Ina May Gaskin

Hay quien dice que es la matrona más famosa del mundo, y seguramente sea así. Esta semana hemos tenido el placer de conocerla y escucharla y ahora al compartirlo me cuesta encontrar las palabras para contarlo. Ina May Gaskin me ha deslumbrado, la verdad.

Para quienes no la conoceis, decir que allá por los años sesenta, en pleno auge del movimiento hippy, salió de San Francisco una caravana de autobuses, caminones, y vehículos variopintos con cientos de aquellos hippies que buscaban un lugar donde instalarse y vivir en comunidad, lo que finalmente hicieron en Summertown,  Tennessee, donde fundaron la famosa granja: The Farm. Como eran jóvenes y numerosos pronto llegaron montañas de bebés. Ina May y varias mujeres desde el inicio comenzaron a atender los partos, a la vez que estudiaban y observaban para ofrecer la máxima seguridad posible.  Lo hacían tan bien que pronto se convirtieron en lugar de referencia para las mujeres que buscaban un parto respetado. Ina May con su mente científica se formó como matrona, y escribió un libro clásico partiendo de los relatos de partos de las mujeres: Spiritual Midwifery, que alguien tradujo al castellano como “Partería espiritual”. Un libro pionero en reconocer  y describir la psicología del parto, que en muchos casos incluye vivencias trascendentales, y en honrar lo sagrado que hay en cada nacimiento. Mientras tanto su marido, Stephen Gaskin, se dedicó a promover la conciencia ecológica, la permacultura y la vida comunitaria.

El caso es que  invitamos a Ina May a venir a Madrid a impartir un seminario sobre la sabiduría del parto en nuestro Instituto (aún se puede hacer online). Llegó el lunes acompañada de uno de sus hijos, Samuel. A sus 78 años es una mujer ágil, extremadamente lúcida y muy generosa con su tiempo y conocimiento. Entregada a la lucha por un parto seguro, ha entrado en los manuales de obstetricia con la “maniobra Gaskin” y su “ley del esfinter”, pero no tiene ningun problema en reconocer que la maniobra se la enseñó una partera guatemalteca a la que nombra siempre en sus clases y textos. En los dos días que hemos pasado con ellos además Ina y su hijo nos han hablado sin pudor de las numerosas contradicciones que se generaron en la comuna hippie, en relación a la crianza, en las dificultades  para conciliar activismo, trabajo y maternidad, etc…Su consejo cuando las matronas le preguntaban como soportar la violencia obstétrica fue bonito: “los cambios llevan mucho tiempo, sed pacientes. Contad con los obstetras, id a sus fiestas, bailad juntos. Y sobre todo, volved a vuestras familias, cargaros de energía con vuestras parejas e hijos, no abandoneis esos lugares por la lucha.”

Cuanta razón, cuanta sabiduría. Gracias maestra.

Para quienes queráis conocerla un poco mejor os recomiendo este maravilloso documental.

Psicología del parto fisiológico

bmj openSe acaba de publicar este articulo que resumen nuestro trabajo de los últimos cuatro años dentro del proyecto europeo COST Birth (donde he tenido la suerte de dirigir este maravilloso equipo multidisciplinar, matronas y psicólogas, de varios países). Está en abierto, se puede leer y descargar gratuitamente aquí.

El principal hallazgo es que dar a luz de manera fisiológica es un intenso viaje psicológico muy transformador, que genera un crecimiento y poderío, o empoderamiento, la palabra de moda ahora. Es decir, que las mujeres que pueden vivir su parto desde la confianza en su cuerpo y con la atención de buenas matronas que comprenden la intensidad de esta experiencia y la protegen, salen reforzadas, sientiendose capaces de casi todo, mejor preparadas para iniciarse en la maternidad.

Confío en que este trabajo facilitará el cambio en la atención al parto que tantísimas profesionales están promoviendo. También nos ayuda a comprender mejor las experiencias y sentimientos de madres que no han tenido esos partos fisiológicos y respetados, podemos entender mejor cuanto se han perdido.

