María Wine, poeta sueca (1912-2003)

La poeta sueca María Wine lleva acompañándome casi toda la vida, desde que siendo adolescente cayó en mis manos una antología suya traducida por Justo Jorge Padrón. Sus poemas hablan de naturaleza, de árboles y de mujeres, de amor y de libertad. A mi me recuerda mucho a otra de mis grandes favoritas, la Nobel polaca Wislawa Szymborska, a la que descubrí unos veintitantos años más tarde.

Hoy he podido visitar su tumba. Aprovechando que me encuentro en Estocolmo para una pequeña estancia de investigación (con Kerstin Uvnäs Moberg, pero de eso hablaré en otra entrada) he buscado el lugar donde descansan sus restos junto a los de su marido, el también poeta Artur Lundqvist. Una tumba sencilla, humilde, con flores y abeja revoloteando. Bajo árboles frondosos y sin ningun cartel que señale quien yace ahí. He sentido una cálida emoción. Os dejo dos de sus poemas:

Tumba de Maria Wine y Artur Lundkvist en Solna, Suecia.

¡El camino a la muerte espero hacerlo sola!

Déjame escapar del reverso de la consolación,

evitar

ser acariciada por el cuchillo de mantqeuilla de la compasión,

escapar de ser víctima del barreno de la curiosidad

No deseo recibir inyecciones falsas de esperanza.

No tengo fuerzas para consolar al que angustiosamente

refleja su muerte venidera en la mía.

Deseo ir totalmente sola el último trozo del camino.

Ni siquiera mi amante podrá acompañarme,

no quiero ver

mid sufrimientos reflejados en sus ya tristes ojos.

Toda una vida he tenido para acostumbrarme

a la muerte:

Quiero ir a su encuentro totalmente sola.

María Wine , 1969

 

 

AMAME

pero no te aproximes demasiado

deja espacio al amor

para que se ría de su felicidad

deja siempre que un fuego de mi pelo rubio

sea libre.

María Wine

Réquiem por Aurora

A principios de este año, tres meses después de dar a luz a su segundo hijo, Aurora cayó al vacío desde un cuarto piso en medio de un episodio de psicosis puerperal. Esta compleja enfermedad pudo con ella. No era la primera vez que le pasaba. En el posparto de su primer hijo, apenas quince meses antes, también intentó precipitarse desde un balcón. En aquella ocasión Aurora fue hospitalizada en una planta de psiquiatría durante tres días. Aquello supuso el final de la lactancia de su primer bebé y el inicio de una dolorosa recuperación. En su segundo embarazo Aurora estaba decidida a cuidarse todo lo posible. Quería tener un parto natural, ya que el primero había sido una cesárea urgente altamente traumática (debido a la poca explicación de las razones para hacerla), y disfrutar de la lactancia.

En septiembre Aurora me había escrito: “ni mi parto ni la lactancia fueron como me hubiese gustado. Tras una cesárea no programada, por parto estacionado, sufrí unos meses más tarde un brote de psicosis postparto. Tuve que estar ingresada para estabilizarme y como consecuencia, al alta me dijeron que debía de dejar de darle el pecho a mi hijo por la posible interferencia medicamentosa. Tras esta etapa y medicalización caí en una depresión posparto. Gracias a Dios, estoy mejor ahora, recuperada, sin tratamientos farmacológicos y pudiendo ponerle nombre a lo que me pasó. Ahora estoy embarazada de nuevo, esperando ya apuntito que nazca nuestro segundo bebé para las primeras semanas de octubre. Lo más seguro es que sea un parto en casa, si Dios quiere y todo va bien…”. Pocos días después nos conocimos brevemente durante la presentación de mi libro “Parir” en Zaragoza. Ya no volví a saber de ella hasta hace unas semanas en que su padre me escribió.

Desde que até algunos cabos y comprendí que la mujer que había fallecido en enero dejando dos hijos de 21 y 3 meses de vida era la embarazada pelirroja que vino a saludarme tras mi charla en Zaragoza no he podido dejar de pensar en ella y en su familia.

