morir

La historia de Leonard y Marianne, por Alberto Manzano

En estos días de noviembre en que se cumple el primer aniversario de la partida de mi querido Leonard Cohen he disfrutado mucho leyendo este joyita de libro: La historia de Leonard y Marianne. Narra la historia de la relación entre Leonard y Marianne en los años sesenta en la isla griega de Hidra. Un tiempo en el que Leonard Cohen intentaba ganarse la vida como escritor  y que se cierra con el inicio de su carrera musical. Entre otras cosas, cuenta como se gestaron canciones tan imprescindibles como So long Marianne, Sisters of Mercy o Bird on a wire.

El libro, que me ha parecido delicioso, está escrito por Alberto Manzano , amigo personal de Leonard desde principios de los ochenta, biógrafo y traductor de casi toda su obra al castellano.

El próximo 22 de noviembre celebraremos la vida y obra de Leonard Cohen en un concierto recital homenaje en la sala Clamores de Madrid.

¡Nos vemos!

 

Las madres muertas

Lost MothersEstados Unidos tiene la tasa de mortalidad materna más elevada de los países llamados “desarrollados”. Casi mil mujeres fallecen cada año dando a luz o por causas directamente relacionadas con el embarazo, parto y posparto. Entre otras debido a:

  • falta de atención médica y/o seguro que la cubra
  • trastornos psiquiátricos perinatales: depresión, ansiedad, suicidio, consumo de drogas y las complicaciones médicas derivadas de los mismos
  • medicalización del parto: cesáreas, inducciones, y demás intervenciones que ponen en peligro la vida de madres y bebés, en resumen: violencia obstétrica a veces con resultado fatal.

Ahora un equipo de investigadores intenta visibilizar y nombrar estas muertes, para lo que han armado una web donde esperan recoger las historias de las entre 700 y 900 madres fallecidas en 2016. Ya han recopilado las historias de unas 120. Muchas, muchísimas, eran evitables con una atención sanitaria correcta. Leer sus historias es necesario para comprender la dimensión del drama y del problema.

Lágrimas por Leonard Cohen

Mi querido Leonard Cohen:

Aún no he podido llorar tu muerte. Llevaba dos semanas escuchando a todas horas tu despedida You want it darker cuando me llegó la noticia de tu partida y ni por esas.

No me creo tu no presencia en este mundo. Tu voz y tus canciones toda mi vida, tu poesía, toda tu belleza…¿cómo será tu ausencia?

Otoño y este difícil noviembre. Despedidas, canciones, poesía, y más lágrimas.

The reason I write l-cohen-hydra

is to make something

as beautiful as you are.

L. Cohen

 

¿Alguna palabra que nos nombre a nosotras viudas de tu amor platónico?

Dance me to the end of love, my dear partisan, Where is my gypsy wife?

There were three of us this morning
I’m the only one this evening
But I must go on
The frontiers are my prison
Oh, the wind, the wind is blowing
Through the graves the wind is blowing
Freedom soon will come

It seems so long ago, Nancy wore green stockings, and she slept with everyone…

oh please! please! dont pass me by,

I looked for you in everyone
And they called me on that too
I lived alone but I was only
Coming back to you

I am going to miss you forever,

Hallelujah…

Descansa en paz amor.

Para Luna, de mamá. Cheli Blasco

PARA LUNA, DE MAMALuna murió dos días antes de nacer. Tuvo una vida breve, apenas veintesiete semanas en el vientre de su madre, Cheli Blasco. Ella decidió seguir adelante con la gestación a pesar de que como dicen algunos aquel bebé era “incompatible con la vida“. Desde la consciencia y la lucidez, con pena y alegría, escribió entonces Cheli:

Me estoy preparando para cuando mi hija ya no esté

Luna Williamson nació sin vida en la madrugada del 21 de junio de 2013, en su casa. Y cuenta Cheli

Fuimos aprendiendo a rearmar la vida y reacomodarnos alrededor de su presencia ausente

Cheli ha compartido sus escritos de amor y muerte en este libro precioso, una verdadera joya, deliciosamente bien escrito. El libro empieza con su magistral “Otras cagadas de no tener a mi hija” que bien podría servir para expresar el sentir de emuchas madres que no han tenido hijas, solo hijos varones. Lo que sigue es profundamente hermoso, poético, valiosísimo. Una vivencia plena de la muerte y el duelo, sin tapujos, con momentos místicos, con risa, con dolor profundo, con lágrimas y ausencia de respuestas, con muchísimo amor y pena. He tenido que leerlo muy despacio, con la sensación de estar abriendo un regalo delicadisimo.

