Las tetas sirven para amamantar: decídselo a las millenials

Anuncio que muestra cirugía innecesaria y dañina de aumento de pechos

Estoy leyendo sobre cirugía estética y cada vez me horroriza más todo. Leo cosas como que ahora los cirujanos retransmiten las intervenciones por Snapchat con millones de seguidores: “operaciones en tiempo real, evoluciones de los postoperatorios y finalmente, la exposición del trofeo (siempre mujeres, los pacientes varones brillan por su ausencia en estas cuentas), el envidiable resultado“. “Matthew Schulman, cirujano plástico “celebrity de Nueva York” (según su cuenta de Twitter), despliega una suerte de collage gore que muestra desde cómo sacar un pezón y volver a coserlo, hasta los pedazos de piel extraídos durante una liposucción. Todo acompañado de emoticonos, bromas sexistas, hip hop y mucho marketing. En el caso de Schulman, obsequia a sus clientas con unas bragas personalizadas (con las que también hace malabares en el quirófano)“.

Las mujeres que se someten a esas intervenciones cada vez son más y más jóvenes. Un reciente artículo de la Asociación de Ética Médica de Estados Unidos critica la práctica a la vez que señala el poder que tienen esos cirujanos con sus videos para definir lo que es un cuerpo de mujer “normal”, incluidas zonas como los labios mayores y menores, ¡la cirugía que  más rápidamente está aumentando es la llamada “cosmética vaginal”!

El caso es que estos médicos no deben de saber nada de lactancia, y les da exactamente igual cortar que rellenar aquí o allá. Viéndolos pienso que las que queremos promover la lactancia deberíamos cambiar el objetivo, un poco al menos.  Urge explicar a las niñas y chavalas, desde muy pronto, para qué sirven los pechos. El potente poderío que encierran, la capacidad de amamantar a sus futuros bebés o niñ@s, el placer que puede conllevar, los beneficios para su salud etc…Y que todo eso no tiene prácticamente nada que ver con el tamaño de las mismas. Esto ya lo vienen haciendo muchas lactivistas a través de libros infantiles y materiales educativos, pero viendo como está el patio de la cirugía estética para mujeres jóvenes tal vez el esfuerzo debería de ser mucho mayor y dirigido ahora a las millenials, una mayoría de las cuales seguramente apenas fueron amamantadas. La difícil tarea de enseñarles a amar sus diversos cuerpos de mujer tal y como son para que  no vayan a permitir que sus pechos se sometan a cirugías innecesarias.

La aterradora falta de empatía de La Manada

IMG-20171115-WA0008Ninguno de los cinco miembros de la manada ha manifestado el más mínimo arrepentimiento. Nada, al menos públicamente. Ni siquiera después de todo este tiempo en prisión.  Por lo visto, ni uno de ellos ha sido capaz de ponerse por un instante en la piel de la joven a la que violaron una madrugada sanferminera.
Desconozco su entorno pero, me cuesta creer que entre sus madres, amigas , hermanas, novias, no haya alguna que les haya preguntado: ” ¿te imagina alguien me hubiera hecho lo misno a mi?”. Tampoco entiendo que entre sus amigos y familiares nadie haya logrado hacerles ver lo que sufrió la chica y les haya animado a expresar arrepentimiento o pedir perdón públicamente a la joven.
La falta de empatía con la víctima parece ser total y absoluta y no mejora con el paso del tiempo. Incomprensible.
Incluso desde el punto de vista de su defensa, seguramente les hubiera ayudado más as pedir perdón, haber dicho algo asi cómo “lo siento, habíamos visto tantísimo porno que nos creímos que le podría gustar que le violáramos entre todos’.
Pero no. Por lo visto todavía no pueden ver a su joven víctima como a un ser humano. Todavia le deben ver como a un objeto al que penetrar. La despersonalización de la víctima les impide cualquier atisbo de arrepentimiento. Les resulta imposible empatizar con ella, ponerse en su piel . O en la de otras mujeres, ni siquiera se deben preguntar como se sentirían ellos si alguien le hiciera lo misno a una hermana suya.
Todavía son manada. Ninguno ha sido aún capaz de discrepar del grupo, de expresar algo diferente, de salir del mismo y decir “me avergüenzo de haber pertenecido a la manada”. (Ni siquiera los otros miembros del grupo de wasap que no estuvieron en Pamplona lo han hecho) . Deben de ser incapaces de pensar por sí mismos, de escapar a la presión grupal incluso tras casi dos años de cárcel.
Esa falta absoluta de empatía que demuestran da miedo. Aterra. Ojalá los o las psicólogos de la cárcel puedan lograr que estos hombres lleguen a arrepentirse del daño que han hecho. Cosas mas difíciles se han visto.