Siento que, en cierto sentido, yo también le fallé. Aurora era enfermera especializada en salud mental y creo que, precisamente por ello, yo, erróneamente, asumí que tendría un buen seguimiento psiquiátrico durante su segundo embarazo y posparto para evitar un segundo episodio de psicosis puerperal (una patología con alto riesgo de recurrencia en cada posparto si no se trata). No le pregunté abiertamente, y ahora siento que de haberlo hecho tal vez hubiera podido ayudarle a seguir un tratamiento que podría haber evitado su recaída y trágica muerte. Asumí que al ser experta en salud mental sabría cuidarse, craso error que yo misma he sufrido en mis propias carnes en mis pospartos, cuando creo que nadie percibió lo mal que yo me encontraba porque, además, como yo ya era psiquiatra, me ocupé de ocultar muy bien los pensamientos macabros que en ocasiones me atormentaban. He tardado años en comprender que yo  sufrí un trastorno de estrés postraumático en mi segundo y tercer posparto y que con un buen tratamiento psiquiátrico y psicológico mi sufrimiento y sus consecuencias hubieran sido mucho menores. Pese a todo lo que he aprendido desde entonces, cometí el mismo error con Aurora que otros conmigo, el de olvidar que “en casa de herrero cuchillo de palo…”

Que pena. Pienso en Aurora y en su ausencia en la vida de sus seres queridos, especialmente en esos bebés que crecerán sin apenas recuerdo de su dulce madre. Aurora es una víctima, otra más del estigma que rodea todavía la enfermedad mental y que en el caso de los trastornos perinatales es máxima. No sólo no se contempla apenas la posibilidad de que una madre sufra un trastorno mental durante el embarazo o el posparto, ni se ofrecen recursos especializados para tratar estas patologías, sino que, por muchas otras razones, ser madre hoy en día se ha convertido en una heroicidad máxima. Nuestra sociedad falla a las madres y a los bebés de diversas maneras. Ignora sus necesidades, no les ofrece cuidados apenas, les juzga duramente sin pararse a pensar en las consecuencias… Y no sólo es ignorancia o juicio, a veces hay un verdadero ensañamiento con las madres.

Me gustaría poder hablar de todo ello. Me gustaría honrar la memoria de Aurora y de tantas otras mujeres. Me gustaría contribuir a que se entienda porque debería ser tarea de todos cuidar a las embarazadas y a las madres recientes. Hablar de Aurora y escribir sobre ella y sobre todas nosotras, será mi manera de intentar hacer realidad lo que me dijo en aquel mensaje de septiembre: “Mi intención es poder ayudar a todo aquel que quiera conocer más sobre la psicopatología durante el posparto, y si puedo compartir mi historia si crees que puede ser de utilidad, me encantaría poder ayudar en este campo todo lo que pueda”.

¡Ay Aurora! Cuantas mujeres pensamos más en ayudar a otras antes que en cuidarnos y protegernos…No te conozco apenas ni sé apenas nada de tu vida, pero me dispongo a ello. A conocerte mejor, a profundizar en tu historia, a hablar con los que más te quisieron, para comprenderte y para hacer realidad este deseo que me expresaste y que yo también comparto.  No sólo ese deseo: sin conocerte apenas, me identifico con varias cosas tuyas. Ese empeño por tener un parto vaginal después de cesárea que te hizo buscar un parto en casa porque los obstetras te decían que con sólo dieciocho meses de intervalo desde la primera cesárea el riesgo de rotura uterina era demasiado elevado para intentar un parto vaginal. Pariste en casa de tu matrona y seguramente te libraste de una buena…Y esa determinación por amamantar a tu segundo hijo, ¿cómo no comprenderte? Me toca de cerca porque en tu único mensaje también me decías: “Mi amiga Bea me habló de ti por primera vez. Yo estaba embarazada de mi primer bebé y me animó a asistir a la charla que diste en 2016 sobre la Bioneurología de la lactancia. La charla me encantó y me animó todavía más a intentar darle el pecho a mi hijo”.

Siento tu pena Aurora. Tu frustración por ese primer destete forzado por el ingreso y porque “me dijeron que debía de dejar de darle el pecho a mi hijo por la posible interferencia medicamentosa”. ¡Cuando la inmensa mayoría de psicofármacos son perfectamente compatibles con la lactancia! Pero la mayoría de los psiquiatras no saben apenas nada de lactancia y lo ven como “un obstáculo” para el tratamiento.  Cuántas madres han dejado la lactancia por las mismas razones, a cuantas les han metido miedo en el cuerpo a alimentar a sus bebés, o se han visto en la disyuntiva de seguir su intuición e instinto o el consejo médico…!He atendido a muchas de esas madres, me han buscado y pedido ayuda desde tantísimos lugares…Bastantes lograron amamantar sin problema, incluso tomando fármacos necesarios para asegurar su estabilidad psíquica.