¡Difundid al máximo!

Réquiem por Aurora

A principios de este año, tres meses después de dar a luz a su segundo hijo, Aurora cayó al vacío desde un cuarto piso en medio de un episodio de psicosis puerperal. Esta compleja enfermedad pudo con ella. No era la primera vez que le pasaba. En el posparto de su primer hijo, apenas quince meses antes, también intentó precipitarse desde un balcón. En aquella ocasión Aurora fue hospitalizada en una planta de psiquiatría durante tres días. Aquello supuso el final de la lactancia de su primer bebé y el inicio de una dolorosa recuperación. En su segundo embarazo Aurora estaba decidida a cuidarse todo lo posible. Quería tener un parto natural, ya que el primero había sido una cesárea urgente altamente traumática (debido a la poca explicación de las razones para hacerla), y disfrutar de la lactancia.

En septiembre Aurora me había escrito: “ni mi parto ni la lactancia fueron como me hubiese gustado. Tras una cesárea no programada, por parto estacionado, sufrí unos meses más tarde un brote de psicosis postparto. Tuve que estar ingresada para estabilizarme y como consecuencia, al alta me dijeron que debía de dejar de darle el pecho a mi hijo por la posible interferencia medicamentosa. Tras esta etapa y medicalización caí en una depresión posparto. Gracias a Dios, estoy mejor ahora, recuperada, sin tratamientos farmacológicos y pudiendo ponerle nombre a lo que me pasó. Ahora estoy embarazada de nuevo, esperando ya apuntito que nazca nuestro segundo bebé para las primeras semanas de octubre. Lo más seguro es que sea un parto en casa, si Dios quiere y todo va bien…”. Pocos días después nos conocimos brevemente durante la presentación de mi libro “Parir” en Zaragoza. Ya no volví a saber de ella hasta hace unas semanas en que su padre me escribió.

Desde que até algunos cabos y comprendí que la mujer que había fallecido en enero dejando dos hijos de 21 y 3 meses de vida era la embarazada pelirroja que vino a saludarme tras mi charla en Zaragoza no he podido dejar de pensar en ella y en su familia.

Siento que, en cierto sentido, yo también le fallé. Aurora era enfermera especializada en salud mental y creo que, precisamente por ello, yo, erróneamente, asumí que tendría un buen seguimiento psiquiátrico durante su segundo embarazo y posparto para evitar un segundo episodio de psicosis puerperal (una patología con alto riesgo de recurrencia en cada posparto si no se trata). No le pregunté abiertamente, y ahora siento que de haberlo hecho tal vez hubiera podido ayudarle a seguir un tratamiento que podría haber evitado su recaída y trágica muerte. Asumí que al ser experta en salud mental sabría cuidarse, craso error que yo misma he sufrido en mis propias carnes en mis pospartos, cuando creo que nadie percibió lo mal que yo me encontraba porque, además, como yo ya era psiquiatra, me ocupé de ocultar muy bien los pensamientos macabros que en ocasiones me atormentaban. He tardado años en comprender que yo  sufrí un trastorno de estrés postraumático en mi segundo y tercer posparto y que con un buen tratamiento psiquiátrico y psicológico mi sufrimiento y sus consecuencias hubieran sido mucho menores. Pese a todo lo que he aprendido desde entonces, cometí el mismo error con Aurora que otros conmigo, el de olvidar que “en casa de herrero cuchillo de palo…”

Que pena. Pienso en Aurora y en su ausencia en la vida de sus seres queridos, especialmente en esos bebés que crecerán sin apenas recuerdo de su dulce madre. Aurora es una víctima, otra más del estigma que rodea todavía la enfermedad mental y que en el caso de los trastornos perinatales es máxima. No sólo no se contempla apenas la posibilidad de que una madre sufra un trastorno mental durante el embarazo o el posparto, ni se ofrecen recursos especializados para tratar estas patologías, sino que, por muchas otras razones, ser madre hoy en día se ha convertido en una heroicidad máxima. Nuestra sociedad falla a las madres y a los bebés de diversas maneras. Ignora sus necesidades, no les ofrece cuidados apenas, les juzga duramente sin pararse a pensar en las consecuencias… Y no sólo es ignorancia o juicio, a veces hay un verdadero ensañamiento con las madres.