Ser madre no es lo mismo que ser padre: la biología es políticamente incorrecta

La biología de la maternidad lleva camino de ser lo más políticamente incorrecto en estos tiempos. Decir, reconocer, que las mujeres gestamos, parimos, amamantamos, y que los bebés quieren estar con sus madres y en sus brazos significa exponerse a ser tachada de rancia o retrógrada o a recibir otros insultos y descalificaciones varias.

Por eso a veces, como feminista apasionada de la neurobiología, me siento como el niño del cuento que señala que el emperador va desnudo. Es obvio que no es lo mismo ser madre que ser padre, es obvio que nuestra realidad biológica es profundamente diferente, pero ya casi nadie se atreve a decirlo. Queda mal. Y sin embargo hay que decirlo, y hay que empezar a reconocer las necesidades de los bebés, esos grandes olvidados. Y no, para un recién nacido  o para un bebé de cinco meses no es lo mismo su madre que su padre. Les necesitará a ambos toda su vida, pero de formas y maneras muy diferentes, a distintos ritmos. Pero esto se quiere negar, ocultar, silenciar. Decir que el bebé necesita a su madre y quiere estar con ella es como digo lo más políticamente incorrecto que se puede decir ahora. Rompedor. Amenazante para este sistema que ha montado tremendo negocio precisamente a base de separar a los bebés de sus madres. Y sin embargo es así, los seres humanos, al principio de la vida necesitamos a la madre mucho más que al padre. Luego las cosas cambian: el rol paterno también tiene una neurobiología propia, y probablemente los padres sean necesarios e importantes para salir al mundo, tal vez sean imprescindibles, para explorar, para aprender, para que los pequeños empiecen a despegarse de la madre cuando empiezan a caminar y a hablar y salen ávidos de curiosidad al mundo cercano.

Por todo ello me declaro en contra de la propuesta de la PPiiNA, plataforma que aboga por unos permisos de maternidad y paternidad igualitarios, intransferibles y obligatorios. Les agradezco la intención: comparto profundamente su anhelo de una sociedad donde las mujeres no  nos veamos discriminadas en el mercado laboral por la posibilidad de ser madres, menos aun por serlo. Pero no creo que su propuesta sea la manera de lograrlo. Más bien creo que , como dice Patricia Merino en este texto La maternidad como cuidado, “al patriarcado no se le podía haber ocurrido un modo mejor y más simple de abundar en la devaluación de la maternidad frente a la paternidad.”

Desde la PPiiNA tachan de desequilibrio el que el permiso de maternidad actualmente dure 16 semanas y el de paternidad. Pero no, no es un desiquilibrio, es una diferencia.  Las madres gestamos, parimos y podemos amamantar, los hombres no.  Nuestro cuerpo se transforma con cada embarazo y así sigue durante meses o años. Los bebés necesitan contacto, cuerpo a cuerpo con la madre, mucha teta. A ser posible seis meses de lactancia exclusiva, y algunos años más combinada con otros alimentos. Las madres necesitamos, soñamos con, una sociedad que nos reconozca, que honre nuestra impagable función social. Es urgente. El principio materno universal es el de evitar el sufrimiento, no sólo el de nuestras criaturas, el de todos y todas.

Los hombres que desean compartir los cuidados de sus hijos ya lo están haciendo, de mil maneras, conozco muchos de ellos. Además obtienen un máximo reconocimiento social por ello, se les alaba y califica de padrazos. Con la propuesta de la PPiiNA, de llevarse a cabo, surgirían toda una serie de problemas añadidos. Si la madre no está con el padre, especialmente. Como ya está pasando con el delirante asunto (y dañino) de las custodias compartidas impuestas, ¡hay hombres que reclaman la custodia compartida desde el nacimiento! Pobres bebés.