Puedo imaginarme ese durísimo ingreso breve en una unidad de psiquiatría por una psicosis puerperal. Separada de tu bebé, ¡qué difícil tuvo que ser la recuperación! Por desgracia en nuestro país no existen todavía unidades psiquiátricas donde puedan ingresar las madres con sus bebés, a diferencia de otros países europeos donde las “Mother-Baby Units”, unidades psiquiátricas madre-bebé, son una realidad desde hace décadas. Lo imagino y entiendo que no quisieras saber nada de hospitales, de paritorios, de psiquiatras…Elegiste a tu manera protegerte de un sistema que no te aseguraba un trato digno y respetuoso, basado en la evidencia científica y no en prejuicios misóginos.

¡Ay Aurora! No sé si sirve de algo imaginar lo distinto que hubiera sido todo si hubieras tenido un buen seguimiento psiquiátrico y psicoterapéutico en tu último embarazo y en tu posparto. Pienso en otras madres que he conocido que si han tenido esa ayuda y que han podido disfrutar del posparto pese a haber tenido experiencias terroríficas anteriormente. Yo sí puedo imaginarlo, como estarías ahora si hubieras podido tener una ayuda profesional de calidad, si hubieras podido ingresar junto a tu bebé, sabiendo que os iban a ayudar a los dos…

Diez años antes de conocerte, en octubre del 2008 viajé a Pittsburgh, fue la primera vez que acudí a un congreso de la Sociedad Marcé Internacional. Recuerdo bien como en una de las pausas café comencé a conversar con una mujer. Cuando le pregunté a que se dedicaba su respuesta me dejó atónita: “soy superviviente de una psicosis puerperal, ahora me dedico a ayudar para que otras mujeres no pasen por lo mismo que yo”. Por aquellos tiempos en España algo así era inimaginable. Empezando por el uso de esas palabras: “superviviente de una psicosis puerperal”. Siguiendo por la presencia: una “enferma” en un congreso de profesionales de la salud mental. Aquella mujer y la conversación que siguió me rompió muchos esquemas. Diez años más tarde creo que has sido la primera mujer que en España se me ha ofrecido para hablar públicamente de su psicosis puerperal. Qué rabia que tu testimonio sólo vaya a llegar después de tu trágica muerte.

Lo siento Aurora. Lo siento mucho. Acepto ahora tu propuesta. Si, profundizaré en tu historia. Intentaré escuchar a los que te conocieron y quisieron, recabaré los datos, probaré a reconstruir tus últimos meses. Y lo contaré. Con la ayuda de tu familia, tu matrona, tus compañeras y otras expertas en salud mental perinatal vamos a gestar una campaña de sensibilización para prevenir las psicosis puerperales. Siento que te lo debo y que , de alguna manera, me lo debo a mi misma.

 

El regalo de Lola: lactancia en duelo

Lágrimas blancas. Así, con esa belleza poética, llaman algunas madres a la leche que producen sus senos después de unas de las experiencias más díficiles que como madre toca vivir: parir a un bebé sin vida. Tradicionalmente a esas madres se les solía suprimir la lactancia dándoles fármacos inhibidores o vendándoles los pechos. Pero siempre, en los márgenes del sistema, hubo unas pocas que rechazaban esas opciones y buscaban otras alternativas. La principal: donar esa leche a otros bebés. Casi siempre estas han sido madres de grupos de apoyo a la lactancia que precisamente por ello conocían de cerca los beneficios de la leche de madre para todos los recién nacidos y preferían buscar la manera de donar su leche.

Una de esas madres, Julia Vázquez Dodero lo cuenta así:

Estaba embarazada de 27 semanas cuando perdí a mi bebé. Dejé de sentir sus movimientos. Me tomé un vaso de chocolate caliente con un montonazo de azúcar para ver si reaccionaba y al seguir sin sentirlo me fui a urgencias. Allí me confirmaron que ya no tenía latido y me dijeron que tenía que dar a luz a mi bebé sin vida.

Y sí, aunque no lo parezca, ésta historia también habla de lactancia.

Me provocaron el parto. Estuve en el hospital unas 24 horas. Me ofrecieron una pastilla para cortar la lactancia. Yo ya había decidido que no me la iba a tomar pero, además, a la matrona se le olvidó marcarlo en mi historial, con lo cual el enfermero ni siquiera me la dio. Sentía que era casi lo único que podía controlar, permitiendo que mi cuerpo reaccionase como necesitara. Confieso que tenía la pequeña sospecha de que no me iba a subir la leche, al fin y al cabo no había llegado al final del embarazo y, en mi ingenuidad, creía que el cuerpo no se “iba a dar cuenta” de que había dado a luz.