Un puerperio sola, sangrando yo..

¿Qué hace una mamá sin bebé?

Nadie sabe

Ojalá nadie supiera

Leyendo fui conociendo a Luna, le escuché charlar con su mamá:

No soy un ángel,

no te espero en ningun lado

Porque ya estoy

en tu amor

Imagen de Cheli Blasco

Imagen de Cheli Blasco

Me dieron ganas de escribirle: Luna, yo también te siento, te percibo, te agradezco. Gracias Luna por ser y por descubrirme la escritora que es tu madre, a la que ya conocí y admiraba pero de la que desconocía su don con la palabra escrito.

Gracias Cheli por darte tanto. Leerte me ayuda a vivir. Me has recordado algo que percibí en muchos duelos perinatales que me tocó acompañar: como en los momentos tan duros también aparece la luz, las pequeñas perlas, las risas o la alegría incluso en medio de tanto dolor. La vida misma, como ese corazón que descubriste despues de autorretratarte en pleno duelo. Leerte me ayuda a seguir viviendo con ese miedo que compartimos todas las madres, el peor de todos, el terrible miedo a perder un hijo o hija.

Por favor Cheli sigue escribiendo. Eres una gran escritora: una de mis favoritas.

Para comprar el libro: Para Luna, de mamá. Escritos de amor y muerte.

Hablamos de la muerte (en círculos).

Primero de Medicina, clase práctica de la asignatura de Psicología Médica sobre el duelo, la comunicación de malas noticias. Nos colocamos en círculo, casi treinta alumnos en cada círculo, (cuatro en total) chavales, futuros médicos y médicas. Respiramos hondo, con los ojos cerrados: mira como estás y como se siente tu cuerpo aquí, ahora. Durante las próximas dos horas hablaremos de la muerte.

Hablamos de la muerte. Con timidez, con nerviosismo, con llanto, con pena, con un poco de risa también. Comienzan a compartir sus experiencias con la muerte. Todos escuchan con máximo respeto. Lentamente van fluyendo las palabras, el que vió caer fulminado a su amigo en un partido de fútbol, la que hace apenas unos día perdió a su abuelo más querido, la que se sintió maltratada por un médico que le forzaba a despedirse de su padre, el que sólo tras su muerte descubrió cuanto quería a la vecina anciana de su pueblo, la niña a la que nadie le dijo nada pero lo supo todo, la tristeza que me produjo la muerte de mi perro tras toda una vida con él…Historias, homenajes, silencios. Palabras que a veces tardan en salir o se quedan entrecortadas en la garganta. Tímidos abrazos, manos sobre los hombros. Respiramos hondo nuevamente. Todo está bien.

¿Cómo te sientes, qué te llevas? Aliviada, triste, tranquila, revuelto, en paz…Agradecida. He aprendido de mis compañeros, no imaginé que algunos de ellos tuvieran experiencias tan duras. Me doy cuenta de lo importante que es apreciar a los que queremos mientras estamos vivos. Esta noche llamaré a mi abuelo, a mi abuela. Es importante hablar de la muerte para poder ser buenos médicos. Hay que acompañar a los niños y niñas en los duelos, porque se enteran de todo. Me siento más cerca de mis compañeros. Me siento contenta de haber podido hablar de ella, es la razón por la que decidí estudiar medicina. No pensé que me sentiría bien hablando de la muerte, es algo que me da mucho miedo. Me he sentido escuchada. Ahora aprecio más la vida.