Yo creo que si hablaramos de propuestas lo prioritario debería ser  alargar la baja maternal a seis meses, mínimo. Asi al menos podríamos mantener la lactancia exclusiva el tiempo que recomienda la OMS, UNICEF y la Asociación Española de Pediatría. Y reconocer, apoyar, flexibilizar de mil maneras para poder ir a trabajar con nuestros bebés si queremos, cuando queramos.  Ser creativos con las propuestas y soluciones. En cuanto a permiso parental, podría ser igualitario, tal vez, pero salvo las dos primeras semanas tras el nacimiento, el resto creo que tendría que ser a partir de los seis primeros meses, antes de los seis años. Que se lo pudieran coger cada vez que el bebé o niño pequeño lo necesita, cuando está malo, cuando empieza la escuela, cuando llega su hermano-a, etc…Es decir, en función de las necesidades y pasados los seis primeros meses, no antes. Sobre todo, creo que el permiso y la retribución tendrían que ser para quien cuida al bebé, incluso si es la abuela o la tía.

Seguro que me lloverán las críticas, pero, lo seguiré afirmando: ser madre y padre no es lo mismo, y todos los bebés quieren estar con sus madres o muy cerca de ellas.

Honduras: las valientes en peligro de extinción

Laura Zuñiga Cáceres es la hija pequeña de Berta Cáceres

Este lunes tuve la suerte de poder conocer y escuchar a Laura Zuñiga Cáceres, la hija menor de la llorada Berta Cáceres, en un coloquio organizado por Amnistía Internacional dentro de su campaña dedicada a las valientes defensoras de los derechos humanos que a menudo se juegan la vida en su activismo imprescindible.

Me emocionó mucho escucharla. Laura contó como se crió con el activismo en casa: el COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras) se fundó hace ahora vienticinco años, cuando ella ni siquiera tenía un año. Creció viendo como su madre Berta al igual que muchas otras personas de su comunidad se dejaban la piel denunciando la agresión a sus pueblos y sobre todo a su entorno natural, los preciosos bosques y selvas hondureños.

Laura nos acercó a la historia que han vivido en Honduras. Como desde el movimiento de base fueron construyendo políticamente, avanzando en la compresión de que era necesaria una reforma completa del país, más cuidadosa con las mujeres y los niños y las niñas, con los indígenas y con la tierra. Su madre Berta Cáceres andaba muy involucrada con el proyecto de reforma constitucional.

En los años 2008 y 2009, hubo asambleas autoconvocadas de mujeres y menores. Los niños pedían que se incluyera su deseo de “que nadie nos pegue”. El borrador de constitución incluía la Madre Tierra como sujeto de derecho. Entonces llegó el golpe de estado en 2009 y a partir de ahí las amenazas y persecución fueron constantes. Muy simbólicamente la primera ley fue la prohibición de la píldora del día después. La segunda, la ley de concesiones mineras que abrió la puerta al extractivismo más salvaje. A partir de ahí comenzaron a llegar grandes empresas extranjeras dispuestas a construir presas y minas con altísimo coste medioambiental a precio de ganga.

Los indigenas se movilizaron con todas sus fuerzas y lograron parar algunos proyectos. Berta fue encarcelada, acosada, difamada. Le acusaron de no querer el progreso de su pueblo, de estar loca, etc. Le ofrecieron dinero, muchísimo, a cambio de dejar la lucha. No aceptó. El precio que pagó Berta Cáceres, como muchos otros activistas, fue la propia vida. Todo por la defensa de los ríos y los bosques, que como bien dijo su hija Laura, es la defensa de la vida.

Ahí siguen. Su lucha por la naturaleza, por la tierra, es en realidad por todos, para todos nosotros, para nuestras hijas y nuestros nietos, para que este planeta siga siendo un lugar habitable y rico. ( Esa lucha se parece bastante a la que muchas otras personas lidian a diario en nuestro país para evitar que industrias ganaderas y mineras contaminen impunemente acuíferos, aunque aquí  la lucha no suponga un riesgo tan alto de perder la propia vida)

Nunca podremos agradecerselo lo suficiente, me temo. Pero nos toca ya ser más conscientes, comprender que cada céntimo que invertimos por ejemplo puede estar yendo a financiar proyectos en países como Honduras, y que parte de la financiación puede acabar siendo destinada a pagar sicarios que asesinen a gente como Berta. Como ella decía: Despertemos, ¡ya no hay tiempo!

Lloré escuchando a Laura, lloré por Berta y su familia, por todas las personas que han dado su vida, por el dolor de tanta injusticia…Y me reconforta como su gente la nombra, el día que mataron a Berta es ahora el día de la siembra de Berta,  a ella no la mataron, la sembraron…y vendrán miles de Bertas Cáceres.

Gracias Laura, gracias Copinh. Con amor, desde Casa Berta, barrio Esperanza.

