimo ingreso breve en una unidad de psiquiatría por una psicosis puerperal. Separada de tu bebé, ¡qué difícil tuvo que ser la recuperación! Por desgracia en nuestro país no existen todavía unidades psiquiátricas donde puedan ingresar las madres con sus bebés, a diferencia de otros países europeos donde las “Mother-Baby Units”, unidades psiquiátricas madre-bebé, son una realidad desde hace décadas. Lo imagino y entiendo que no quisieras saber nada de hospitales, de paritorios, de psiquiatras…Elegiste a tu manera protegerte de un sistema que no te aseguraba un trato digno y respetuoso, basado en la evidencia científica y no en prejuicios misóginos.

¡Ay Aurora! No sé si sirve de algo imaginar lo distinto que hubiera sido todo si hubieras tenido un buen seguimiento psiquiátrico y psicoterapéutico en tu último embarazo y en tu posparto. Pienso en otras madres que he conocido que si han tenido esa ayuda y que han podido disfrutar del posparto pese a haber tenido experiencias terroríficas anteriormente. Yo sí puedo imaginarlo, como estarías ahora si hubieras podido tener una ayuda profesional de calidad, si hubieras podido ingresar junto a tu bebé, sabiendo que os iban a ayudar a los dos…

Diez años antes de conocerte, en octubre del 2008 viajé a Pittsburgh, fue la primera vez que acudí a un congreso de la Sociedad Marcé Internacional. Recuerdo bien como en una de las pausas café comencé a conversar con una mujer. Cuando le pregunté a que se dedicaba su respuesta me dejó atónita: “soy superviviente de una psicosis puerperal, ahora me dedico a ayudar para que otras mujeres no pasen por lo mismo que yo”. Por aquellos tiempos en España algo así era inimaginable. Empezando por el uso de esas palabras: “superviviente de una psicosis puerperal”. Siguiendo por la presencia: una “enferma” en un congreso de profesionales de la salud mental. Aquella mujer y la conversación que siguió me rompió muchos esquemas. Diez años más tarde creo que has sido la primera mujer que en España se me ha ofrecido para hablar públicamente de su psicosis puerperal. Qué rabia que tu testimonio sólo vaya a llegar después de tu trágica muerte.

Lo siento Aurora. Lo siento mucho. Acepto ahora tu propuesta. Si, profundizaré en tu historia. Intentaré escuchar a los que te conocieron y quisieron, recabaré los datos, probaré a reconstruir tus últimos meses. Y lo contaré. Con la ayuda de tu familia, tu matrona, tus compañeras y otras expertas en salud mental perinatal vamos a gestar una campaña de sensibilización para prevenir las psicosis puerperales. Siento que te lo debo y que , de alguna manera, me lo debo a mi misma.

 

El regalo de Lola: lactancia en duelo

Lágrimas blancas. Así, con esa belleza poética, llaman algunas madres a la leche que producen sus senos después de unas de las experiencias más díficiles que como madre toca vivir: parir a un bebé sin vida. Tradicionalmente a esas madres se les solía suprimir la lactancia dándoles fármacos inhibidores o vendándoles los pechos. Pero siempre, en los márgenes del sistema, hubo unas pocas que rechazaban esas opciones y buscaban otras alternativas. La principal: donar esa leche a otros bebés. Casi siempre estas han sido madres de grupos de apoyo a la lactancia que precisamente por ello conocían de cerca los beneficios de la leche de madre para todos los recién nacidos y preferían buscar la manera de donar su leche.

Una de esas madres, Julia Vázquez Dodero lo cuenta así:

Estaba embarazada de 27 semanas cuando perdí a mi bebé. Dejé de sentir sus movimientos. Me tomé un vaso de chocolate caliente con un montonazo de azúcar para ver si reaccionaba y al seguir sin sentirlo me fui a urgencias. Allí me confirmaron que ya no tenía latido y me dijeron que tenía que dar a luz a mi bebé sin vida.

Y sí, aunque no lo parezca, ésta historia también habla de lactancia.

Me provocaron el parto. Estuve en el hospital unas 24 horas. Me ofrecieron una pastilla para cortar la lactancia. Yo ya había decidido que no me la iba a tomar pero, además, a la matrona se le olvidó marcarlo en mi historial, con lo cual el enfermero ni siquiera me la dio. Sentía que era casi lo único que podía controlar, permitiendo que mi cuerpo reaccionase como necesitara. Confieso que tenía la pequeña sospecha de que no me iba a subir la leche, al fin y al cabo no había llegado al final del embarazo y, en mi ingenuidad, creía que el cuerpo no se “iba a dar cuenta” de que había dado a luz.

Julia cuenta en el número 4 de la revista Muerte y Duelo Perinatal (que edita la asociación Uma Manita) como logró donar su leche y lo que ello significó:

Fue una experiencia preciosa. Me ayudó mucho poder hacerlo. Siempre digo que era como entregar un regalo importantísimo que Lola había dejado en mi cuerpo, así lo viví. Me acompañó mucho durante ese primer momento tan difícil del duelo, era un poco como honrar su visita y darle sentido. Y me ponía los pelos de punta pensar en los bebés que la iban a recibir. Las dos veces que fui al hospital, con mi nevera repletita de botes, oía los llantos de los minúsculos bebés prematuros que la iban a recibir y me emocionaba. En mi experiencia, poder donar la leche sólo tuvo efectos positivos. Siete litros en total! Mucha alegría dentro de tanta tristeza.

Después de esa experiencia Julia con otras mujeres y profesionales han creado el Proyecto Lola, para ayudar a otras madres a donar su leche tras la muerte perinatal. Lola hou hubiera cumplido dos años.

Un proyecto precioso, pequeño, e importante. Gracias Julia, gracias Lola. Como dicen en tu familia: siempre serás pequeña, querida y feliz.