Julia cuenta en el número 4 de la revista Muerte y Duelo Perinatal (que edita la asociación Uma Manita) como logró donar su leche y lo que ello significó:

Fue una experiencia preciosa. Me ayudó mucho poder hacerlo. Siempre digo que era como entregar un regalo importantísimo que Lola había dejado en mi cuerpo, así lo viví. Me acompañó mucho durante ese primer momento tan difícil del duelo, era un poco como honrar su visita y darle sentido. Y me ponía los pelos de punta pensar en los bebés que la iban a recibir. Las dos veces que fui al hospital, con mi nevera repletita de botes, oía los llantos de los minúsculos bebés prematuros que la iban a recibir y me emocionaba. En mi experiencia, poder donar la leche sólo tuvo efectos positivos. Siete litros en total! Mucha alegría dentro de tanta tristeza.

Después de esa experiencia Julia con otras mujeres y profesionales han creado el Proyecto Lola, para ayudar a otras madres a donar su leche tras la muerte perinatal. Lola hou hubiera cumplido dos años.

Un proyecto precioso, pequeño, e importante. Gracias Julia, gracias Lola. Como dicen en tu familia: siempre serás pequeña, querida y feliz.

 

 

La historia de Leonard y Marianne, por Alberto Manzano

En estos días de noviembre en que se cumple el primer aniversario de la partida de mi querido Leonard Cohen he disfrutado mucho leyendo este joyita de libro: La historia de Leonard y Marianne. Narra la historia de la relación entre Leonard y Marianne en los años sesenta en la isla griega de Hidra. Un tiempo en el que Leonard Cohen intentaba ganarse la vida como escritor  y que se cierra con el inicio de su carrera musical. Entre otras cosas, cuenta como se gestaron canciones tan imprescindibles como So long Marianne, Sisters of Mercy o Bird on a wire.

El libro, que me ha parecido delicioso, está escrito por Alberto Manzano , amigo personal de Leonard desde principios de los ochenta, biógrafo y traductor de casi toda su obra al castellano.

El próximo 22 de noviembre celebraremos la vida y obra de Leonard Cohen en un concierto recital homenaje en la sala Clamores de Madrid.

¡Nos vemos!

 

Las madres muertas

Lost MothersEstados Unidos tiene la tasa de mortalidad materna más elevada de los países llamados “desarrollados”. Casi mil mujeres fallecen cada año dando a luz o por causas directamente relacionadas con el embarazo, parto y posparto. Entre otras debido a:

  • falta de atención médica y/o seguro que la cubra
  • trastornos psiquiátricos perinatales: depresión, ansiedad, suicidio, consumo de drogas y las complicaciones médicas derivadas de los mismos
  • medicalización del parto: cesáreas, inducciones, y demás intervenciones que ponen en peligro la vida de madres y bebés, en resumen: violencia obstétrica a veces con resultado fatal.

Ahora un equipo de investigadores intenta visibilizar y nombrar estas muertes, para lo que han armado una web donde esperan recoger las historias de las entre 700 y 900 madres fallecidas en 2016. Ya han recopilado las historias de unas 120. Muchas, muchísimas, eran evitables con una atención sanitaria correcta. Leer sus historias es necesario para comprender la dimensión del drama y del problema.

Lágrimas por Leonard Cohen

Mi querido Leonard Cohen:

Aún no he podido llorar tu muerte. Llevaba dos semanas escuchando a todas horas tu despedida You want it darker cuando me llegó la noticia de tu partida y ni por esas.

No me creo tu no presencia en este mundo. Tu voz y tus canciones toda mi vida, tu poesía, toda tu belleza…¿cómo será tu ausencia?

Otoño y este difícil noviembre. Despedidas, canciones, poesía, y más lágrimas.

The reason I write l-cohen-hydra

is to make something

as beautiful as you are.

L. Cohen

 

¿Alguna palabra que nos nombre a nosotras viudas de tu amor platónico?

Dance me to the end of love, my dear partisan, Where is my gypsy wife?

There were three of us this morning
I’m the only one this evening
But I must go on
The frontiers are my prison
Oh, the wind, the wind is blowing
Through the graves the wind is blowing
Freedom soon will come

It seems so long ago, Nancy wore green stockings, and she slept with everyone…

oh please! please! dont pass me by,

I looked for you in everyone
And they called me on that too
I lived alone but I was only
Coming back to you

I am going to miss you forever,

Hallelujah…

Descansa en paz amor.