Me gustaría poder hablar de todo ello. Me gustaría honrar la memoria de Aurora y de tantas otras mujeres. Me gustaría contribuir a que se entienda porque debería ser tarea de todos cuidar a las embarazadas y a las madres recientes. Hablar de Aurora y escribir sobre ella y sobre todas nosotras, será mi manera de intentar hacer realidad lo que me dijo en aquel mensaje de septiembre: “Mi intención es poder ayudar a todo aquel que quiera conocer más sobre la psicopatología durante el posparto, y si puedo compartir mi historia si crees que puede ser de utilidad, me encantaría poder ayudar en este campo todo lo que pueda”.

¡Ay Aurora! Cuantas mujeres pensamos más en ayudar a otras antes que en cuidarnos y protegernos…No te conozco apenas ni sé apenas nada de tu vida, pero me dispongo a ello. A conocerte mejor, a profundizar en tu historia, a hablar con los que más te quisieron, para comprenderte y para hacer realidad este deseo que me expresaste y que yo también comparto.  No sólo ese deseo: sin conocerte apenas, me identifico con varias cosas tuyas. Ese empeño por tener un parto vaginal después de cesárea que te hizo buscar un parto en casa porque los obstetras te decían que con sólo dieciocho meses de intervalo desde la primera cesárea el riesgo de rotura uterina era demasiado elevado para intentar un parto vaginal. Pariste en casa de tu matrona y seguramente te libraste de una buena…Y esa determinación por amamantar a tu segundo hijo, ¿cómo no comprenderte? Me toca de cerca porque en tu único mensaje también me decías: “Mi amiga Bea me habló de ti por primera vez. Yo estaba embarazada de mi primer bebé y me animó a asistir a la charla que diste en 2016 sobre la Bioneurología de la lactancia. La charla me encantó y me animó todavía más a intentar darle el pecho a mi hijo”.

Siento tu pena Aurora. Tu frustración por ese primer destete forzado por el ingreso y porque “me dijeron que debía de dejar de darle el pecho a mi hijo por la posible interferencia medicamentosa”. ¡Cuando la inmensa mayoría de psicofármacos son perfectamente compatibles con la lactancia! Pero la mayoría de los psiquiatras no saben apenas nada de lactancia y lo ven como “un obstáculo” para el tratamiento.  Cuántas madres han dejado la lactancia por las mismas razones, a cuantas les han metido miedo en el cuerpo a alimentar a sus bebés, o se han visto en la disyuntiva de seguir su intuición e instinto o el consejo médico…!He atendido a muchas de esas madres, me han buscado y pedido ayuda desde tantísimos lugares…Bastantes lograron amamantar sin problema, incluso tomando fármacos necesarios para asegurar su estabilidad psíquica.

Puedo imaginarme ese durísimo ingreso breve en una unidad de psiquiatría por una psicosis puerperal. Separada de tu bebé, ¡qué difícil tuvo que ser la recuperación! Por desgracia en nuestro país no existen todavía unidades psiquiátricas donde puedan ingresar las madres con sus bebés, a diferencia de otros países europeos donde las “Mother-Baby Units”, unidades psiquiátricas madre-bebé, son una realidad desde hace décadas. Lo imagino y entiendo que no quisieras saber nada de hospitales, de paritorios, de psiquiatras…Elegiste a tu manera protegerte de un sistema que no te aseguraba un trato digno y respetuoso, basado en la evidencia científica y no en prejuicios misóginos.