(Mural pintado por mi hijo en la fachada de nuestra casa)

Repercusiones psicosociales de las políticas de maternidad

La maternidad es un factor estructurante de la cultura, está en la base misma de cualquier organización social. El modo concreto en que procreación y crianza se articulan material y simbólicamente en una cultura, esto es, el encaje social de la maternidad, constituye el átomo básico de cualquier sociedad. La evidencia de esta importancia estructuradora de la maternidad es que su control, instrumentalización y apropiación por parte del patriarcado ha sido durante milenios materia normativa, de debate filosófico y de construcción de mitos en todas las sociedades.” Patricia Merino (autora de Maternidad, Igualdad y Fraternidad).

“Al reflexionar sobre el conflicto de intereses que surge al tratar de conciliar la crianza con la vida laboral, emerge una pregunta: ¿A quién debe proteger el sistema?, ¿a la criatura?, ¿a las mujeres?, ¿a la empresa? El verdadero protagonista de la conciliación es sin duda la criatura: es en torno a ella que gira este conflicto; y sin embargo, en las soluciones políticas y administrativas concretas, el bebé y sus necesidades parecen no existir” Patricia Merino.

Cuando una mujer llega al paritorio, ya lleva más de 20 años recibiendo ordenes sobre lo que su cuerpo puede o no puede hacer, debe o no debe hacer. Cuando una mujer llega al paritorio ya está todo preparado para que su bebé y su futuro nazcan en cautividad.” Jesusa Ricoy.

“Cuidar a las madres significa respetarlas, escucharlas, sostenerlas. Pero ese respeto a las madres que debería ser el punto de partida todavía brilla por su ausencia en muchas facetas de nuestra sociedad, incluida la ciencia. A lo largo de décadas las madres y sus experiencias han sido desautorizadas, ninguneadas o incluso culpabilizadas desde la psiquiatría, la psicología, el psicoanálisis o la medicina. En vez de ser tomadas en cuenta como verdaderas expertas y conocedoras de sus hijos han sido excluidas, privadas en ocasiones incluso del contacto con sus hijos o bebés, tachadas de inmaduras o inconscientes e incluso maltratadas” Ibone Olza.

De todo ello hablaremos y debatiremos en la próxima jornada sobre Repercusiones Psicosociales de las Políticas de Maternidad, el 6 de Marzo de 2018  en Madrid. Se puede seguir online.

Organiza: Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal.

Más info aquí

 

Lactancia y culpa

“A lo hecho, pecho”. Chapas de El Parto es Nuestro

Profundizando en el apoyo a la lactancia, reflexionando en el sentimiento de culpa y pena que nos expresan muchas madres al hablar de sus dificultades con la lactancia, hemos escrito este artículo: La culpa de las madres: promover la lactancia sin presionar a las mujeres.

Se acaba de publicar dentro del Monográfico de la Revista Dilemata sobre lactancia: “Mamar: mythos y lógos sobre lactancia humana” coordinado por Esther Massó Guijarro. El número entero está disponible de forma gratuita online. Seguro contribuirá a avanzar en el conocimiento y promoción de este importante aspecto de nuestra sexualidad y a mejorar la comprensión de la lactancia desde el(los)  feminismo(s).

La primera tienda roja

Faltaban pocos días para que cumpliera los once años cuando tuve mi primera regla. La verdad es que me hizo poca gracia. Mi madre dijo que había que celebrarlo y nos llevó a mi hermana y a mi a merendar a una chocolatería. Recuerdo que yo estaba algo enfurruñada: no me apetecía celebrarlo ni hablar del tema, no quería contárselo a nadie. Tardé muchos años en comprender lo rompedor que había sido el detalle de mi madre ofreciéndome una celebración. Ahora pienso que no he sabido agradecérselo todo lo suficiente. En aquellos inicios de los años ochenta celebrar la primera menstruación debía de ser algo inédito. Y sí, mamá: me hiciste un regalo enorme (este y muchísimos otros).

Afortunadamente ha dejado de ser un rareza y cada vez son más las mujeres que deciden celebrar la primera menstruación de sus hijas de una u otra manera. Este sábado tuve la suerte de poder participar en una de estas celebraciones: la primera tienda roja de Sofía, que con once años acaba de recibir su menstruación.

Su madre, mi querida amiga Claudia, lo preparó con cuidado y amor. Un espacio acogedor cubierto por una tela roja con forma de vulva, un círculo de niñas y mujeres donde pudimos compartir nuestras historias en torno a la primera regla y, sobre todo, CELEBRAR todo lo bueno que tiene ser mujer y ser cíclica.