Para Luna, de mamá. Cheli Blasco

PARA LUNA, DE MAMALuna murió dos días antes de nacer. Tuvo una vida breve, apenas veintesiete semanas en el vientre de su madre, Cheli Blasco. Ella decidió seguir adelante con la gestación a pesar de que como dicen algunos aquel bebé era “incompatible con la vida“. Desde la consciencia y la lucidez, con pena y alegría, escribió entonces Cheli:

Me estoy preparando para cuando mi hija ya no esté

Luna Williamson nació sin vida en la madrugada del 21 de junio de 2013, en su casa. Y cuenta Cheli

Fuimos aprendiendo a rearmar la vida y reacomodarnos alrededor de su presencia ausente

Cheli ha compartido sus escritos de amor y muerte en este libro precioso, una verdadera joya, deliciosamente bien escrito. El libro empieza con su magistral “Otras cagadas de no tener a mi hija” que bien podría servir para expresar el sentir de emuchas madres que no han tenido hijas, solo hijos varones. Lo que sigue es profundamente hermoso, poético, valiosísimo. Una vivencia plena de la muerte y el duelo, sin tapujos, con momentos místicos, con risa, con dolor profundo, con lágrimas y ausencia de respuestas, con muchísimo amor y pena. He tenido que leerlo muy despacio, con la sensación de estar abriendo un regalo delicadisimo.

Un puerperio sola, sangrando yo..

¿Qué hace una mamá sin bebé?

Nadie sabe

Ojalá nadie supiera

Leyendo fui conociendo a Luna, le escuché charlar con su mamá:

No soy un ángel,

no te espero en ningun lado

Porque ya estoy

en tu amor

Imagen de Cheli Blasco

Imagen de Cheli Blasco

Me dieron ganas de escribirle: Luna, yo también te siento, te percibo, te agradezco. Gracias Luna por ser y por descubrirme la escritora que es tu madre, a la que ya conocí y admiraba pero de la que desconocía su don con la palabra escrito.

Gracias Cheli por darte tanto. Leerte me ayuda a vivir. Me has recordado algo que percibí en muchos duelos perinatales que me tocó acompañar: como en los momentos tan duros también aparece la luz, las pequeñas perlas, las risas o la alegría incluso en medio de tanto dolor. La vida misma, como ese corazón que descubriste despues de autorretratarte en pleno duelo. Leerte me ayuda a seguir viviendo con ese miedo que compartimos todas las madres, el peor de todos, el terrible miedo a perder un hijo o hija.

Por favor Cheli sigue escribiendo. Eres una gran escritora: una de mis favoritas.

Para comprar el libro: Para Luna, de mamá. Escritos de amor y muerte.

Hablamos de la muerte (en círculos).

Primero de Medicina, clase práctica de la asignatura de Psicología Médica sobre el duelo, la comunicación de malas noticias. Nos colocamos en círculo, casi treinta alumnos en cada círculo, (cuatro en total) chavales, futuros médicos y médicas. Respiramos hondo, con los ojos cerrados: mira como estás y como se siente tu cuerpo aquí, ahora. Durante las próximas dos horas hablaremos de la muerte.

Hablamos de la muerte. Con timidez, con nerviosismo, con llanto, con pena, con un poco de risa también. Comienzan a compartir sus experiencias con la muerte. Todos escuchan con máximo respeto. Lentamente van fluyendo las palabras, el que vió caer fulminado a su amigo en un partido de fútbol, la que hace apenas unos día perdió a su abuelo más querido, la que se sintió maltratada por un médico que le forzaba a despedirse de su padre, el que sólo tras su muerte descubrió cuanto quería a la vecina anciana de su pueblo, la niña a la que nadie le dijo nada pero lo supo todo, la tristeza que me produjo la muerte de mi perro tras toda una vida con él…Historias, homenajes, silencios. Palabras que a veces tardan en salir o se quedan entrecortadas en la garganta. Tímidos abrazos, manos sobre los hombros. Respiramos hondo nuevamente. Todo está bien.