¡Ay Aurora! No sé si sirve de algo imaginar lo distinto que hubiera sido todo si hubieras tenido un buen seguimiento psiquiátrico y psicoterapéutico en tu último embarazo y en tu posparto. Pienso en otras madres que he conocido que si han tenido esa ayuda y que han podido disfrutar del posparto pese a haber tenido experiencias terroríficas anteriormente. Yo sí puedo imaginarlo, como estarías ahora si hubieras podido tener una ayuda profesional de calidad, si hubieras podido ingresar junto a tu bebé, sabiendo que os iban a ayudar a los dos…

Diez años antes de conocerte, en octubre del 2008 viajé a Pittsburgh, fue la primera vez que acudí a un congreso de la Sociedad Marcé Internacional. Recuerdo bien como en una de las pausas café comencé a conversar con una mujer. Cuando le pregunté a que se dedicaba su respuesta me dejó atónita: “soy superviviente de una psicosis puerperal, ahora me dedico a ayudar para que otras mujeres no pasen por lo mismo que yo”. Por aquellos tiempos en España algo así era inimaginable. Empezando por el uso de esas palabras: “superviviente de una psicosis puerperal”. Siguiendo por la presencia: una “enferma” en un congreso de profesionales de la salud mental. Aquella mujer y la conversación que siguió me rompió muchos esquemas. Diez años más tarde creo que has sido la primera mujer que en España se me ha ofrecido para hablar públicamente de su psicosis puerperal. Qué rabia que tu testimonio sólo vaya a llegar después de tu trágica muerte.

Lo siento Aurora. Lo siento mucho. Acepto ahora tu propuesta. Si, profundizaré en tu historia. Intentaré escuchar a los que te conocieron y quisieron, recabaré los datos, probaré a reconstruir tus últimos meses. Y lo contaré. Con la ayuda de tu familia, tu matrona, tus compañeras y otras expertas en salud mental perinatal vamos a gestar una campaña de sensibilización para prevenir las psicosis puerperales. Siento que te lo debo y que , de alguna manera, me lo debo a mi misma.

 

Nueva Guía de Asistencia al Parto en Casa

¡Qué estupenda noticia la publicación de esta Guía de Asistencia al Parto en Casa en Cataluña! Realizada por la Asociación de Comadronas de Parto en Casa de Cataluña (ALPAC) confirma que en este tema en Cataluña van muy por delante del resto de España.

La guía está muy bien documentada, incluyendo la evidencia científica más reciente que avala la seguridad del parto en casa para mujeres con embarazos sanos y sin otros factores de riesgo. Eso sí, acompañadas de buenas matronas como estas que tan bien han escrito esta guía.

Felicidades y gracias, como mujer y como activista me emociona mucho este trabajo.

PD: Como psiquiatra, sólo una pequeña queja o critica, y es que no entiendo ni comparto la afirmación en la página 24 de que no se recomienda el parto en casa para mujeres con antecedentes de “cualquier enfermedad mental que pueda requerir un ingreso psiquiátrico“. Considero que esa afirmación no tiene sentido: ni la depresión ni la ansiedad sin ir más lejos contraindican el parto en casa aunque puedan en ciertos casos requerir ingreso psiquiátrico. La afirmación que se vierte en la guía para mi es un reflejo del estigma que todavía rodea a la enfermedad mental, y que también tendremos que cambiar igual que estamos cambiando la percepción sobre el parto en casa.

 

Ser madre no es lo mismo que ser padre: la biología es políticamente incorrecta

La biología de la maternidad lleva camino de ser lo más políticamente incorrecto en estos tiempos. Decir, reconocer, que las mujeres gestamos, parimos, amamantamos, y que los bebés quieren estar con sus madres y en sus brazos significa exponerse a ser tachada de rancia o retrógrada o a recibir otros insultos y descalificaciones varias.