La preciosa Sofía nos leyó su relato en primera persona. Me impresionó su facilidad pasmosa para describir el torbellino emocional que le habían supuesto esos primeros días y me emocionó su bienestar con la transición, ¡qué bien preparada estaba!.

Sus palabras al finalizar (después de ver la deliciosa película Monthlies: la luna en ti para adolescentes) fueron estas:

¡ojalá todas las niñas puedan tener una fiesta así al tener la regla!

Me hizo sonreír. Hace uns pocos años, cuando mi propia hija tuvo su regla, me llevé un buen disgusto: no me lo dijo hasta que no lo averigué yo misma. Según ella: “¡no te lo dije porque sabía que me ibas a hacer una fiesta y yo no quería!” Aunque ahora nos reímos al recordarlo juntas, confieso que me costó digerirlo, no podía dejar de pensar que algo debía haber hecho yo mal…

Así es la vida. Creo que aunque vayamos siendo mucho más abiertas en todo lo referente a nuestros cuerpos, siempre  seguirá habiendo niñas listas para celebrarlo desde el primer día por todo lo alto y otras que necesiten que pase un tiempo antes de poder compartirlo. Todas somos diferentes, y todas somos cíclicas. ¡Qué sigamos encontrandonos en  las tiendas rojas!

PD: Os dejo el trailer de Monthlies:

 

 

 

Parir “Parir”.

Hoy nace mi nuevo libro: “Parir. El poder del parto“.

Ahora, mientras amanece, pienso en como ha sido gestarlo y sonrío. No sé precisar en que momento empecé a concebirlo. Me vienen a la mente muchas imágenes, conversaciones, historias. Muchos otros amaneceres escribiendo. Años aprendiendo sobre el parto, en el hospital, en los encuentros, en la vida, fascinada, pensando, admirando, intentando abordar y comprender la complejidad que nuestra llegada al mundo encierra. Me vienen otra vez las palabras de la filósolfa Virginia Held:

El parto es una experiencia tan profunda como la muerte…Sólo cuando la experiencia consciente de las madres, las madres potenciales y las personas que ejercen el maternaje sean tenidas en cuenta completamente podremos desarrollar una comprensión que pueda llegar a merecer la descripción de “Humano-a”

Concebir, gestar, escribir, parir, publicar este libro ha sido hermoso. El precioso prólogo que me ha escrito mi querida amiga Iciar Bolláin un regalazo.

Estoy deseando que lo lea mucha gente, que se entienda, que llegue, que sirva para que los que están por llegar a este mundo sean recibidos con el máximo cuidado  y respeto; y para que cada vez más mujeres salgan de sus partos sintiendose fuertes, poderosas, valientes. También estoy deseando escuchar y leer vuestras opiniones como lectores, así que si lees el libro y te apetece dejarme un comentario en esta entrada te lo agradeceré mucho.

 

PD: Este viernes 15 de septiembre estaré presentándolo en la Libreria La Pantera Rossa de Zaragoza a las 18.30 con la Via Láctea.

Las madres de Zimbabwe

El mundo se ve un poco distinto desde aquí. Intento conocer la realidad de las madres zimbabuesas partiendo de que probablemente lo que yo pueda llegar a conocer sea muy poco y sesgado. Me pidieron desde Friendship Bench que aprovechando mi visita diera tres charlas *, dos en la facultad y una en el colegio de médicos, sobre mis temas habituales: neurobiología del apego y aplicaciones clínicas, psicología del parto y nacimiento, trauma posparto y violencia obstétrica.

Esta última parte me parecía más dificil, ya que, sin conocer la realidad de la atención al parto en Zimbabwe, venir a hablar de violencia obstétrica me parecía  algo osado. Pensamiento equivocado: la violencia obstétrica aquí es un grave problema. Y crear un espacio donde poder nombrarla es a menudo el primer paso en los procesos de cambio.

En Zimbabwe un 15% de las madres dan a luz sin asistencia, el porcentaje sube al 30% en las zonas rurales. La mortalidad materna y neonatal es altisima, aunque no hay cifras muy fiables. La mortalidad neonatal creo que es de 45 por mil. Un horror. En los hospitales públicos hay un 13 % de cesáreas, en los privados no se sabe pero probablemente bastante más. No hay registros o si los hay no son fiables. (El contexto político es complicado: la dictadura de Mugabe, que lleva 36 años en el poder, ilustra bien lo difícil que lo tienen los países africanos para salir del imperialismo)

El VIH está bastante extendido, muchas personas no saben o no quieren saber si están infectadas. Los jóvenes toman antirretrovirales mezclados con psicofármacos como droga. Las madres adolescentes a menudo no tienen otra opción que la prostitución como modo de supervivencia.