Gracias. A todos los alumnos y alumnas que durante esta semana con tanta valentía han hablado de la muerte. Al círculo y a todos los espacios que precedieron a este. A todos los que trabajan por la humanización de la medicina. Es esperanzador poder crear estos espacios al inicio de la carrera de los futuros médicos, para que no pierdan por el camino esa preciosa empatía, esas ganas de ayudar, para que sepan cuidarse y reconocerse en el otro o la otra, en el que sufre, en la que acompaña.

Hay una conferencia preciosa del intensivista Peter Saul titulada asi: Hablemos de la muerte (Let´s talk about dying) Os la recomiendo y añado abajo.

Elizabeth Kubler-Rkubler rossoss lo explicó muy bien:

Si huimos del dolor huimos también del bienestar,

y si huimos de la muerte huimos también de la vida.

Morir cuando la vida empieza

libromorirMorir cuando la vida empieza. Conocer y despedir al hijo al mismo tiempo” es un librito que acaban de publicar  Silvia López y Maria Teresa Pi-Sunyer dos psicólogas que llevan años acompañando a madres y padres  en el difícil momento de la muerte perinatal.

El libro recoge la experiencia de los grupos de apoyo al duelo y las reflexiones de las profesionales. Hay sobre todo testimonios: voces de madres y padres, palabras de hermanos. Me ha parecido una joya de libro: aunque es pequeño no le falta nada, es precioso. Está escrito desde la escucha, el acompañamiento respetuoso y el cariño a las familias que se encuentran con el peor dolor de sus vidas cuando se preparaban para todo lo contrario.

Creo que es una lectura imprescindible para todos los profesionales que trabajan en el cuidado y la atención perinatal.

Lo edita Circulo Rojo.

Requiem por niña ahogada

imagenniña¿Qué hacer con esas manos? se preguntaba Luis Sepúlveda hace unos días ante esa imagen del cuerpo de una niña africana flotando en el Mediterráneo.

Intento responder de forma sincera. A ratos me imagino a esa niña y a su madre, a su familia, huyendo. Naufragando en la huída. No sé si mirar la foto es “hacer”. Qué hacer es la pregunta que más se repite ultimamente en mi entorno.

A veces me parece que mi corazón también viaja en una patera.

Aceptar los privilegios que por mi nacimiento en esta parte del mundo me fueron concedidos es fácil o difícil, depende de como se mire. Qué hacer con la injusticia como íntimo dilema cotidiano. A la vez la responsabilidad de ser feliz con lo que misteriosa o absurdamente me ha tocado.

Convocar a la alegría. Confiar casi a ciegas.

Seguir luchando por las niñas y los niños, mientras beso los piececitos  tan preciosos de mis pequeñas sobrinas. Callar no es otorgar. Abrazar. Hablar con las plantas, sembrar otras flores. Encender más velas, aceptar la congoja. El martirio no puede ser tu elección. Caminar por las cimas, volver a los bosques, escuchar la naturaleza.

Imaginar el naufragio. Hundiendote, llorar. Con tus hijos en una patera. Eras tu, soy yo. Mañana quien sabe. No entiendo nada, no sé apenas nada. Ser sincera me cuesta, aunque lo intento. Elegir bien las palabras, ser precisa si puedo. Niñas ahogadas flotan en el mar que amo. La miro y sigo. ¿Se puede adoptar un cadaver que flota en el mar? Un collar de margaritas. Volver a la orilla, mirar al cielo. En el horizonte siempre los mismos: los más crueles, los que tampoco fueron amados. Los más dañados y dañinos.

Batallas imposibles, invisibles. La piel más salada que las lágrimas. Tengo que confiar, tengo que sonreir, tengo que ser feliz. No queda otra.

Llorando besaré también las manos y los pies de esta niña. Suspiro hondo. Volveré a flotar en el mismo mar de mi infancia.  No dejaré que me mientan los que hablan de construir más vallas o hundir las barcas.

Te enseñaré a nadar, mi niña.

 

 

 

 

El derecho a parir bien acompañada

¿Con quien te gustaría parir? ¿Quién quieres que te acompañe en el nacimiento de tu bebé?