Por eso a veces, como feminista apasionada de la neurobiología, me siento como el niño del cuento que señala que el emperador va desnudo. Es obvio que no es lo mismo ser madre que ser padre, es obvio que nuestra realidad biológica es profundamente diferente, pero ya casi nadie se atreve a decirlo. Queda mal. Y sin embargo hay que decirlo, y hay que empezar a reconocer las necesidades de los bebés, esos grandes olvidados. Y no, para un recién nacido  o para un bebé de cinco meses no es lo mismo su madre que su padre. Les necesitará a ambos toda su vida, pero de formas y maneras muy diferentes, a distintos ritmos. Pero esto se quiere negar, ocultar, silenciar. Decir que el bebé necesita a su madre y quiere estar con ella es como digo lo más políticamente incorrecto que se puede decir ahora. Rompedor. Amenazante para este sistema que ha montado tremendo negocio precisamente a base de separar a los bebés de sus madres. Y sin embargo es así, los seres humanos, al principio de la vida necesitamos a la madre mucho más que al padre. Luego las cosas cambian: el rol paterno también tiene una neurobiología propia, y probablemente los padres sean necesarios e importantes para salir al mundo, tal vez sean imprescindibles, para explorar, para aprender, para que los pequeños empiecen a despegarse de la madre cuando empiezan a caminar y a hablar y salen ávidos de curiosidad al mundo cercano.

Por todo ello me declaro en contra de la propuesta de la PPiiNA, plataforma que aboga por unos permisos de maternidad y paternidad igualitarios, intransferibles y obligatorios. Les agradezco la intención: comparto profundamente su anhelo de una sociedad donde las mujeres no  nos veamos discriminadas en el mercado laboral por la posibilidad de ser madres, menos aun por serlo. Pero no creo que su propuesta sea la manera de lograrlo. Más bien creo que , como dice Patricia Merino en este texto La maternidad como cuidado, “al patriarcado no se le podía haber ocurrido un modo mejor y más simple de abundar en la devaluación de la maternidad frente a la paternidad.”

Desde la PPiiNA tachan de desequilibrio el que el permiso de maternidad actualmente dure 16 semanas y el de paternidad. Pero no, no es un desiquilibrio, es una diferencia.  Las madres gestamos, parimos y podemos amamantar, los hombres no.  Nuestro cuerpo se transforma con cada embarazo y así sigue durante meses o años. Los bebés necesitan contacto, cuerpo a cuerpo con la madre, mucha teta. A ser posible seis meses de lactancia exclusiva, y algunos años más combinada con otros alimentos. Las madres necesitamos, soñamos con, una sociedad que nos reconozca, que honre nuestra impagable función social. Es urgente. El principio materno universal es el de evitar el sufrimiento, no sólo el de nuestras criaturas, el de todos y todas.

Los hombres que desean compartir los cuidados de sus hijos ya lo están haciendo, de mil maneras, conozco muchos de ellos. Además obtienen un máximo reconocimiento social por ello, se les alaba y califica de padrazos. Con la propuesta de la PPiiNA, de llevarse a cabo, surgirían toda una serie de problemas añadidos. Si la madre no está con el padre, especialmente. Como ya está pasando con el delirante asunto (y dañino) de las custodias compartidas impuestas, ¡hay hombres que reclaman la custodia compartida desde el nacimiento! Pobres bebés.

Yo creo que si hablaramos de propuestas lo prioritario debería ser  alargar la baja maternal a seis meses, mínimo. Asi al menos podríamos mantener la lactancia exclusiva el tiempo que recomienda la OMS, UNICEF y la Asociación Española de Pediatría. Y reconocer, apoyar, flexibilizar de mil maneras para poder ir a trabajar con nuestros bebés si queremos, cuando queramos.  Ser creativos con las propuestas y soluciones. En cuanto a permiso parental, podría ser igualitario, tal vez, pero salvo las dos primeras semanas tras el nacimiento, el resto creo que tendría que ser a partir de los seis primeros meses, antes de los seis años. Que se lo pudieran coger cada vez que el bebé o niño pequeño lo necesita, cuando está malo, cuando empieza la escuela, cuando llega su hermano-a, etc…Es decir, en función de las necesidades y pasados los seis primeros meses, no antes. Sobre todo, creo que el permiso y la retribución tendrían que ser para quien cuida al bebé, incluso si es la abuela o la tía.

Seguro que me lloverán las críticas, pero, lo seguiré afirmando: ser madre y padre no es lo mismo, y todos los bebés quieren estar con sus madres o muy cerca de ellas.