La mayoría de las madres amamantan inicialmente. Pero,  a muchas se les recomienda poner sal en el paladar del bebé para que este beba más. Eso e introducir las papillas a partir de los quince días de vida. (Sí, a mi también se me pusieron los pelos de punta al escucharlo). Portean los bebés a la espalda, y hay muy poca interacción con ellos. Muchos de los bebés y niños pequeños que he visto en estos días parecen serios y tristes.

Asi que, volviendo a la charla que dí sobre violencia obstétrica, fue un encuentro con diversos profesionales donde, como suele ser habitual, muchas de ellas compartieron sus propias experiencias en sus partos. Testimonios de violencia obstétrica que confirman que por desgracia en todas partes cuecen habas, es decir, en todas partes el maltrato a las mujeres en el parto es casi la norma. (Empezando por la no atención a las urgencias obstétricas de forma eficaz).

Un catedrático de obstetricia me dijo que están trabajando para erradicar el maltrato con el apoyo de White Ribbon Alliance. Me gustó ver uno de sus posters en la maternidad que visité. Este hombre también me dijo que él piensa que el VIH está demoliendo el patriarcado. Según él, cada vez hay más mujeres que deciden permanecer solteras para no contraer el VIH.

En una reunión informal con el personal de la Rape Clinic de Médicos Sin Fronteras, dedicada a atender a víctimas de abusos sexuales, contaron que les están llegando hombres jóvenes que han sido asaltados y violados por grupos de mujeres que finalmente recogen su esperma en un preservativo: por lo visto son violaciones para conseguir semen para inseminaciones de reproducción asistida. Estos hombres están muy traumatizados y expresan que no lo pueden contar porque nadie les va a creer o nadie lo va a tomar en serio.

El mundo se percibe diferente desde aquí.  Mi visita a Zimbabwe está siendo intensa, emocionante y repleta de aprendizajes. En este invierno de Harare me pregunto qué hacer, no ya con Zimbabwe si no con este mundo tan complejo, con tanta injusticia tan difícil de aceptar, con todo lo que me sobrecoge y lo privilegiada que me siento… Para mi la respuesta sigue siendo apostar por cuidar a las madres, y especialmente por cuidar su salud mental para que puedan cuidar a sus bebés. Lo que pueda, donde pueda…

 

 

 

 

Nuestro lugar en el mundo

Me preguntaron cual era mi lugar en el mundo y no supe qué responder: aún debo andar buscándolo. (Al menos ya sé a qué huele: a tierra mojada, y qué tiene: árboles, monte y río o arroyo).

Las mujeres de Lactamor decidieron organizar este año el encuentro de Maternidad Vía Láctea originado en Jaca con esta frase: “desde nuestro lugar en el mundo“. Nos acogieron en oreciosa casa rural La Kabaña y conforme llegamos nos regalaron una preciosa y delicada pieza de artesanía: un alegre coño musical.

Me emocioné al reconocer en Navia las señas de identidad de los cursos de Jaca: la colchoneta en el centro del aula para los bebés y madres, los niños entrando y saliendo felices a sus anchas, el útero florido presidiendo el aula. Calor y abrazos, cuidados entrañables.

A la entrada una preciosa exposición: los regalos que se han ido haciendo las mujeres de Lactamor en sus particulares fiestas de despedida de embarazo. Regalos artesanos siempre.

Creo que ahí está nuestro lugar en el mundo, en la artesanía, en el tiempo para estar y escuchar, en criar despacio, en la fabada deliciosa que nos cocinaron a fuego lento, que como bien dijo María del Mar casi casi lo más revolucionario ahora sea cocinar, entre las madres que amamantan libremente y los padres que acunan bebés, junto a las pandillas de niños que descubren caracolas o regalan abrazos junto al mar…

Las mujeres de Lactamor nos hicieron este regalo: un video precioso que recoge sus fiestas de despedida de embarazo. Hay que verlo, emocionarse, compartirlo. Para que todas las madres tengan una fiesta así en algun momento de su vida, para que todas encuentren su tribu y un lugar en el mundo en el que poder criar sin violencia. ¡Alas de libertad!