Muchísimas, probablemente la mayoría de las mujeres, dirán que con el padre del bebé. Muy bien. Pero si además del padre, te haces la pregunta de quién quieres que te anime, te acompañe, te acaricie, te recuerde algunas frases importantes en momentos de decaimiento o cansancio…Si quieres que alguien te ayude con el dolor o la fatiga, alguien que te pueda dar un masaje o recordar tus deseos a los profesionales que te atienden si tú no estás para hablar…Igual quieres que te acompañe tu hermana, o tu madre, o tu mejor amiga. O igual quieres que te acompañe una doula.

Parir bien acompañada es importante. El miedo bloquea, detiene, y complica el parto. En el parto intervienen las mismas hormonas que en el coito, que se alteran de igual manera. Es decir, para parir idealmente necesitamos sentirnos igual de confiadas, relajadas y tranquilas que cuando hacemos el amor con la persona amada. Si sentimos miedo, si nos interrumpen con preguntas o explicaciones, si nos ponen mala cara, si nos hacen cambiarnos de un lugar a otro, si nos dejan solas sin saber que sucede…el parto se detiene, se alarga, y las hormonas del estrés pueden incluso hacer que al bebé le llegue menos oxígeno y comience a sufrir.

El derecho a estar bien acompañada en el parto es algo básico. Y sin embargo todavía son demasiados los profesionales que atienden partos que no lo comprenden ni respetan. Así se dan situaciones a diario tremendas. Por ejemplo, en algunos hospitales te puede acompañar el padre en la cesárea si eres una “recomendada”, es decir, si tu pareja o tu trabajáis en ese hospital o tenéis a alguien muy cercano que trabaje allí, probablemente dejen a tu pareja entrar al quirófano en la cesárea, pero si no ni de broma. O si no tienes pareja, igual tu amiga puede acompañarte en el parto pero no tu doula. O si pasaste por un parto terrible la vez anterior que te dejo traumatizada, y quieres que una doula que te conoce desde entonces te acompañe en este parto porque eso te va a tranquilizar, tampoco te dejan. Son los profesionales del parto los que deciden, reglamentan, abren o cierran la puerta al paritorio con criterios bastante dispares, que no suelen estar escritos, o que si lo están admiten numerosas excepciones en función de quien esté de guardia. En cualquier caso lo que prima no es el respeto a la decisión de la mujer ni a sus necesidades, sino las opiniones, la comodidad, o las preferencias de los profesionales.

Y esto se da por igual en el nacer y en el morir. Hace unos días un padre escribió esta carta: La soledad de una UCI pediátrica. El derecho a estar bien acompañados se vulnera en las UCIs, pediátricas o de adultos. Muchas personas han fallecido solas en una UCI cuando sus seres queridos habrían dado lo que fuera por poder acompañarles en el tránsito, pero “las normas” lo impedían.

Para mí lo más grave del “informe doulas” es esto: lo que conlleva de no comprensión del derecho básico a estar bien acompañadas/os en los hospitales. En el parto, en el nacimiento, en la enfermedad, en la muerte.

 

Globos para el recuerdo, 2014.

globos para el recuerdoEs difícil acompañar la muerte perinatal. Cuando fallece un bebé durante el embarazo o en el parto casi nunca hay una buena explicación, apenas nada que entender, poco a lo que aferrarse. ¿Cómo recordar a un ser al que has amado sin apenas haber visto su cara más allá de algunas ecografías? ¿Como parir un bebé y despedirse al mismo tiempo? ¿Y cómo acompañar de manera respetuosa y cálida a la vez?

El sábado estuve en el acto organizado por Uma Manita: Globos para el recuerdo. Agradecí la invitación de Jillian Cassidy, su forma de cuidarnos también a los profesionales:

Me gustaría invitarte a la suelta de globos para que tu también puedes formar parte de este día. En los años que llevamos trabajando con profesionales sanitarios siempre nos cuentan lo duro que es para ellos cuando un bebé se muere durante su turno, lo dificil que es saber como cuidar a la familia además de cuidarse a uno mismo. La suelta de globos también es para ti, para que puedes soltar un poquito de ese dolor por esos bebés que se fueron”

Fue un acto sencillo, hermoso, emotivo. Hubo lágrimas y abrazos, música y palabras bellas. Cientos de globos blancos alejandose en el precioso cielo madrileño. Muchos niños y niñas correteando, haciendonos recordar a los que se fueron antes de tiempo.