Repercusiones psicosociales de las políticas de maternidad

La maternidad es un factor estructurante de la cultura, está en la base misma de cualquier organización social. El modo concreto en que procreación y crianza se articulan material y simbólicamente en una cultura, esto es, el encaje social de la maternidad, constituye el átomo básico de cualquier sociedad. La evidencia de esta importancia estructuradora de la maternidad es que su control, instrumentalización y apropiación por parte del patriarcado ha sido durante milenios materia normativa, de debate filosófico y de construcción de mitos en todas las sociedades.” Patricia Merino (autora de Maternidad, Igualdad y Fraternidad).

“Al reflexionar sobre el conflicto de intereses que surge al tratar de conciliar la crianza con la vida laboral, emerge una pregunta: ¿A quién debe proteger el sistema?, ¿a la criatura?, ¿a las mujeres?, ¿a la empresa? El verdadero protagonista de la conciliación es sin duda la criatura: es en torno a ella que gira este conflicto; y sin embargo, en las soluciones políticas y administrativas concretas, el bebé y sus necesidades parecen no existir” Patricia Merino.

Cuando una mujer llega al paritorio, ya lleva más de 20 años recibiendo ordenes sobre lo que su cuerpo puede o no puede hacer, debe o no debe hacer. Cuando una mujer llega al paritorio ya está todo preparado para que su bebé y su futuro nazcan en cautividad.” Jesusa Ricoy.

“Cuidar a las madres significa respetarlas, escucharlas, sostenerlas. Pero ese respeto a las madres que debería ser el punto de partida todavía brilla por su ausencia en muchas facetas de nuestra sociedad, incluida la ciencia. A lo largo de décadas las madres y sus experiencias han sido desautorizadas, ninguneadas o incluso culpabilizadas desde la psiquiatría, la psicología, el psicoanálisis o la medicina. En vez de ser tomadas en cuenta como verdaderas expertas y conocedoras de sus hijos han sido excluidas, privadas en ocasiones incluso del contacto con sus hijos o bebés, tachadas de inmaduras o inconscientes e incluso maltratadas” Ibone Olza.

De todo ello hablaremos y debatiremos en la próxima jornada sobre Repercusiones Psicosociales de las Políticas de Maternidad, el 6 de Marzo de 2018  en Madrid. Se puede seguir online.

Organiza: Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal.

Más info aquí

 

Casilda, Leboyer y las contracciones del útero en el parto

Recibí esta carta:

Querida Ibone:

La lectura de tu libro me ha traído al pensamiento una importante observación que Leboyer recogía en su libro ‘El Parto, crónica de un viaje’.

Se trata de los dos tipos de contracciones que se producen en el trabajo de parto, la dolorosas y las placenteras.  Explica Leboyer que en las primeras el útero se contrae de golpe y se suelta también de golpe, mientras que en las otras, la contracción y la distensión son movimientos lentos y suaves con una leve pausa entre medias.  Decía que se podía observar desde el exterior por la forma en que el vientre subía y bajaba, y que en el caso de las contracciones placenteras, el movimiento del vientre de la mujer se asemejaba al subir y bajar del cuerpo de un niño cuando duerme plácidamente.  Hay un video de Leboyer, Autour de la Naissance, en que recoge este movimiento del trabajo de parto placentero de una mujer.

A lo que voy es a la importancia que tiene el tipo de contracción en la fisiología del parto.  No es una cuestión solo de que la mujer sufra o goce durante el parto.  El movimiento del útero empuja al bebé hacia el camino de salida, y sabemos que el bebé en un momento dado, tiene que hacer una rotación para ‘encajarse’ y poder pasar por el canal pélvico.  En ese momento es clave el tipo de contracción, si es suave y pausada, para ir girando y colocándose, o si el bebé es empujado bruscamente, en cuyo caso irá rebotando contra los huesos pélvicos y tendrá dificultades para lograr ‘encajarse’.

En fin, te cuento todo esto porque hay que considerar que lo de parir con placer es una cuestión también de la fisiología natural del parto.