¿Cómo te sientes, qué te llevas? Aliviada, triste, tranquila, revuelto, en paz…Agradecida. He aprendido de mis compañeros, no imaginé que algunos de ellos tuvieran experiencias tan duras. Me doy cuenta de lo importante que es apreciar a los que queremos mientras estamos vivos. Esta noche llamaré a mi abuelo, a mi abuela. Es importante hablar de la muerte para poder ser buenos médicos. Hay que acompañar a los niños y niñas en los duelos, porque se enteran de todo. Me siento más cerca de mis compañeros. Me siento contenta de haber podido hablar de ella, es la razón por la que decidí estudiar medicina. No pensé que me sentiría bien hablando de la muerte, es algo que me da mucho miedo. Me he sentido escuchada. Ahora aprecio más la vida.

Gracias. A todos los alumnos y alumnas que durante esta semana con tanta valentía han hablado de la muerte. Al círculo y a todos los espacios que precedieron a este. A todos los que trabajan por la humanización de la medicina. Es esperanzador poder crear estos espacios al inicio de la carrera de los futuros médicos, para que no pierdan por el camino esa preciosa empatía, esas ganas de ayudar, para que sepan cuidarse y reconocerse en el otro o la otra, en el que sufre, en la que acompaña.

Hay una conferencia preciosa del intensivista Peter Saul titulada asi: Hablemos de la muerte (Let´s talk about dying) Os la recomiendo y añado abajo.

Elizabeth Kubler-Rkubler rossoss lo explicó muy bien:

Si huimos del dolor huimos también del bienestar,

y si huimos de la muerte huimos también de la vida.

Morir cuando la vida empieza

libromorirMorir cuando la vida empieza. Conocer y despedir al hijo al mismo tiempo” es un librito que acaban de publicar  Silvia López y Maria Teresa Pi-Sunyer dos psicólogas que llevan años acompañando a madres y padres  en el difícil momento de la muerte perinatal.

El libro recoge la experiencia de los grupos de apoyo al duelo y las reflexiones de las profesionales. Hay sobre todo testimonios: voces de madres y padres, palabras de hermanos. Me ha parecido una joya de libro: aunque es pequeño no le falta nada, es precioso. Está escrito desde la escucha, el acompañamiento respetuoso y el cariño a las familias que se encuentran con el peor dolor de sus vidas cuando se preparaban para todo lo contrario.

Creo que es una lectura imprescindible para todos los profesionales que trabajan en el cuidado y la atención perinatal.

Lo edita Circulo Rojo.

Requiem por niña ahogada

imagenniña¿Qué hacer con esas manos? se preguntaba Luis Sepúlveda hace unos días ante esa imagen del cuerpo de una niña africana flotando en el Mediterráneo.

Intento responder de forma sincera. A ratos me imagino a esa niña y a su madre, a su familia, huyendo. Naufragando en la huída. No sé si mirar la foto es “hacer”. Qué hacer es la pregunta que más se repite ultimamente en mi entorno.

A veces me parece que mi corazón también viaja en una patera.

Aceptar los privilegios que por mi nacimiento en esta parte del mundo me fueron concedidos es fácil o difícil, depende de como se mire. Qué hacer con la injusticia como íntimo dilema cotidiano. A la vez la responsabilidad de ser feliz con lo que misteriosa o absurdamente me ha tocado.

Convocar a la alegría. Confiar casi a ciegas.

Seguir luchando por las niñas y los niños, mientras beso los piececitos  tan preciosos de mis pequeñas sobrinas. Callar no es otorgar. Abrazar. Hablar con las plantas, sembrar otras flores. Encender más velas, aceptar la congoja. El martirio no puede ser tu elección. Caminar por las cimas, volver a los bosques, escuchar la naturaleza.

Imaginar el naufragio. Hundiendote, llorar. Con tus hijos en una patera. Eras tu, soy yo. Mañana quien sabe. No entiendo nada, no sé apenas nada. Ser sincera me cuesta, aunque lo intento. Elegir bien las palabras, ser precisa si puedo. Niñas ahogadas flotan en el mar que amo. La miro y sigo. ¿Se puede adoptar un cadaver que flota en el mar? Un collar de margaritas. Volver a la orilla, mirar al cielo. En el horizonte siempre los mismos: los más crueles, los que tampoco fueron amados. Los más dañados y dañinos.

Batallas imposibles, invisibles. La piel más salada que las lágrimas. Tengo que confiar, tengo que sonreir, tengo que ser feliz. No queda otra.

Llorando besaré también las manos y los pies de esta niña. Suspiro hondo. Volveré a flotar en el mismo mar de mi infancia.  No dejaré que me mientan los que hablan de construir más vallas o hundir las barcas.

Te enseñaré a nadar, mi niña.