Durante los últimos años acompañé a muchas familias en ese proceso en el hospital. A veces se me hizo difícil, otras me sorprendía como en medio de las historias de muerte siempre aparecían pequeñas perlas, preciosas: las madres o padres eran capaces de compartir detalles preciosos y hasta divertidos, la risa surgía en medio de las lágrimas, preludio tal vez de la esperanza. Como eran familias de culturas muy diversas ahí fue donde sentí mi falta de formación: en lo que tenía que ver con los aspectos transculturales de la muerte perinatal. En lo diferente que puede ser la expresión de ese duelo en Nigeria, China, Rumanía o República Dominicana.

El sábado para mi fue un alivio, poder llorar tantas pérdidas y como dice Jillian, soltar un poco ese dolor compartido.

 

El calor de la muerte

 

Hablamos tan poco de la muerte. Y cuando llega lo que sucede es parecido a lo que pasa con el nacimiento, como he comentado otras veces. No se preparan casi las despedidas, no se respetan los tiempos, no se permiten los abrazos prolongados, no se facilitan los duelos.

Una madre que perdió a su hija en el parto hace poco me contó como tuvo a la bebé más de tres horas con ella en el paritorio. Llorando, abrazándola ella y el padre, besándola, despidiéndose a la vez que comentaban cada detalle hermoso de su cuerpecito. Estos padres seguían con su pena pero les vi francamente bien, con un duelo que me pareció muy sano.

Recordé algo que he observado otras veces, que cuando las personas pueden pasar tiempo con su ser querido nada más fallecer, abrazarlo y tocarlo mientras va enfriándose muy lentamente parecen llevar mejor el duelo.  Como si hubiera algo natural en todo ello, como si alguna sustancia o energía invisible pasara en ese momento dando fuerzas y serenidad. Una amiga acompañó  a su abuela en la muerte este año y me contó con emoción como cuando las enfermeras al comprobar que la mujer había fallecido quisieron retirarla enseguida y mi amiga se negó y pidió permanecer allí con ella a solas más tiempo. Al fin y al cabo aun no había amanecido y no había prisa por llamar al resto de familiares. Mi amiga recuerda esa hora larga a solas con el cuerpo de su abuela como un momento reconfortante que le aportó mucha paz.

Ayer leí esta historia de una madre sobre el fallecimiento de su hijo Ty,  de cinco años por un tumor cerebral. Todo el relato merece ser la pena leído y compartido. La historia entera está contada en el blog Superty, donde además se puede hacer un donativo para la investigación sobre el cáncer infantil. Me ha parecido importante compartir este bellísimo párrafo que he traducido libremente  porque creo contiene toda una lección de amor sobre el calor de la muerte:

“El pequeño y bello cuerpo de Ty permaneció caliente durante un largo tiempo. No me lo esperaba. Su cabecita, su espalda, su tripa. Tan suave y caliente, reposamos nuestras manos allí durante no sé cuanto tiempo. Nos turnamos para sostener a Ty. Caminamos con él en brazos, besándole. Me sentía tan bien sosteniéndolo sobre mis hombros y besando su cuellito sin hacerle daño. Lou le estrujaba y le cubría de amor también. Finalmente, poder sostenerle y abrazarle sin hacerle daño resultaba hermoso. Nos quedamos juntos, solos los tres, durante las cinco horas siguientes o así antes de invitar al resto de la familia a unirse a nosotros. Siempre celebraré ese tiempo privado que tuvimos juntos. Después de un tiempo, Lou y yo le dimos un baño caliente. Lou le lavó la cabeza, yo los pies. Besamos su piel diez mil veces. Había tantas lágrimas en la bañera como agua, pero fue precioso”

http://www.superty.org/