Quizá desde un punto de vista científico tenemos el problema de que la observación de las contracciones de un parto placentero no es fácil ni puede resolverse en una investigación clínica.  Pero sí quizá podría plantearse el recoger los testimonios de las mujeres que paren con placer y de las matronas que les atienden, de forma sistemática y rigurosa.  Por ejemplo, el del caso reciente que comentamos por teléfono de Magale.

Bueno, querida Ibone, no se si te servirá de algo este comentario.  Por si acaso, te lo mando, con un gran abrazo y mis mejores deseos para todo tu trabajo

Casilda

Pocos días después Casilda Rodrigañez vino a comer a casa. Con emoción imensa y alegría por el grato reencuentro conversamos en el patio al sol del otoño, comimos, hablamos de las canciones y del saber popular, nos contó de Menéndez Pidal y otros, nos abrazamos y uno de mis hijos nos sacó esta foto.

Cuando se fue me quedé pensando: en toda su obra, en lo que me ha aportado, en su generosidad, en su inteligencia, en su vida, en su sabiduría, en su ternura con los que ama y especialmente con los más pequeños, en su amor por los perros y en todas nosotras, las que tanto le debemos, en Jaca, en La Mimosa, y en nuestro úteros… Y ahí ya me volvi a quedar sin palabras.

Gracias Casilda: difundiré lo que dice Leboyer allá donde vaya, así como todas tus enseñanzas.

 

Parir “Parir”.

Hoy nace mi nuevo libro: “Parir. El poder del parto“.

Ahora, mientras amanece, pienso en como ha sido gestarlo y sonrío. No sé precisar en que momento empecé a concebirlo. Me vienen a la mente muchas imágenes, conversaciones, historias. Muchos otros amaneceres escribiendo. Años aprendiendo sobre el parto, en el hospital, en los encuentros, en la vida, fascinada, pensando, admirando, intentando abordar y comprender la complejidad que nuestra llegada al mundo encierra. Me vienen otra vez las palabras de la filósolfa Virginia Held:

El parto es una experiencia tan profunda como la muerte…Sólo cuando la experiencia consciente de las madres, las madres potenciales y las personas que ejercen el maternaje sean tenidas en cuenta completamente podremos desarrollar una comprensión que pueda llegar a merecer la descripción de “Humano-a”

Concebir, gestar, escribir, parir, publicar este libro ha sido hermoso. El precioso prólogo que me ha escrito mi querida amiga Iciar Bolláin un regalazo.

Estoy deseando que lo lea mucha gente, que se entienda, que llegue, que sirva para que los que están por llegar a este mundo sean recibidos con el máximo cuidado  y respeto; y para que cada vez más mujeres salgan de sus partos sintiendose fuertes, poderosas, valientes. También estoy deseando escuchar y leer vuestras opiniones como lectores, así que si lees el libro y te apetece dejarme un comentario en esta entrada te lo agradeceré mucho.

 

PD: Este viernes 15 de septiembre estaré presentándolo en la Libreria La Pantera Rossa de Zaragoza a las 18.30 con la Via Láctea.

Las madres de Zimbabwe

El mundo se ve un poco distinto desde aquí. Intento conocer la realidad de las madres zimbabuesas partiendo de que probablemente lo que yo pueda llegar a conocer sea muy poco y sesgado. Me pidieron desde Friendship Bench que aprovechando mi visita diera tres charlas *, dos en la facultad y una en el colegio de médicos, sobre mis temas habituales: neurobiología del apego y aplicaciones clínicas, psicología del parto y nacimiento, trauma posparto y violencia obstétrica.

Esta última parte me parecía más dificil, ya que, sin conocer la realidad de la atención al parto en Zimbabwe, venir a hablar de violencia obstétrica me parecía  algo osado. Pensamiento equivocado: la violencia obstétrica aquí es un grave problema. Y crear un espacio donde poder nombrarla es a menudo el primer paso en los procesos de cambio.

En Zimbabwe un 15% de las madres dan a luz sin asistencia, el porcentaje sube al 30% en las zonas rurales. La mortalidad materna y neonatal es altisima, aunque no hay cifras muy fiables. La mortalidad neonatal creo que es de 45 por mil. Un horror. En los hospitales públicos hay un 13 % de cesáreas, en los privados no se sabe pero probablemente bastante más. No hay registros o si los hay no son fiables. (El contexto político es complicado: la dictadura de Mugabe, que lleva 36 años en el poder, ilustra bien lo difícil que lo tienen los países africanos para salir del imperialismo)

El VIH está bastante extendido, muchas personas no saben o no quieren saber si están infectadas. Los jóvenes toman antirretrovirales mezclados con psicofármacos como droga. Las madres adolescentes a menudo no tienen otra opción que la prostitución como modo de supervivencia.

La mayoría de las madres amamantan inicialmente. Pero,  a muchas se les recomienda poner sal en el paladar del bebé para que este beba más. Eso e introducir las papillas a partir de los quince días de vida. (Sí, a mi también se me pusieron los pelos de punta al escucharlo). Portean los bebés a la espalda, y hay muy poca interacción con ellos. Muchos de los bebés y niños pequeños que he visto en estos días parecen serios y tristes.

Asi que, volviendo a la charla que dí sobre violencia obstétrica, fue un encuentro con diversos profesionales donde, como suele ser habitual, muchas de ellas compartieron sus propias experiencias en sus partos. Testimonios de violencia obstétrica que confirman que por desgracia en todas partes cuecen habas, es decir, en todas partes el maltrato a las mujeres en el parto es casi la norma. (Empezando por la no atención a las urgencias obstétricas de forma eficaz).

Un catedrático de obstetricia me dijo que están trabajando para erradicar el maltrato con el apoyo de White Ribbon Alliance. Me gustó ver uno de sus posters en la maternidad que visité. Este hombre también me dijo que él piensa que el VIH está demoliendo el patriarcado. Según él, cada vez hay más mujeres que deciden permanecer solteras para no contraer el VIH.

En una reunión informal con el personal de la Rape Clinic de Médicos Sin Fronteras, dedicada a atender a víctimas de abusos sexuales, contaron que les están llegando hombres jóvenes que han sido asaltados y violados por grupos de mujeres que finalmente recogen su esperma en un preservativo: por lo visto son violaciones para conseguir semen para inseminaciones de reproducción asistida. Estos hombres están muy traumatizados y expresan que no lo pueden contar porque nadie les va a creer o nadie lo va a tomar en serio.

El mundo se percibe diferente desde aquí.  Mi visita a Zimbabwe está siendo intensa, emocionante y repleta de aprendizajes. En este invierno de Harare me pregunto qué hacer, no ya con Zimbabwe si no con este mundo tan complejo, con tanta injusticia tan difícil de aceptar, con todo lo que me sobrecoge y lo privilegiada que me siento… Para mi la respuesta sigue siendo apostar por cuidar a las madres, y especialmente por cuidar su salud mental para que puedan cuidar a sus bebés. Lo que pueda, donde pueda…

 

 

 

 

Las madres muertas

Lost MothersEstados Unidos tiene la tasa de mortalidad materna más elevada de los países llamados “desarrollados”. Casi mil mujeres fallecen cada año dando a luz o por causas directamente relacionadas con el embarazo, parto y posparto. Entre otras debido a:

  • falta de atención médica y/o seguro que la cubra
  • trastornos psiquiátricos perinatales: depresión, ansiedad, suicidio, consumo de drogas y las complicaciones médicas derivadas de los mismos
  • medicalización del parto: cesáreas, inducciones, y demás intervenciones que ponen en peligro la vida de madres y bebés, en resumen: violencia obstétrica a veces con resultado fatal.

Ahora un equipo de investigadores intenta visibilizar y nombrar estas muertes, para lo que han armado una web donde esperan recoger las historias de las entre 700 y 900 madres fallecidas en 2016. Ya han recopilado las historias de unas 120. Muchas, muchísimas, eran evitables con una atención sanitaria correcta. Leer sus historias es necesario para comprender la dimensión del drama y del problema.